Diversificar para afrontar un clima imprevisible
En lo alto de las montañas de la provincia de Bokeo, en el norte de Laos, Morn, un padre de familia de 38 años está aprendiendo a adaptarse a un clima cada vez más errático. Como la mayoría de las familias de la zona, la suya depende de las lluvias para cultivar arroz y otros productos con los que salir adelante. Frente a esa incertidumbre creciente, Plan International y la asociación local Maeying Huamchai Phatthan acompañan a agricultores como él para diversificar sus cultivos y construir medios de vida más resistentes al cambio climático.

Morn vive con su mujer y sus padres, ya mayores, en una alta casa de madera. Sus dos hijos terminaron la secundaria y hoy trabajan en el pueblo, uno en una barbería y otro reparando motos, aportando al sustento familiar lo que pueden.
Pero en los últimos años, vivir del campo se ha vuelto mucho más incierto. A finales de 2024, una riada arrasó su arrozal de tierras bajas, destruyó una hectárea de arroz y mató a varias de sus reses. La pérdida llegó después de una sequía sufrida ese mismo año, un doble golpe que empujó a la familia a una situación muy frágil.
Ni siquiera sus parcelas de montaña, donde cultiva arroz en tres hectáreas, son ya de fiar. La degradación del suelo, los cambios en el clima y los desastres naturales frecuentes han reducido sus cosechas. La agricultura de tala y quema, muy extendida en la zona, ha contribuido además a una deforestación que desestabiliza el entorno del que dependen sus cultivos. "Depender solo del arroz es arriesgado, porque el clima es muy imprevisible", explica Morn.
El fin de la dependencia del arroz
Ante tanta incertidumbre, Morn empezó a buscar alternativas. Para superar los meses más duros, tuvo que vender dos de sus búfalos y comprar arroz. Después empezó a adquirir producto extra a sus vecinos para revenderlo con un pequeño margen, y diversificó la producción de la casa criando cerdos, aves y cabras para consumo o venta, según hiciera falta.
Las cosas empezaron a cambiar tras una visita al Centro de Aprendizaje Innovador (CILC) del distrito de Pha Oudom. Impulsado por Plan International y la asociación Maeying Huamchai Phatthan, el centro ofrece formación en medios de vida resistentes al clima. Allí, facilitadores técnicos de la comunidad le presentaron cultivos mejor adaptados al nuevo escenario, como la hierba de escoba, el ratán, las lágrimas de Job (Coix lacryma-jobi), las judías Inca y las hortalizas hidropónicas, todos con menos necesidad de aguahídrica que el arroz tradicional.
Morn decidió que la hierba de escoba y las lágrimas de Job, una planta versátil usada en joyería, alimentación y medicina tradicional, encajaban bien en sus tierras de montaña. Con una pequeña ayuda del proyecto de adaptación al cambio climático y sus propios ahorros, empezó a plantarlas.
La diversificación que cambia el futuro
A mediados de 2025, los resultados eran evidentes. Su cosecha de lágrimas de Job le reportó 500 dólares y la hierba de escoba, otros 250. Por primera vez en años, sus ingresos dejaron de depender por completo de una producción de arroz cada vez menos fiable.
El éxito le animó a seguir. Además de continuar con la compraventa, explora ahora oportunidades más allá del campo, como hacer crecer su pequeño negocio de productos agrícolas. También planifica para los suyos. Quiere comprar un terreno en el pueblo donde montar una barbería y un taller de reparación de motos para sus hijos, además de un pequeño puesto en el que sus padres puedan vender productos básicos.
Con el apoyo de su comunidad, de las organizaciones socias y del proyecto de adaptación climática, Morn está construyendo, poco a poco, un medio de vida más resistente, capaz de aguantar mejor las incertidumbres de un clima que ya no es el que era. "Voy a seguir cultivando lágrimas de Job, flores de hierba de escoba y otros productos para venderlos en los mercados locales y regionales", concluye.
Plan International