Pasar al contenido principal

Las niñas perdidas de Burundi

27 Enero 2017
La guerra civil de Burundi en 2015 ha desplazado a más de 250.000 personas, muchos de ellos niños que huyeron solos hacia Tanzania o países vecinos. Plan International trabaja en tres campos de refugiados al noroeste de Tanzania para tratar de buscar una familia de acogida a los niños y jóvenes huérfanos o que fueron abandonados.

Desde que empezó la guerra civil en Burundi en el año 2015, se estima que más de 250.000 personas han huido a Tanzania y a países vecinos – muchos de los cuales eran niños que viajaban solos. Algunos han quedado huérfanos durante la guerra, mientras otros han sido separados de sus padres y familiares durante su difícil viaje para ponerse a salvo.

Plan International trabaja en tres campos de refugiados al noroeste de Tanzania para tratar de buscar una familia de acogida a los niños y jóvenes huérfanos o que fueron abandonados. Los niños no acompañados y abandonados son registrados, y las familias de acogida de emergencia son identificadas para cuidar de ellos. Sin embargo, a menudo, los adultos se acercan a la organización y solicitan formación para poder ser padres de acogida temporal

El programa de acogida resuelve una situación temporal mientras las familias viven en los campos. Pero muchos padres sienten que ellos no pueden regresar a sus vidas en Burundi sin sus niños y niñas acogidos. A largo plazo, Plan International Tanzania pretende encontrar a los padres de los niños y niñas no acompañados y reunir a las familias cuando sea posible.

Ella*, 21

“En Burundi, mis padres y mi hermano fueron asesinados en medio de los disturbios políticos.  Ahí fue cuando  decidí huir a Tanzania con mi hermana.  Estuve muy triste cuando mis padres y familiares fueron asesinados y estaba asustada. No me sentía  a salvo en Burundi; fueron tiempos dolorosos.

Esta es la tercera vez que tengo que huir de mi país y siento que no pertenezco a ningún sitio. Ahora que estoy aquí me siento a salvo. Sin embargo, cuando las chicas  tienen que ir fuera del campamento a recoger leña para hacer fuego, muchas son atacadas y secuestradas.

Participé en un programa de Plan International para jóvenes y siento que estoy empezando a construir un nuevo futuro para mí misma. Mi esperanza es que, cuando vuelva a Burundi, pueda usar las habilidades que he aprendido en la formación profesional y ganarme la vida como sastre”.

Bernice*, 12

“Hay una diferencia entre Tanzania y Burundi. Aquí puedo conseguir comida, un lugar para dormir y una familia de acogida que cuida de mí.  Me ayudan a sentirme a salvo. Quiero terminar mi educación. Ahora mismo estoy en la escuela. Si estoy todavía viviendo en el campo de refugiados cuando haya acabado la escuela, quiero trabajar para Plan International y ayudar a otros niños refugiados en los  Espacios Amigos de la Infancia”.

Nella*, 16

Burundian refugee, Nella*, 16

“Ahora mismo me siento más a salvo que cuando estaba en Burundi. Antes me costaba dormir por la noche porque no me sentía segura pero aquí puedo dormir bien. Tengo unos padres de acogida que cuidan de mí y también voy a la escuela. Eso me hace muy feliz. Ahora estoy en secundaria y solo pienso en terminar mi educación. Después de eso tengo la esperanza de conseguir un trabajo. Mi gran sueño es ser médico”.

Ineza*, 16

Burundian refugee, Ineza*, 16

“Por el momento me siento bien, sin embargo, algunas veces estoy todavía asustada. Me siento mejor ahora que tengo una familia de acogida que cuida de mí y de mi hijo. Quiero aprender a ser sastre”.

Mylène*, 16

“La vida en Tanzania es buena porque aquí hay más seguridad y podemos vivir en paz. Si termino mis estudios quiero ser médico. Ahora estoy en séptimo curso”.

Anitha*, 17

“Estar en el campo de refugiados no es la mejor vida porque no tengo a nadie, pero hay seguridad y al menos ahora duermo sin miedo. Mi aspiración de futuro ha sido moldeada por cómo he visto a la gente sufrir, así que yo estudiaré duro para llegar a ser alguien que pueda ayudar a otros refugiados”.

Larissa*, 16

“Solía ver a la gente luchar en Burundi. Ahora, aquí es diferente, sin embargo desearía encontrar cosas que necesito, productos básicos para mujeres y niñas, porque ante las necesidades algunas de mis amigas se casan para poder tener el apoyo de un hombre.

Si termino la escuela, me gustaría ser profesora. Si llego a ser profesora, trabajaré duro para conseguir que los niños tengan un buen futuro. Desearía estar en cualquier lugar del mundo donde pudiera encontrar  paz y hacer realidad mis sueños”.

Cathie*, 15

“Actualmente puedo describir la situación como normal. Tengo una ración de comida, voy a la escuela… aunque hay algunas cosas que necesito a las que no tengo acceso como por ejemplo ropa y zapatos para el colegio. Mi sueño es ser profesora para poder enseñar a otros niños porque veo que la educación es la clave. Debo aprovechar la educación que recibo en este campo de refugiados”.

Gaga*, 16

“Me siento segura porque duermo bien, me siento a salvo, sin embargo, los jóvenes necesitan más comida y no hay  agua en algunos lugares. Quiero ser abogada porque la gente en Burundi no puede defender sus derechos. En las cortes, la gente demanda justicia pero no lo consiguen. Actualmente estoy en primero de secundaria”.

Jeanine*, 16

Burundian refugee Jeanine*, 16

“La vida de las chicas jóvenes como yo no es fácil en el campo. Siento que me gustaría ayudar a otros niños después de la escuela, convirtiéndome en alguien que los proteja y así poder ver que todos los niños están a salvo”.

Aline*, 16

Burundian refugee Aline*, 16

“Ahora que estoy aquí en el campamento me siento muy segura porque estoy bajo la protección de una familia de acogida. Me tratan como su propia hija y me ayudan a conseguir cualquier cosa que pueda necesitar como por ejemplo, libros para la escuela. Actualmente estoy haciendo algunos cursos con Plan International y aprendiendo a hacer pan. En un futuro, espero poder tener mi panadería para poder ganar dinero”.

Lyse*, 17

Burundian refugee Lyse*, 17

“En Burundi temía ser asesinada. Sin embargo, en el campo me siento a salvo porque Plan International nos ayuda. Ahora no estoy asustada. Estoy en el proyecto de formación de sastrería para los jóvenes y espero poder ganarme la vida y cuidar de mí misma en el futuro con mis nuevas habilidades”.

Alida*

Burundian refugee Alida*

“Estoy muy aliviada de estar aquí y sentirme segura finalmente. He sido acogida por una familia con la ayuda de Plan International, que no sólo cuidan de mí, sino también de mi bebé de un mes de edad. Mi deseo es convertirme en una exitosa empresaria. Quiero poseer mi propia duka (una pequeña tienda). "

Audrey*, 17

Burundian refugee Audrey*, 17

 Audrey, de 17 años, tiene una muy buena relación con su madre gida– una mujer casada con cuatro hijos.  Sin embargo, ella sabe que esto llegará a su fin algún día. “Nos llevamos realmente bien y no hay problemas. Ella cocina para mí y después de clase tengo comida.  Me hace la vida más fácil en el campo de refugiados.

 

*Todos los nombres han sido cambiados para proteger las identidades.