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"La magnitud de la violencia contra los niños, niñas y adolescentes es extremadamente grave"

Belinda Portillo, Directora de Plan International Honduras, comparte en este blog sus impresiones tras la participación en el 5to Foro de la Red Global de Religiones a favor de la Niñez en Panamá.

“La Pobreza es la peor forma de Violencia” Mahatma Gandhi“La Pobreza es la peor forma de Violencia” Mahatma Gandhi

Pasé mis años universitarios argumentando que la violencia era producto del subdesarrollo de los países  que se podía eliminar si se alcanzaba el desarrollo  económico y se lograba reducir  la pobreza, desempleo y desigualdad. Sin embargo, la realidad me dio una lección, “la paradoja del desarrollo” no necesariamente el bienestar económico reduce la violencia, sino viene acompañado de cohesión del tejido social, igualdad de oportunidades y políticas de prevención y protección integral  para niños, niñas y adolescentes”.

Hoy,  la violencia es una cruda e inexplicable realidad y sus consecuencias son claras sobre todo para los niños, niñas y adolescentes, quienes se ven no solo afectados por el maltrato físico, abuso sexual y crimen organizado; alcanzado  cifras alarmantes que no respeta fronteras, razas, géneros o edad.  Vivo en una de las regiones más violentas del mundo…Latinoamérica, aunque solo el 12% de la población mundial vivimos en esta región, el 36% de todas las muertes violentas ocurren aquí. Cuarenta y tres de las cincuenta ciudades más violentas del mundo están localizadas en nuestra región.  

La inseguridad en la que vivimos es el resultado de muchos factores, entre ellos: el tráfico de drogas y el crimen organizado; los débiles sistemas judiciales y de cumplimiento de la ley que fomentan la impunidad; la falta de oportunidades y apoyo para jóvenes que viven en comunidades desfavorecidas.

La violencia tiene un alto costo no solo por las vidas humanas que se pierden, sino también porque se dejan de invertir recursos para prevención para destinarlos a seguridad, poniendo en riesgo la trayectoria de vida de los niños, niñas y adolescentes y con la de ellos la de la sociedad en su conjunto

Esto ha despertado preocupación de todos los sectores incluida la comunidad religiosa, que podemos hacer juntos para trabajar por sociedades más  justas y equitativas donde se respeten los derechos de los niños, niñas y adolescentes. Es por esta razón que  la organización en la que trabajo, decidió apoyar y participar en el 5to Foro de la Red Global de Religiones por la Niñez “Eliminar la Violencia Contra La niñez, Comunidades de Fe en acción”, organizado por Arigatou Internacional.

A lo largo de este foro, escuchando discursos de líderes religiosos de todo el mundo pertenecientes a  diferentes denominaciones de fe,  a expertos internacionales y sobre todo escuchando las voces de aquellos que se ven impactados diariamente por la violencia, los niños, niñas y adolescentes; creo que estamos a tiempo de  reescribir la historia si logramos convertirnos en agentes de cambio e ir de la mano con los niños, niñas y adolescentes para transformar nuestras realidades por una en la que se proteja a la niñez y adolescentes, se desarrollen capacidades y se  brinden oportunidades con una mirada en la prevension. 

Una conclusión de este foro es que nunca es demasiado temprano ni demasiado tarde para que la prevención funcione. Si bien los enfoques a largo plazo de la prevención pueden comenzar antes del nacimiento y brindar beneficios en la adolescencia y en la edad adulta, programas de política eficaces con horizontes a más corto plazo también deben de estar disponibles más adelante en la vida de las personas que incluya  inversiones en programas de educación, programas de comportamiento y destrezas sociales, y esfuerzos de reducción de la pobreza y sobre todo un trabajo fuerte con las familias como núcleo  central de protección de los niños, niñas y adolescentes. En el foro se resaltó también la importancia de la coordinación efectiva  y eficiente entre todos los actores e incorporando a los niños, niñas y adolescentes como parte de la solución.

El reto para nuestras organizaciones y las comunidades de fe esta lanzado, conocemos el problema, los jóvenes nos dieron la receta, es nuestras manos esta aplicarla, tener el coraje para actuar y modelar nosotros mismos el cambio que queremos ver.

 

Belinda Portillo