Reduciendo la brecha digital de los y las estudiantes de zonas remotas en Perú

Las clases pasaron a ser virtuales y, aunque algunos estudiantes pudieron seguirlas, Aracely no pudo aprender desde casa ya que no podía acceder a Internet





A finales de febrero de 2020, Aracely y otros 62 jóvenes iniciaron una pasantía en el proyecto “Cambiando Esquemas”, desarrollado por Plan International en colaboración con la empresa automovilística Hyundai. Este curso de formación profesional tiene como objetivo mejorar las competencias de mecánica automotriz de jóvenes de entre 16 y 24 años, especialmente entre las chicas, que suelen estar muy poco representadas en la industria automotriz.

Durante las primeras semanas del curso, los estudiantes siguieron la rutina habitual: clases teóricas en el aula y prácticas en el taller. Pero en marzo, cuando se anunció el estado de emergencia y la cuarentena obligatoria, se suspendieron todas las actividades de aprendizaje, obligando a miles de estudiantes a quedarse en sus casas.

Las clases pasaron a ser virtuales y, aunque algunos estudiantes pudieron seguirlas, Aracely no pudo aprender desde casa ya que no podía acceder a Internet. “Tenía miedo de perder la beca”, dice la joven estudiante.

Muchos estudiantes de educación superior de todo el país, tanto los universitarios como los de formación profesional, están en una situación similar. El 35% de los estudiantes universitarios y más del 60% de los estudiantes de institutos tecnológicos abandonarán sus estudios este año debido a la crisis económica y a la brecha digital, según la Federación Peruana de Instituciones Privadas de Educación Superior.

Mi objetivo es terminar la carrera de mecánica automotriz y seguir especializándome en este campo, y más adelante, abrir un taller con mis colegas

Con el fin de apoyar a los y las beneficiarias del programa “Cambiando Esquemas”, se adquirieron 63 tablets de Huawei con acceso a Internet para los estudiantes que ya están en su segundo trimestre de sus estudios. Gracias a estos dispositivos, podrán continuar con sus clases y recuperar el resto del semestre.

Ussiel, de 18 años, estaba emocionada por recibir su nueva tableta. “Me sentí muy aliviada y feliz porque no tenía acceso a Internet o a un ordenador, pero ahora sé que podré retomar mis clases”.

Tener acceso a Internet, también permite a los estudiantes participar en talleres virtuales sobre distintas temáticas, como la igualdad, la prevención de la violencia, la educación en materia de finanzas y la seguridad digital. Plan International está adaptando el programa de formación para que todos los estudiantes puedan seguir las clases a distancia.

El proyecto “Cambiando Esquemas” forma parte de una colaboración entre Plan International y Hyundai, y se puso en marcha en 2019 con el fin de fortalecer y mejorar sus habilidades profesionales, especializándose en mecánica automotriz. Además de la formación técnica, se incentiva a los estudiantes a elaborar planes de vida y a que se formen en diversas materias como educación financiera.

“Mi objetivo es terminar la carrera de mecánica automotriz y seguir especializándome en este campo, y más adelante, abrir un taller con mis colegas para dar la oportunidad a otros jóvenes, tal como nos la dieron a nosotros”, nos cuenta Ussiel.
 

Padrinos sin fronteras

Esta historia comienza cuando Careline tenía apenas cuatro años, vivía en Cali, Colombia, y fue apadrinada por Plan International. A través de las cartas conoció a su padrino, quien se convertiría en su ángel de la guarda y su apoyo por el resto de su vida. George es un hombre mayor, canadiense, ferviente defensor de los derechos humanos y con un corazón enorme. La relación con Careline fue constante a través de las cartas, en las que le contaba sobre su trabajo y sobre las otras tres personas que apadrinaba en otros países. Cuando Careline terminó el bachillerato le contó a su padrino que estaba muy triste porque, aunque deseaba con todo su corazón estudiar una carrera, la situación económica de su familia no era la mejor, su padre era vigilante, su madre ama de casa y tenía dos hermanos menores que ella.  Fue entonces cuando Careline, que para entonces ya tenía 17 años, recibió una comunicación de su padrino en la que le decía que quería ayudarle a cumplir sus sueños. Consciente de la situación económica de Careline, George también enviaba a la joven un dinero extra para el transporte, la alimentación y los materiales necesitase. De este modo, se forjó una relación de absoluta confianza: “yo le escribía constantemente, le contaba cómo me iba, le mandaba mis notas porque sentía ese compromiso; esa obligación de tener que aprobar todo con buenas notas”, cuenta. Gracias al apoyo de su padrino, Careline logró finalizar sus estudios de abogacía. Hoy tiene 36 años, es madre de un niño de 8 años, está casada y cuenta con una especialización en derecho administrativo. Está vinculada a la Secretaría de Cultura de la ciudad de Cali y está montando su propio negocio de asesoría jurídica. Careline siente que la oportunidad que le brindó su padrino no sólo le abrió las puertas a ella, sino a toda su familia. “Tengo dos hermanos, al abrirse la posibilidad de estudiar para mí, mis hermanos dijeron ‘nosotros también podemos’ y, con mucho esfuerzo, lo lograron. Incluso mi mamá pudo terminar su bachillerato y, más adelante, se convirtió en locutora y comunicadora”, narra muy emocionada. Hasta hace muy poco tiempo, Careline tuvo comunicación con su padrino.  Nunca tuvieron la oportunidad de conocerse en persona, pero se consolidó una relación de confianza, de cariño, de respeto y de mucho amor entre los dos. George nunca tuvo hijos biológicos, pero sí cuatro apadrinados de los que seguramente se sentirá orgulloso. A los cuatro los ayudó con sus estudios superiores y hoy, todos son abogados como

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6 meses de los huracanes Iota y Eta: ¿cuál es la situación en Guatemala?

“Como todo el mundo sabe, a finales del año pasado tuvimos lluvias torrenciales. Nuestra comunidad se inundó y muchos de nosotros lo perdimos todo: nuestras casas, todo aquello por lo que habíamos trabajado duro, las cosechas, la comida… Afortunadamente, tanto nosotros como nuestras familias estamos bien”, nos cuenta Edgar, de 16 años. Los huracanes Eta e Iota provocaron inundaciones y destruyeron comunidades enteras en Guatemala y otros países de Centroamérica, afectando a 3,5 millones de niños y niñas. En un contexto pandémico como el actual, las comunidades se enfrentan al reto de reconstruir sus vidas y adaptarse a los nuevos retos derivados de los huracanes. Nos lo cuenta Hydely, una de las niñas beneficiarias de Plan International: “Con el primer desprendimiento, nos asustamos mucho; mis padres y mis cuatro hermanos mayores tuvimos que salir corriendo de casa, no pudimos coger nada. Cuando estábamos saliendo, nos hicimos un poco de daño, tuvimos que pasar por otra casa que también se estaba cayendo, y después vi como la tierra se tragaba nuestra casa. También vimos que la casa de mis primos se estaba derrumbando y ellos no podían salir, nos sentimos muy tristes. Mis tíos murieron y mis primos se quedaron solos. Me hice mucho daño en las piernas cuando salí corriendo, pero, por suerte, estamos vivos”, relata Haydely, de 9 años. Desde el primer momento, Plan International respondió a la emergencia, proporcionando asistencia directa en algunos de los municipios más afectados. Seis meses después, hemos prestado apoyo a casi 40.000 personas de 24 municipios de Guatemala. Para ayudar a las familias más afectadas a recuperarse, hemos distribuido transferencias en efectivo a más de 6.500 familias. “Con estas ayudas, hemos podido comprar algo de maíz, frijoles y verduras para cocinar y también algo de ropa para mis hijos, porque lo perdimos todo con las inundaciones. Mis hijos todavía llevan la ropa que la gente donó tras el desastre”, dice Alfredo, de 43 años. La mayoría de familias utilizaron este dinero para comprar alimentos, medicinas, materiales de construcción, semillas y fertilizantes y para pagar deudas. Otros compraron ropa, zapatos y material escolar para sus hijos e hijas. “Plan Internacional nos ha apoyado en este momento tan doloroso. Gracias a sus charlas, estamos superando poco a poco el daño emocional que nos ha provocado todo esto; poco a poco estamos olvidando. Sobre todo, estoy agradecida por todo el apoyo que han dado a nuestros hijos e hijas. Verlos jugar y cantar felices también nos hace felices a nosotros”, explica Josefina, de 42 años. Prestamos atención psicosocial en 14 espacios amigos de la infancia que cuentan con equipos de psicólogos que trabajan con los niños, niñas y adolescentes, utilizando metodologías lúdicas y recreativas para ayudarles a superar el trauma. En el caso de las personas adultas, promovemos los cuidados, la protección, la salud, la nutrición y la recuperación emocional de los niños y niñas. En total, 3.805 personas se han beneficiado del este poyo y, de ellas, el 65% son niños, niñas y adolescentes.  “Me gusta mucho ir a los talleres de Plan International porque aprendo mucho y me hacen feliz. Mi papá también participa en las charlas sobre cómo cuidar nuestra comunidad y ahora sabe qué hacer si hay otra emergencia (…) todo gracias a Plan International”, concluye

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