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Sembrando oportunidades

Las capacitaciones que brindó el proyecto, financiado por la Unión Europea e implementado por Plan International, estuvieron dirigidas a estudiantes, docentes, padres y madres de familia, trabajando de forma conjunta en favor de la comunidad para sembrar alimentos y plantas medicinales en los huertos que construyeron en los colegios

“Los niños y niñas salen del colegio a la una y media. Hasta que lleguen caminando a sus casas, sin almorzar, son las tres o cuatro de la tarde. Eso nos motivó a hacer los huertos, además de la preocupación por los estudiantes con desnutrición” cuenta Zoila Zanango, directora de la Institución Educativa Ángela María Iglesias, ubicado en la parroquia Gualleturo, provincia de Cañar, lugar donde se implementaron los huertos y semilleros escolares del proyecto Gobernanza Alimentaria en la Región Andina (GSAN).

Las capacitaciones que brindó el proyecto, financiado por la Unión Europea e implementado por Plan International, estuvieron dirigidas a estudiantes, docentes, padres y madres de familia, trabajando de forma conjunta en favor de la comunidad para sembrar alimentos y plantas medicinales en los huertos que construyeron en los colegios. Así mismo, se dictaron cursos de alimentación saludable a las madres y padres de familia para que preparen platos más nutritivos en sus hogares.

Zoila cuenta que al inicio los padres no se sentían muy entusiasmados con la idea de los huertos y semilleros: “Si no hay producto y sólo palabras, ellos creen que se les miente pero con los talleres y reuniones del proyecto con toda la comunidad se ha fortalecido todo este proceso”. Así mismo, la idea de que el semillero produzca semillas para que sean repartidas a toda la comunidad, sin excepción, motivó para que haya mayor participación.

En la realización de los huertos y semilleros colaboraron los estudiantes de quinto a décimo grado de educación básica, siendo las alumnas y alumnos de octavo a décimo los responsables de los huertos, con asesoría con los docentes. La motivación e interés que logró despertar el proyecto en el alumnado se debe a que es replicable en casa, les llama la atención y se aprende haciendo, es así que el aprendizaje se vuelve más significativo y constructivo.

Cuando el primer huerto estuvo listo, los padres mandaban con sus hijos papas, mellocos, ocas, arroz y demás productos que no se producían, para que junto a las verduras que se siembran en los huertos se puedan realizar los almuerzos comunitarios para todo el alumnado. Las madres, que ya habían tomado los cursos de alimentación saludable, eran las encargadas de cocinar para que los estudiantes almorzaran antes de emprender el camino de vuelta a sus casas.

 “El proyecto tal vez en papeles puede terminar, pero con el trabajo de los padres de familia y los niños vamos a seguir porque este proyecto es beneficioso para todas y todos”, dice Zoila.