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Productores de Cusco generan su propio desarrollo

En Cusco, un grupo de productores descubrió que al criar cuyes podrían tener grandes oportunidades de negocios. A través del proyecto GSAN implementado por Plan International, aprendieron nuevas técnicas que les permitieron criar mejores animales.

“Antes mi esposa y yo nos dedicábamos a pastear ovejitas, gastábamos más de lo que invertíamos en criarlas y a veces no teníamos ni para la comida. Un día me enfermé y me adeudé con el banco, en ese tiempo mi vida fue muy triste ya que no sabía qué hacer. Mis hijos eran los que sufrían más”, cuenta con nostalgia Bacilo Sutta Quispe de Toqra en Cusco, Perú. Él, al igual que su comunidad, pasaba momentos difíciles por la falta de oportunidades ya que su pueblo queda muy alejado de la ciudad.

Luego de su enfermedad, se le ocurrió comprar, con el poco dinero que le quedaba, canastas con pan y empezó a intercambiar pan por cuyes. Fue así que juntó un buen número de cuyes y comenzó a criarlos y venderlos.  En las comunidades andinas la crianza de cuyes es muy rudimentaria y su producción muy reducida por las deficiencias técnicas. Así mismo, no se aprovechan las características del cuy, un animal de reproducción y crecimiento rápido, además de su carne que es rica en nutrientes que combaten la anemia y la desnutrición, males presentes en Cusco.

Los esfuerzos de Bacilo para criar más y mejores cuyes fueron un ejemplo para su comunidad, que vieron en la producción de cuyes una oportunidad de negocio. Sin embargo, la falta del apoyo técnico era notable y fue allí cuando conocieron el proyecto Gobernanza Alimentaria en la Región Andina (financiado por la Unión Europea e implementado por Plan International), que los ayudaría a mejorar su calidad y cantidad de producción, además de reducir la desnutrición en sus hijas e hijos.

Ya con el proyecto trabajando en la comunidad, Bacilo es elegido presidente de la asociación de productores de cuyes, grupo que reúne a 26 familias. “Con el proyecto se pudo formar nuestra asociación Inca Cuy y esto nos ayuda a que estemos organizados. Hemos elegido nuestra junta directiva, tenemos nuestros libros de asociados, nos ayudamos entre todos y somos una sola fuerza” dice Bacilo.

Con el paso de los meses las familias productoras empezaron a mejora sus prácticas en la crianza de cuyes. Los galpones, que antes estaban en las cocinas, pasaron a espacios especiales de mayor tamaño que permitían criar más cuyes. Además, estos ya no se morían porque los productores y productoras habían aprendido a curarlos. Ahora toda la comunidad tenía cuyes más grandes y en mayor cantidad.

Hoy Bacilo se siente tranquilo y feliz porque se dedica a una actividad tradicional y porque pudo mejorar la vida de su familia y contribuir el desarrollo de su comunidad. “Gracias al apoyo del proyecto he llegado a tener más de dos mil cuyes. Ahora ya no tengo deuda con el banco, hemos mejorado la alimentación diaria de mis hijos y la de los niños y niñas que están en el colegio. La comunidad está prosperando. Atrás quedaron los tiempos de tristeza y ahora tenemos muchas esperanzas en el futuro”.