Juliana Vega, de una triple discriminación (mujer, pobre e indígena) a referente de su cultura y de los derechos de los más excluidos | Plan Spain Pasar al contenido principal

Juliana Vega, de una triple discriminación (mujer, pobre e indígena) a referente de su cultura y de los derechos de los más excluidos

9 Agosto 2013
Juliana Vega es la prueba de que un espíritu firme es capaz de romper con los prejuicios de una sociedad que siempre ha marginado a la mujer, especialmente si es indígena.

Juliana Vega es la prueba de que un espíritu firme es capaz de romper con los prejuicios de toda una sociedad.

 

09 de agosto de 2013. Juliana tiene 28 años y actualmente vive con sus padres y sus cuatro hermanos. Siempre fue considerada como la persona referente de su familia y de su comunidad, Tigua Romuchaca, en la mitad del páramo de Ecuador, a casi 4000 metros de altura y con unos niveles de pobreza que superan el 90%.

Como muchas otras niñas indígenas, a corta edad asumió varias responsabilidades, todas ellas marcadas por los estereotipos y patrones culturales machistas, como el de alimentar y proteger a sus pequeños hermanos y hermanas o cuidar la casa y a los animales. Al igual que otros jóvenes de su comunidad y entorno, tuvo que enfrentarse a muchas adversidades.

"Las chicas solo podemos intentar cumplir nuestros sueños cuando reunimos ciertos requisitos, como son el matrimonio, y cuando ya somos fuerza de trabajo". En este sentido, la adolescencia para ella ?prácticamente no existió?. ?De ser una niña pasas directamente a ser mujer y a asumir unas responsabilidades que no son propias de la edad?, añade.

Juliana logró un puesto de secretaria en su comunidad, trabajando con los líderes comunitarios. En su cultura las mujeres ocupan este tipo de puestos de trabajo, asumiendo órdenes, tomando nota de lo que los hombres deciden y sufriendo una triple discriminación (pobre, mujer, indígena). Sin embargo, Juliana logró ganarse el respeto de todos los miembros de su comunidad. En el año 2003, PLAN comenzó a trabajar en su comunidad. En seguida Juliana se convirtió en voluntaria lo que, junto a su capacidad de liderazgo, la transformó en un referente para su comunidad.

En el año 2011, Juliana recibió el Premio Mundial de Voluntariado, no solo por su trabajo como voluntaria, sino además por su esfuerzo y perseverancia en todas las actividades que ha realizado a lo largo de su vida.