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El acoso callejero es una forma de violencia tan habitual que una de cada cinco jóvenes que lo sufren lo han normalizado y, además, la sociedad asiste impasible cuando ocurre: el 90% de las jóvenes que han sido acosadas en la calle aseguran que no recibieron ningún tipo de ayuda de quienes estaban presentes, según el informe Safer Cities for Girls.

Nuestra experiencia nos ha demostrado que las niñas y las jóvenes se ven especialmente afectadas durante las emergencias sanitarias.

Nuestra experiencia nos ha demostrado que las niñas y las jóvenes se ven especialmente afectadas durante las emergencias sanitarias.

Padrinos sin fronteras

Esta historia comienza cuando Careline tenía apenas cuatro años, vivía en Cali, Colombia, y fue apadrinada por Plan International. A través de las cartas conoció a su padrino, quien se convertiría en su ángel de la guarda y su apoyo por el resto de su vida. George es un hombre mayor, canadiense, ferviente defensor de los derechos humanos y con un corazón enorme. La relación con Careline fue constante a través de las cartas, en las que le contaba sobre su trabajo y sobre las otras tres personas que apadrinaba en otros países. Cuando Careline terminó el bachillerato le contó a su padrino que estaba muy triste porque, aunque deseaba con todo su corazón estudiar una carrera, la situación económica de su familia no era la mejor, su padre era vigilante, su madre ama de casa y tenía dos hermanos menores que ella.  Fue entonces cuando Careline, que para entonces ya tenía 17 años, recibió una comunicación de su padrino en la que le decía que quería ayudarle a cumplir sus sueños. Consciente de la situación económica de Careline, George también enviaba a la joven un dinero extra para el transporte, la alimentación y los materiales necesitase. De este modo, se forjó una relación de absoluta confianza: “yo le escribía constantemente, le contaba cómo me iba, le mandaba mis notas porque sentía ese compromiso; esa obligación de tener que aprobar todo con buenas notas”, cuenta. Gracias al apoyo de su padrino, Careline logró finalizar sus estudios de abogacía. Hoy tiene 36 años, es madre de un niño de 8 años, está casada y cuenta con una especialización en derecho administrativo. Está vinculada a la Secretaría de Cultura de la ciudad de Cali y está montando su propio negocio de asesoría jurídica. Careline siente que la oportunidad que le brindó su padrino no sólo le abrió las puertas a ella, sino a toda su familia. “Tengo dos hermanos, al abrirse la posibilidad de estudiar para mí, mis hermanos dijeron ‘nosotros también podemos’ y, con mucho esfuerzo, lo lograron. Incluso mi mamá pudo terminar su bachillerato y, más adelante, se convirtió en locutora y comunicadora”, narra muy emocionada. Hasta hace muy poco tiempo, Careline tuvo comunicación con su padrino.  Nunca tuvieron la oportunidad de conocerse en persona, pero se consolidó una relación de confianza, de cariño, de respeto y de mucho amor entre los dos. George nunca tuvo hijos biológicos, pero sí cuatro apadrinados de los que seguramente se sentirá orgulloso. A los cuatro los ayudó con sus estudios superiores y hoy, todos son abogados como

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6 meses de los huracanes Iota y Eta: ¿cuál es la situación en Guatemala?

“Como todo el mundo sabe, a finales del año pasado tuvimos lluvias torrenciales. Nuestra comunidad se inundó y muchos de nosotros lo perdimos todo: nuestras casas, todo aquello por lo que habíamos trabajado duro, las cosechas, la comida… Afortunadamente, tanto nosotros como nuestras familias estamos bien”, nos cuenta Edgar, de 16 años. Los huracanes Eta e Iota provocaron inundaciones y destruyeron comunidades enteras en Guatemala y otros países de Centroamérica, afectando a 3,5 millones de niños y niñas. En un contexto pandémico como el actual, las comunidades se enfrentan al reto de reconstruir sus vidas y adaptarse a los nuevos retos derivados de los huracanes. Nos lo cuenta Hydely, una de las niñas beneficiarias de Plan International: “Con el primer desprendimiento, nos asustamos mucho; mis padres y mis cuatro hermanos mayores tuvimos que salir corriendo de casa, no pudimos coger nada. Cuando estábamos saliendo, nos hicimos un poco de daño, tuvimos que pasar por otra casa que también se estaba cayendo, y después vi como la tierra se tragaba nuestra casa. También vimos que la casa de mis primos se estaba derrumbando y ellos no podían salir, nos sentimos muy tristes. Mis tíos murieron y mis primos se quedaron solos. Me hice mucho daño en las piernas cuando salí corriendo, pero, por suerte, estamos vivos”, relata Haydely, de 9 años. Desde el primer momento, Plan International respondió a la emergencia, proporcionando asistencia directa en algunos de los municipios más afectados. Seis meses después, hemos prestado apoyo a casi 40.000 personas de 24 municipios de Guatemala. Para ayudar a las familias más afectadas a recuperarse, hemos distribuido transferencias en efectivo a más de 6.500 familias. “Con estas ayudas, hemos podido comprar algo de maíz, frijoles y verduras para cocinar y también algo de ropa para mis hijos, porque lo perdimos todo con las inundaciones. Mis hijos todavía llevan la ropa que la gente donó tras el desastre”, dice Alfredo, de 43 años. La mayoría de familias utilizaron este dinero para comprar alimentos, medicinas, materiales de construcción, semillas y fertilizantes y para pagar deudas. Otros compraron ropa, zapatos y material escolar para sus hijos e hijas. “Plan Internacional nos ha apoyado en este momento tan doloroso. Gracias a sus charlas, estamos superando poco a poco el daño emocional que nos ha provocado todo esto; poco a poco estamos olvidando. Sobre todo, estoy agradecida por todo el apoyo que han dado a nuestros hijos e hijas. Verlos jugar y cantar felices también nos hace felices a nosotros”, explica Josefina, de 42 años. Prestamos atención psicosocial en 14 espacios amigos de la infancia que cuentan con equipos de psicólogos que trabajan con los niños, niñas y adolescentes, utilizando metodologías lúdicas y recreativas para ayudarles a superar el trauma. En el caso de las personas adultas, promovemos los cuidados, la protección, la salud, la nutrición y la recuperación emocional de los niños y niñas. En total, 3.805 personas se han beneficiado del este poyo y, de ellas, el 65% son niños, niñas y adolescentes.  “Me gusta mucho ir a los talleres de Plan International porque aprendo mucho y me hacen feliz. Mi papá también participa en las charlas sobre cómo cuidar nuestra comunidad y ahora sabe qué hacer si hay otra emergencia (…) todo gracias a Plan International”, concluye

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La educación de las niñas, clave para erradicar el matrimonio infantil

Jim fue obligada por su madre a abandonar la escuela, pero, gracias a los esfuerzos e insistencia de sus profesores y al trabajo de Plan International, la joven pudo continuar con sus estudios. Nuestra organización promueve la educación de las niñas en Laos sensibilizando sobre las consecuencias negativas del matrimonio infantil sobre la vida de las niñas. Jim, de 18 años, tiene un sueño. Quiere ser chef y montar su propia panadería en Vientiane, capital de Laos. Todavía está estudiando en su pequeña aldea rural al norte de Laos, pero, aunque le queda un largo camino por recorrer para alcanzar su sueño, cree que es posible. No siempre ha sido así. Hasta hace poco, Jim corría el riesgo de seguir los mismos pasos que muchas adolescentes en Laos. “Mi abuela enfermó y necesitaba que alguien la cuidara, así que mi madre me dijo que tenía que dejar la escuela”, cuenta Jim. Nadie más podía encargarse de cuidar a la abuela: su padre trabaja en una plantación de plataneras, su hermano mayor en una plantación de sandías, su hermana mayor ya está casada y su hermana menor sigue estudiando. En Laos, sobre todo en las regiones rurales, las niñas tienen muchas más probabilidades que los niños de dejar los estudios. Una de las razones principales es el matrimonio infantil, que sigue siendo una práctica común en Laos, donde, además, las tasas de embarazos adolescentes son de las más elevadas del sudeste asiático. Además de las tradiciones y las normas culturales, el cambio climático también está afectando a las niñas especialmente: las sequías han empeorado las cosechas y, ahora, los padres quieren que los niños, y especialmente las niñas, se queden en casa cuidando los cultivos. Hemos creado clubes juveniles para que los y las jóvenes hablen de sus derechos y de la importancia de la educación, de las consecuencias negativas del matrimonio infantil y de la igualdad. En los clubes, los y las alumnas también aprenden cocina, canto, teatro, actuación y otras artes y habilidades para la vida y practican

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Construimos escuelas en Sierra Leona para que los niños y niñas no tengan que caminar largos kilómetros para estudiar

Solo una de cada cinco comunidades en Sierra Leona cuenta con una escuela. Esto significa que la mayoría de niños y niñas tienen que recorrer largos trayectos, la mayoría de las veces a pie, para ir a clase en alguna de las las ciudades vecinas. Como la agricultura es la principal fuente de ingresos de la mayoría de las familias de comunidades rurales, muchas veces la educación deja de ser una prioridad y, en su lugar, se anima a los niños y niñas a que trabajen en el campo. En una pequeña comunidad del distrito de Port Loko, el líder e imán de la mezquita local, Pa Saidu Kanu, decidió que los niños y niñas de su comunidad se merecían un futuro mejor, y empezó a construir, junto con el apoyo de personas voluntarias, una escuela utilizando materiales locales como palos, cuerdas y hojas de palma. La escuela, de estructura sencilla, cuenta con diferentes aulas divididas por paredes construidas con tablas y palos. Gracias a los esfuerzos de los voluntarios, en 2016 se abrió la primera escuela de la comunidad. Tenía cinco profesores, pagados de forma comunitaria, y estaba destinada a niños y niñas menores de 10 años.  Aunque el simple hecho de abrirla fuera un éxito, la escuela enfrentaba muchos problemas que impedían que creciera: falta de mobiliario, de aseos y de materiales escolares. Lamentablemente, la escuela tuvo que cerrar porque no cumplía con la normativa del Ministerio de Educación. En los meses siguientes al cierre, el edificio se derrumbó durante una fuerte tormenta que también arrasó cientos de propiedades en la zona. Tras esta catástrofe, la comunidad acudió a nuestra organización para que les ofreciéramos ayuda para construir, de nuevo, una escuela. Rápidamente, desde Plan International aceptamos colaborar y pusimos en marcha la construcción de una nueva escuela infantil, con una infraestructura moderna, cuyas obras comenzaron en julio de 2019 y terminaron en noviembre de 2020.  Ahora los niños y niñas de esta pequeña comunidad, tienen acceso a una educación inclusiva, segura de calidad. El número de alumnos y alumnas matriculados aumenta cada día. La escuela tiene tres aulas, un despacho para el director y aseos, y está totalmente equipada con mobiliario y otros materiales didácticos. “El objetivo del proyecto es proporcionar acceso a las niñas y niños de la comunidad a una educación inclusiva, equitativa y de calidad, así como al desarrollo de la primera infancia, para que estén mejor preparados para integrarse cuando accedan a la educación primaria”, explica Umu Kpange, director de la oficina de Plan International en Port

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El 90% de las jóvenes que sufren acoso callejero no reciben ayuda por parte de los testigos

El acoso callejero es una forma de violencia tan habitual que una de cada cinco jóvenes que lo sufren lo han normalizado y, además, la sociedad asiste impasible cuando ocurre: el 90% de las jóvenes que han sido acosadas en la calle aseguran que no recibieron ningún tipo de ayuda de quienes estaban presentes, según el informe Safer Cities for Girls. Casi 8 de cada 10 jóvenes de Madrid, Sevilla y Barcelona han sufrido acoso callejero, según el estudio, elaborado a partir de 879 experiencias de jóvenes de entre 15 y 25 años de las tres ciudades españolas. Cuando sufren acoso, solo un 3% de las chicas lo comunica a las autoridades o fuerzas de seguridad, y la experiencia se suele quedar en conversaciones con familiares o amistades. Estas son algunas de las conclusiones principales de la investigación, que se ha desarrollado en el marco del proyecto Safer Cities for Girls, financiado por la Comisión Europea, a partir de las 3.000 experiencias registradas a través de una web activa en Madrid, Barcelona, Sevilla, Bruselas, Amberes y Charleroi. A través de esta plataforma, las propias jóvenes podían marcar en el mapa de su ciudad un punto que les había parecido seguro o inseguro, los motivos y dar otros detalles sobre su experiencia, como, por ejemplo, si recibieron ayuda o no. Mecanismos de protección de las jóvenes Las jóvenes, generalmente, recurren a estrategias individuales para autoprotegerse y aumentar su sensación de seguridad, que pueden ir desde buscar compañía para no tener que recorrer solas los trayectos hasta modificar sus rutas, vestirse de manera distinta o escuchar música para aislarse de los comentarios, entre otras. El uso que realizan las chicas de los teléfonos móviles es especialmente significativo: fingen que hablan con otra persona, comparten su ubicación en tiempo real, avisan de que han llegado y, a veces, fotografían a los acosadores. “En un 66% de los casos, señalan que son acosadas por ser mujeres. Se trata de una discriminación por razón de género que tiene un impacto real en la vida de las jóvenes, porque no se sienten libres ni seguras, y, sin embargo, la legislación española no recoge el acoso callejero. Desde Plan International solicitamos que se incluya en la normativa para poder prevenir, detectar, denunciar, sancionar y erradicar esta violencia”, subraya Begoña Solórzano, directora de Programas Locales de Plan International. Las jóvenes indican que, aunque los movimientos y el uso de los espacios públicos ha sido menor debido al confinamiento, durante la pandemia el acoso callejero se ha trasladado a las redes sociales, una herramienta ampliamente utilizada por las jóvenes tanto para seguir las clases virtuales, como para mantener el contacto social o para entretenerse. “Ya me extrañaba que no hubiese salido el tema del acoso online en este debate, porque en la pandemia ha aumentado (…) yo he recibido fotos que no he pedido ver”. El 77% de las situaciones de acoso callejero que sufren las chicas en estas ciudades no implican contacto físico y abarcan desde miradas, silbidos, persecuciones, comentarios e insinuaciones, entre otras. Sevilla es la ciudad donde se viven más situaciones de acoso sin contacto físico, con un 81%; seguido de Madrid (79%) y Barcelona (71%). De media, un 9% de los casos de acoso callejero en las tres capitales llega al contacto físico, con diferencias entre las ciudades: 15% en Barcelona; 8% en Sevilla y 7% en Madrid. En la mayoría de los casos, las jóvenes son acosadas por un hombre que está solo (59%), aunque las situaciones en las que las chicas son acosadas por un grupo de hombres también son habituales y suceden un 34% de las veces. Además, una media del 12% de las jóvenes indican que quienes las acosaron se encontraban bajo los efectos del alcohol y/u otras drogas. El 43% de las experiencias de acoso que viven las jóvenes en las tres ciudades tienen lugar en la calle. Los parques y zonas ajardinadas amplias, también se mencionan como lugares donde las chicas se sienten inseguras; igual que las estaciones de transporte. En general, los factores que hacen que las jóvenes perciban más inseguridad están relacionados con que sean lugares poco transitados, se encuentren en vías secundarias o estén lejos de espacios de referencia como su casa o su colegio. Por el contrario, las jóvenes perciben que los espacios son seguros cuando son “lugares concurridos” (26%); tienen “infraestructuras adecuadas” (26%) o existe “presencia policial o vigilancia” (24%). Respecto a las franjas horarias, el 54% de los casos de acoso callejero ocurren con mayor frecuencia en horas nocturnas o de madrugada. No obstante, la sensación de inseguridad está extendida entre muchas jóvenes y un 20% señala que son acosadas “en cualquier momento”: en Sevilla un 25% de las experiencias de acoso han sucedido a cualquier hora del día, en Madrid un 19% y en Barcelona un 12%. “Un hombre se estaba masturbando mientras nos miraba a mi amiga de 15 años y a mí”. A la hora de elegir cómo moverse por las noches, las jóvenes tampoco lo hacen libremente: tienden a evitar los transportes públicos y algunas optan, si pueden, por hacerlo en taxi: “Yo por la noche cojo un taxi o pregunto si alguien tiene coche entre mis amigos para no volver sola, o bus…”, relata una joven de Sevilla entrevistada para el informe. Recomendaciones para construir ciudades seguras Plan International lleva desde 2018 trabajando para para que las autoridades adopten medidas con el fin de generar ciudades inclusivas en las que las niñas y las jóvenes se sientan libres y seguras. En este sentido, la organización recomienda: Legislar para prevenir, detectar, denunciar sancionar y erradicar el acoso callejero, impartiendo formación y otorgando recursos a las fuerzas y cuerpos de seguridad para actuar ante las denuncias. Mejorar la planificación urbana mediante la adopción de un enfoque de género en el diseño y planificación urbana, incluyendo las necesidades específicas de las niñas, adolescentes y jóvenes. Apostar por una educación inclusiva, de calidad y en igualdad, tanto formal como informal, para erradicar los estereotipos de género y como herramienta de prevención de todas las formas de violencia de género, incluido el acoso callejero. Aumentar los recursos de atención para jóvenes que han sufrido acoso en los espacios públicos, e incluir estos servicios psicosociales en todos los ámbitos, teniendo en cuenta que el acoso callejero se produce en cualquier espacio. Fomentar la participación de las y los jóvenes en el diseño de ciudades más seguras, para tener en cuenta sus experiencias, demandas y necesidades. Sensibilizar a la sociedad y difundir las iniciativas municipales en materia de prevención y atención del acoso callejero, a través de campañas en plataformas relevantes y accesibles. Reforzar las medidas de seguridad, con un enfoque de prevención, especialmente en los espacios considerados más inseguros. Incorporar una visión amplia del acoso como una forma de violencia por razón de género y de control de la participación de las niñas y adolescentes en el espacio público, que también puede trasladarse al espacio online. En los próximos días, las jóvenes participantes en el proyecto harán entrega de los informes a los Ayuntamientos de las tres ciudades y compartirán estas recomendaciones con los responsables de las áreas de gobierno implicadas.

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1 de cada 3 de chicas venezolanas refugiadas en países limítrofes ha abandonado los estudios

El 44%, asegura que se ha ido a la cama con hambre y ha tenido que recurrir a pedir limosna o comida que se había tirado, según el informe “Niñas Venezolanas: Voces de la migración. Estudio en Colombia, Ecuador y Perú” El 28% de las adolescentes refugiadas venezolanas ha dejado de estudiar por la falta de “documentos necesarios” (20%); porque “no hay cupo” (20%); porque “tiene un hijo/a” (15%) o como consecuencia de la pandemia (13%), alerta Plan International, organización humanitaria que trabaja por los derechos de la infancia y la igualdad de las niñas. Con motivo del Día Mundial de las Personas Refugiadas, la organización presenta el informe “Niñas Venezolanas: Voces de la migración. Estudio en Colombia, Ecuador y Perú”, que revela, además, que casi nueve de cada diez niñas refugiadas venezolanas (un 84%) se han preocupado en alguna ocasión por la falta de comida, y casi la mitad, el 44%, señala que se ha ido a la cama con hambre y ha tenido que recurrir a pedir limosna o comida que se había tirado. La investigación, que recoge los testimonios de 452 niñas y adolescentes de entre 10 y 19 años, forma parte de la serie de investigaciones globales “Girls in Crisis” que Plan International lleva realizando desde el estallido de la pandemia para contribuir a garantizar los derechos de las niñas y adolescentes durante la pandemia. El informe también desvela que el 52% se ha preocupado “a veces” porque en su casa no había suficiente comida en el último mes; y el 32% “rara vez”. Algunas de las niñas y adolescentes entrevistadas cuentan que se han visto obligadas a adoptar estrategias “de emergencia” como pedir ayuda o donación de comida en lugares de acopio. “A veces tengo que acostarme sin comer [a causa de la pandemia]” La pandemia ha aumentado los miedos y barreras a las que se enfrentan las niñas y adolescentes refugiadas, y el 43% de las encuestadas reporta que el aislamiento por la Covid-19 ha agudizado su sensación de inseguridad. Todos estos obstáculos afectan tanto la calidad de la educación que reciben, como la posibilidad de que finalicen sus estudios y accedan a un empleo mejor. “Es necesario que todas las partes implicadas trabajen unidas para proteger los derechos de las niñas y adolescentes migrantes, garantizando su acceso a una educación completa, es decir, gratis, inclusiva y de calidad, tal y como marca la Agenda 2030”, señala Concha López, directora general de Plan International. “La primera vez que fui a clase, me llamaron ‘veneca’, [una forma despectiva de referirse a las personas migrantes venezolanas] se burlaban de mí y me decían que era una muerta de hambre“, cuenta una adolescente de 15 años, que ahora vive en el municipio de Soledad, Colombia. Trabajo de Plan International El éxodo venezolano constituye la mayor crisis de desplazamiento de la historia moderna de América Latina. Desde 2015, se calcula que unos 5,6 millones de venezolanos/as han dejado sus hogares, y más de 4,6 millones permanecen en la región. Me iba a dedicar a estudiar, pero (…) el arriendo, la comida. Mi mamá no puede sola (…) Tengo que dejar los estudios para ayudar a mi hermana, igual que a mi mamá” Para dar respuesta a esta crisis, Plan International, presente en Colombia, Ecuador y Perú, puso en marcha un plan regional de respuesta para garantizar que todos los niños, y especialmente niñas y adolescentes, estén protegidas ante cualquier forma de violencia. Plan International, en coordinación con socios locales, distribuye alimentos, kits de higiene y ofrece alojamiento a los niños, niñas y sus familias para que tengan cubiertas sus necesidades básicas más urgentes. Además, ha puesto en marcha “Espacios Amigos de la Infancia” para que los niños y niñas que viven en refugios temporales para migrantes, tengan un lugar en el que estar mientras sus padres, madres o cuidadores/as pasan el proceso migratorio. Allí, además, pueden desarrollar actividades recreativas y socializar con otros niños y niñas. A través de sus programas, la organización ha ofrecido asistencia a unas 385.000 personas, de los cuales, el 35% son niños, niñas y adolescentes, promoviendo la protección de la infancia, el acceso a una educación inclusiva y de calidad, así como el empoderamiento de la juventud. Plan International aboga en todo el mundo por el desarrollo de programas que permitan el desarrollo de habilidades y oportunidades para el empleo y el emprendimiento a chicas jóvenes y adolescentes así como competencias

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Plan International aborda en la Comisión FEMM del Parlamento Europeo el impacto de la pandemia en la vida de las niñas y adolescentes

Concha López, directora general de Plan International, ha comparecido hoy ante la Comisión FEMM del Parlamento Europeo para abordar las barreras a las que se enfrentan las niñas, jóvenes y mujeres en situación de pobreza tras el impacto de la Covid-19. En la Comisión, presidida por Evelyn Regner,  también han intervenido Jolanta Reingarde, jefa de equipo de investigación y estadística en el Instituto Europeo de la Igualdad de Género; Olivier De Schutter, relator Especial de las Naciones Unidas sobre la extrema pobreza y los derechos humanos; y Freek Spinnewijn, director de la Federación Europea de Organizaciones Nacionales que Trabajan con las Personas sin Hogar (FEANTSA). La directora general de Plan International ha explicado cómo la pandemia ha agudizado las desigualdades de género y ha trastocado diferentes ámbitos de las vidas de las niñas y adolescentes, especialmente de aquellas que viven en los contextos más vulnerables. Los efectos de la pandemia están teniendo consecuencias tanto en su entorno, como en su salud mental, su bienestar y seguridad, así como su derecho a la educación. Según los datos de los informes “Vidas Interrumpidas”, cuyo objetivo es aportar datos cuantitativos y cualitativos que revelan la magnitud del impacto de la crisis en las niñas, las adolescentes y las jóvenes; el 88% de chicas entrevistadas por Plan International aseguran haber experimentado ansiedad e, incluso, depresión. El informe también revela que la educación es el área de su vida más afectada por la crisis. Según el 62% de las entrevistadas, la “peor” consecuencia de la pandemia es no haber podido ir a la escuela o la Universidad. . Además, el 20% de las chicas temen verse obligadas a abandonar temporalmente sus estudios, mientras que un 7% declara que probablemente no podrán volver nunca. En España, desde hace un año, desarrollamos el programa #QueNadieSeQuedeFuera, ofreciendo a jóvenes apoyo psicológico durante y después del confinamiento, cubriendo sus necesidades materiales y apoyándolas en su itinerario formativo con herramientas digitales. Hasta hoy hemos llegado a apoyar a 1863 jóvenes, alcanzando un total de 6700 beneficiarios indirectos. Otro ejemplo es el apoyo que estamos dando, en el marco de un programa sostenido por fondos ECHO, a niñas, niños, adolescentes y mujeres jóvenes en el campo Azraq en Jordania. Allí trabajamos para mitigar el impacto de la pandemia en sus vidas, en particular para prevenir, proteger, y sensibilizar sobre la de violencia de género. Asimismo, apostamos por la formación en habilidades y oportunidades de empleo y emprendimiento. Con proyectos como el proyecto europeo “Women4IT” en el que participamos con otros 8 países, desarrollamos las competencias digitales de las jóvenes en riesgo de exclusión del mercado laboral, mejorando su empleabilidad y disminuyendo la brecha digital de género. Desde Plan International hemos solicitado al Parlamento Europeo que: los gobiernos de todo el mundo garanticen el acceso a una educación completa; se proteja y capacite a las familias frente a la pérdida de ingresos; se aumenten y potencien los servicios de salud mental; se amplíen los servicios de protección social con perspectiva de género y edad; se garantice la distribución de las vacunas de manera equitativa entre los países y beneficiando igualmente a las niñas y

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Plan International solicita al G7 que aumente la inversión para proteger a las niñas más afectadas por la pandemia

En un momento en el que el mundo se enfrenta a importantes retrocesos en torno a la educación de las niñas y adolescentes, es destacable que los líderes del G7 quieran destinar 2.750 millones de dólares a la Asociación Mundial por la Educación (GPE, por sus siglas en inglés), tal y como recoge la reciente Declaración de Carbis Bay, aprobada el pasado domingo 13 de junio, pero esta cifra no alcanza los 3.500 millones de dólares solicitados por Plan International y otras organizaciones de la sociedad civil. “Las consecuencias de la pandemia sobre los derechos de las niñas, y especialmente sobre su derecho a la educación, son alarmantes. No es el momento de mantener el statu quo ni de limitar los presupuestos. Para garantizar que los compromisos se ajustan a la realidad, los líderes del G7 deben abordar el déficit de financiación de la educación, estimado en 200.000 millones de dólares al año”, subraya Yona Nestel, responsable de Educación Inclusiva y de Calidad de Plan International. “Desde Plan International, consideramos que es necesario aumentar la financiación para alcanzar el objetivo de 5.000 millones de dólares (4,12 millones de euros) para el correcto funcionamiento de la Asociación Mundial por la Educación. Por tanto hacemos un llamamiento a los líderes del G7 y a otros países donantes para que aumenten sus esfuerzos y resuelvan esta situación. En el futuro, nos gustaría que los líderes del G7 rindan cuentas de los compromisos que adoptan, incluidas a las propias niñas”. Declaración sobre la Educación de las Niñas En mayo, el gobierno del Reino Unido aprobó la “Declaración sobre la Educación de las Niñas: recuperarse de la Covid-19 y desbloquear la Agenda 2030”. La Declaración, apoyada por el Plan de Acción para la Educación de las Niñas, establece los siguientes compromisos: 40 millones más de niñas escolarizadas para 2026 en los países de renta baja y media-baja; 20 millones más de niñas capaces de leer a los 10 años o al finalizar la escuela primaria en los países de renta baja y media-baja para 2026. La Declaración -aprobada por todos los líderes del G7- reconoce el impacto de la pandemia en los sistemas educativos y establece compromisos políticos para que las niñas desarrollen todo su potencial y sean ellas mismas quienes lideren el cambio, también en cuestiones como el cambio climático. El documento apuesta porque los sistemas educativos sean más inclusivos y resilientes para hacer frente a los efectos del cambio climático y otras crisis futuras. Todo ello, va en la misma línea que las peticiones y trabajo de Plan International a favor de una educación que promueva la igualdad de género y la justicia climática. En el documento también se menciona la necesidad de abordar la violencia de género y la violencia sexual, así como el acceso a una educación sexual integral; todas ellas cuestiones que las organizaciones y activistas por los derechos de las niñas vienen plateando y priorizando desde hace tiempo. Plan International celebra esta declaración, así como el plan de acción ya que considera que suponen un gran avance para abordar el impacto devastador que la pandemia está teniendo sobre los derechos de las niñas y adolescentes. En este sentido, la organización espera que se garantice que las niñas de todo el mundo puedan acceder a una educación inclusiva y con perspectiva de género. Sin embargo, considera que, sin un presupuesto ambicioso, tanto la declaración como el plan de acción corren el riesgo incumplir las promesas de proteger a las niñas más vulnerables del mundo en un momento en que sus necesidades son mayores que

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