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Wendy: "Sueño con un mundo diferente"

Conoce a Wendy, una joven de 16 años de Honduras quien comparte, en sus palabras, su experiencia. Wendy es una de las jóvenes que representará a Plan International durante el pre-foro del 5to Foro de la Red Global de Religiones para la niñez que tendrá lugar en mayo en Panamá.

Mi nombre es Wendy Vanessa Nóchez Reyes y deseo compartir con ustedes mi testimonio de vida.

El 16 de diciembre del año 2000, es decir hace 16 años, nací en la aldea “Maye”, en el Departamento de Intibucá; un lugar agreste, rodeado de montañas y animales silvestres. Antes de cumplir mi primer año fui patrocinada por Plan Internacional.

Mi padre es Marden Nóchez, un profesor de origen salvadoreño, y mi madre Josefa Reyes, una joven mujer campesina que con muchos sacrificios y tardíamente logró estudiar y convertirse en Perito Mercantil.

Yo era una niña muy inquieta y precoz; jugaba a ser educadora, futbolista y médica. Así comenzaron mis sueños. A los 4 años ingrese al  kindergarden. Me gustaba aprender.

Crecí viendo que en mi hogar se sucedían las reuniones de las y los campesinos lencas; hablaban de tomas de tierra, de los mártires que habían caído en sus luchas contra la injusticia.  Algo de eso se grabó en mi espíritu.  Mi padre me leía cuentos y, un día me dijo: -Pronto aprenderás a leer y no tendrás necesidad de otros para que te lean los cuentos. Me hice el propósito de aprender, de ser una esponja absorbiendo conocimientos y experiencias. Afortunadamente esa sed sigue acompañándome todavía.

La vida de mi familia transcurría en el campo; sembrábamos maíz y frijoles, limpiábamos el terreno, abríamos los surcos, sembrábamos la semillas. Al germinar, regábamos, fertilizábamos y limpiábamos constantemente para eliminar las hierbas y evitar así que se llevaran el abono. Cosechado el maíz nos tocaba trasladarlo, muchas veces quintales que trasportábamos en nuestros hombros y espaldas. Ya en casa procedíamos al desgrane, manual o por aporreo y finalmente ensilarlo para conservarlo el mayor tiempo posible. En muchas de esas actividades apoyábamos mis hermanos y yo. Era una vida dura, de aguantar el sol, el calor, los mosquitos, de aguantar hambre, de sufrir cuando las plagas o las sequías nos arrebataban las cosechas. Juraba que mi vida iba a ser diferente.

La organización campesina a la que pertenecía mi madre, la CNTC, estableció vínculos con una ONG que trabajaba en producción agropecuaria, impulsando una metodología llamada “CIALES”; me incorporé a uno de ellos, al principio acompañando a mi madre y después como asociada activa en un CIAL juvenil. Tenía apenas 7 años de edad.

Eso me marcó; me entusiasmaba recibir talleres, participar en las discusiones y poner en práctica lo aprendido. Así entré, como voluntaria, al mundo de las ONGs, a pensar en servir  en mi comunidad. Participé en varios espacios hasta que, afortunadamente, ingresé a Plan, ya que mi mamá  era voluntaria de esa organización.

Sin embargo, lo que cambió definitivamente mi vida fue participar en los Consejos Consultivos Juveniles, un espacio  apoyado por Plan Internacional que me ayudó mucho a crecer como adolescente; conocer y codearme con grandes personalidades me inspiró. Ha sido una maravillosa experiencia en ese espacio; tuve la oportunidad de asistir a una Asamblea Nacional, representando al Consejo de Intibucá y para mi sorpresa y satisfacción, fui electa Presidenta Nacional del Consejo Consultivo Juvenil de todo el país. La niña lenca de origen humilde se convertía en Presidenta de la juventud hondureña: gran honor, enorme compromiso.

También tengo el gran privilegio de pertenecer o haber pertenecido a otros espacios juveniles como: El movimiento Juvenil Revolucionario de Honduras (MOJUREH); La Plataforma Nacional Por los Derechos Sexuales y Reproductivos (DSDRH); La Comisión Municipal de la Juventud de mi municipio; La Mesa de Protección a la niñez, adolescencia y familia, Promotores Juveniles; Presidenta del Tribunal Estudiantil; La Red COIPRODEN, voluntariado en la Asociación Cristiana de Jóvenes y CIPRODED, espacio que se enfoca sobre los derechos humanos, Word Vision, etc.

Al principio de mis funciones como presidenta del consejo consultivo nacional, cada logro me parecía imposible; pero aprendí que nada de valor se obtiene sin esfuerzo y sacrificio, que caminar el sendero es mejor que llegar a la meta, que hay que luchar por las ideas en que creemos. Que los obstáculos y tropiezos debemos verlos como oportunidades, que falta mucho por hacer, porque aún hay millones de niños, niñas y jóvenes que tienen hambre y sed, que necesitan educación, salud y, sobre todo amor. En fin, he aprendido que me falta mucho por saber y hacer, porque la vida no se trata de rendirse a las tormentas, se trata de aprender a ser feliz bajo la lluvia.

En estos años junto a Plan siento que he madurado y que mis sueños no son sólo utopías, que no hay que rendirse ante el desaliento, que el camino es duro pero que tengo derecho a caminarlo, que el amor y las ternuras convertidas en solidaridad pueden transformar al mundo aunque el viento sople en sentido contrario.

Ahora soy más tolerante y solidaria; creo que la diversidad nos enriquece.  Que en este universo cabemos todos y todas, sin distingos de sexo, raza, ideologías, clases sociales o niveles académicos. He aprendido que no existe la perfección, pero sí su búsqueda, lo que nos hace mejores cada día, cada segundo que pasamos en esa búsqueda.

He aprendido que deberíamos ser humildes; que nadie es superior o inferior a nadie, que todos y todas tenemos algo que aportar, que no somos lo que tenemos, sino lo que compartimos a las y los demás. He aprendido que no sentimos, ni pensamos igual, y por tanto tenemos que respetar las diferencias y, además, que es bueno ponerse en el lugar del otro o la otra, y es que aún tengo tanto que aprender.

Sueño con un mundo diferente, más justo y humano donde quepamos todos y todas; donde no exista la marginación, etc. Quiero ser doctora en medicina, pero la situación económica de mi familia no da para estudiar una carrera tan larga y costosa; ante esto  me conformaré con cualquier otro título universitario que me sea más accesible. Sin embargo tengo aún la esperanza de que ocurra algún milagro, como conseguir una beca o sacarme la lotería o qué sé yo. También me gustaría costearme los estudios trabajando a medio tiempo, aunque eso también es cuesta arriba porque los empleadores piden experiencia laboral y, desde su perspectiva adultista nos visualizan como irresponsables, rebeldes sin causa y otras malas hierbas.

Pero a pesar de todos los problemas y dificultades… no hay duda soy una joven afortunada. No hay duda, soy una chica afortunada... Gracias Plan Internacional

 

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