El aula donde Yulieth estudió es ahora el lugar donde duerme
Yulieth, de 18 años, descansaba en su habitación cuando el terremoto de magnitud 7,4 que golpeó el Chocó, en Colombia, comenzó a sacudir su casa. En apenas unos segundos, el temblor dejó de ser leve. La sacudida se volvió violenta y su hermana menor tiró de ella hacia la puerta. Agarradas la una a la otra, vieron cómo su casa empezaba a venirse abajo a su alrededor.
"El terremoto fue fuerte, demasiado fuerte", cuenta Yulieth. "Hubo muchos daños, y a mí también me ha afectado psicológicamente. Necesitamos mucho apoyo; fue simplemente demasiado fuerte".
Vista desde fuera, su casa engaña. La estructura sigue parcialmente en pie, pero por dentro los daños son tan graves que entrar es un riesgo. Hoy una enorme "X" pintada en la fachada lo deja claro, la vivienda es inhabitable. "Nuestra casa se derrumbó. Desde afuera no se nota tanto, pero el daño está adentro. Ya no podemos vivir en nuestra casa; nos dijeron que teníamos que irnos de inmediato, porque si tocas la pared, simplemente se cae", narra.
Cuatro familias bajo un mismo techo
Sin ningún otro sitio adonde ir, Yulieth y su familia duermen ahora en una escuela que Plan International construyó en 2004 y que el desastre ha convertido en refugio temporal. El espacio lo comparten cuatro familias, diez personas en total, que cada noche recogen y ordenan sus pertenencias antes de acostarse. De día buscan zonas que consideran más seguras y esperan a que alguien les diga cuándo podrán volver a casa.
La vida en el aula está lejos de ser sencilla. El acceso a servicios de higiene y saneamiento es escaso y nadie sabe cuánto se prolongará la situación. A eso se suma la huella emocional del terremoto. El miedo a las réplicas, las noches sin dormir y la pérdida de los lugares que antes daban seguridad pesan sobre niños, niñas, adolescentes y adultos por igual. "Ni siquiera puedes expresar con palabras lo que sientes, por el miedo a que vuelva a ocurrir otro temblor", afirma Yulieth.

Unos estudios en pausa y un futuro que sigue en el aire
El seísmo también ha frenado en seco la vida académica de Yulieth, que estudia administración de empresas en una universidad del Chocó. Los daños en las instalaciones obligaron a suspender las clases presenciales y a trasladarlas a internet.
"Por el terremoto ya se utiliza la universidad; allí todo quedó destrozado. Mi edificio quedó en ruinas, las escaleras sufrieron daños. Por ahora, las clases son en línea. No estoy realmente preparada para eso debido a los problemas de internet y después de todo lo que pasó".
En la zona afectada, Plan International está respondiendo a la emergencia con el foco puesto en la infancia, juventud y sus familias. Ya se han repartido kits de asistencia alimentaria y el trabajo continúa para llegar a más hogares golpeados por el terremoto. Para Yulieth, además, no es un apoyo nuevo. Participa en los proyectos comunitarios de la organización desde que tenía doce años, y ese acompañamiento sigue ahora, en uno de los momentos más difíciles.
Su casa está dañada y sus estudios, en pausa, pero Yulieth no ha perdido de vista lo importante. Mira hacia adelante con la determinación de superar este golpe y seguir persiguiendo sus metas.
Plan International