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Cartas de niñas: historias que cruzan las fronteras

Para las niñas migrantes que viven en la frontera norte del Ecuador, la violencia es uno de los problemas mayores que deben enfrentar, en parte porque viven lejos de sus hogares, pero también por la simple razón de ser niña

En diciembre del 2016, Colombia terminó formalmente una guerra civil de 52 años que había resultado en la fuga de más de 7,6 millones de personas dentro y fuera de las fronteras del país. Muchos de ellos cruzaron la frontera a Ecuador, donde actualmente viven unos 260.000 refugiados colombianos que huyeron de la violencia y la guerra civil prolongada, la cual ha tomado las vidas de más de miles de personas a través de los años.

Para las niñas migrantes que viven en la frontera norte del Ecuador, la violencia es uno de los problemas mayores que deben enfrentar, en parte porque viven lejos de sus hogares, pero también por la simple razón de ser niña. Esta es una de las principales conclusiones extraídas de un proyecto denominado “Cartas de niñas: Historias que cruzan las fronteras” que fue implementado por Plan International en colaboración con Catholic Relief Services (CRS) y la Misión Scalabriniana.

Cuando los niños y las niñas llegan a Ecuador, a menudo son vulnerables, ya que son afectados no sólo por el conflicto que se ha presentado en Colombia, sino por la tensión y la violencia vivida en sus propios hogares. Hemos lanzado este proyecto como una forma de conectar con las niñas refugiadas y para poder aprender más sobre los problemas que deben enfrentan.

Alrededor de unas cien niñas participaron y se les pidió que primero reflexionaran sobre su situación, sus experiencias y expectativas de vida. Luego, escribieron cartas sobre las barreras con las cuales deben lidiar antes de pintar un autorretrato que demostrara sus deseos para el futuro.

Estas cartas fueron una forma de relevar las visiones de sus vidas. Muchas niñas declararon cómo han sufrido directamente a causa de la violencia, o tienen preocupaciones generales acerca del tema, lo cual genera miedo en ellas.

“Mi mayor sueño es hacerles entender – a los guerrilleros, los violadores, los paramilitares – todos ellos, hacerles entender lo que hacen cuando nos hacen daño, para detener la violencia. Hace mucho tiempo mi abuelo fue asesinado. No sé quiénes son los asesinos, pero ¿y si son personas que no tienen sentimientos, que no tienen familia?” dice Paola en su carta.

Muchas niñas han experimentado discriminación en sus hogares nuevos, de parte de sus vecinos, en la escuela, o hasta al acceder a servicios de salud. “La gente nos dice, por ser refugiados, que somos seres malvados y que no quieren cuidar de nosotros en los hospitales y centros de salud”, cuenta Tata.

El embarazo adolescente también es una realidad que algunas de las niñas han tenido que enfrentar. Quedar embarazada a una edad temprana a menudo significa dejar la educación y poner fin a sus esperanzas y a sus sueños. Muchas niñas también experimentan acoso, tanto de sus compañeros como en la escuela.

Las tareas domésticas son casi siempre responsabilidad de las niñas. “Llego a mi casa de la escuela para mi almuerzo y tengo que ayudar a mi madre a lavar, cocinar y barrer. Mis hermanos no tienen que hacer nada, ellos me maltratan y mi madre también me llama con nombres feos”, dice Chela

Una de las preocupaciones constantemente expresadas por las niñas es su deseo de terminar sus estudios y conseguir un buen trabajo. Sin embargo, muchos de ellas dijeron en sus cartas que, como resultado de su situación, son discriminadas en la escuela y temen no poder tomar sus exámenes.

“De niña, me sentí mal porque tuve que dejar toda mi familia, mis amigos, mi música… todo, cuando voy a la escuela, no puedo hacer amigos y los maestros tienen sus reservas”, dice Anya.

A través de las cartas también pudimos ver que el nivel de escritura y ortografía de las niñas está por debajo de la media para sus edades. Están atrasadas en sus estudios y como resultado, es probable que nunca sean capaces de ponerse al día con los otros niños de su clase. Siendo refugiadas son menos propensas a recibir especialización o enseñanza adicional para ayudarlas.

A pesar de las dificultades que enfrentan las niñas, tienen grandes esperanzas para el futuro. Se dbujan como doctoras, abogadas y maestras. Las pinturas serán expuestas en diferentes eventos en las provincias fronterizas para llamar la atención sobre la situación de las niñas migrantes en Ecuador y desafiar la manera en que las personas tratan a los refugiados.

Esta iniciativa forma parte de un proyecto más grande de cartas de las niñas. Más de 2.000 cartas han sido escritas por niñas entre 12 y 16 años en todo Ecuador. En ellas, las niñas expresan sus deseos y metas tanto como las barreras que previenen que las puedan logar. Después de escribir sus cartas, las niñas se dibujan en el futuro  en su profesión elegida. De esta manera, esperamos no sólo aumentar su autoestima, sino también animarlas a desarrollar sus propios planes de vida.