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A doble riesgo: niñas y las emergencias

Lilian Cabrera, Gerente de Unidad de Programas de Piura en Plan International Perú, comparte sus reflexiones acerca de los peligros que enfrentan las niñas durante emergencias.

Durante una emergencia, la asistencia humanitaria es un derecho humano, pero debemos entender que las niñas y las mujeres tienen necesidades diferentes a sus contrapartes masculinas.

Según un estudio realizado recientemente por Plan International, las mujeres enfrentan el doble de riesgo en situaciones de emergencia tanto como con los peligros asociados a esto como con el hecho de ser mujer. Las niñas y mujeres están más expuestas que los hombres en términos de acoso, violencia y, en casos extremos, explotación y tráfico.

Durante más de un mes, Plan International en Perú ha estado respondiendo, junto a familias afectadas, a la emergencia de “El Niño Costal”, que ha causado cantidades extremas de lluvia e inundaciones. 

Con nuestra intervención, autoridades locales, líderes de comunidad, padres, niños y adolescentes están aprendiendo a estar conscientes y alertas sobres las diferentes formas de violencia que pueden surgir en situaciones similares, para que puedan ser prevenidas. 

En los refugios, donde viven las familias afectadas, las niñas suelen ser las responsables de cuidar a sus hermanos y hermanas menores, a los ancianos, o a los enfermos. Este significa que se reducen considerablemente sus oportunidades de descanso, recreación, y participación en otras actividades.

Lo más grave es cuando algunas niñas dejan de asistir a la escuela, limitando sus posibilidades de desarrollo. Como resultado, se pierde el potencial de las niñas para transformar sus propias vidas tanto como la de sus familias.

Por lo tanto, la respuesta humanitaria de Plan International tiene en cuenta este hecho. Les damos prioridad a las mujeres y a las niñas en la entrega de kits de higiene. Del mismo modo, estamos trabajando estrechamente con las niñas y sus familias para poder identificar y responder a situaciones violentas.

Aún así, todavía tenemos varios retos a enfrentar, y quizás el más grande de ellos es la recopilación de información dividida por género. Necesitamos saber cuántos niños y cuantas niñas no van a la escuela; cuántos poseen documentos de identificación y cuándo se reportan casos de violencia.

Al compilar  esta información, podemos centrar nuestra atención en las necesidades de las niñas y las mujeres jóvenes. Si queremos responder mejor a los miembros más vulnerables y discriminados de nuestra sociedad es necesario escuchar sus voces para entender sus necesidades.

 

Lilian Cabrera