El matrimonio infantil interrumpió su vida a los 13

Artículo Jul 27 / 2026

 

Cuando era pequeña, Mbalu* miraba los aviones cruzar el cielo y soñaba que algún día ella también volaría. Pero ese sueño duró poco. Con solo 13 años, su familia la obligó a casarse a cambio de 25 vacas.

La idea de volar quedó sustituida de golpe por responsabilidades para las que nadie la había preparado. Sin ninguna información sobre su cuerpo ni sobre sus derechos, su infancia terminó antes de tiempo. Hoy, gracias a los programas de salud sexual y reproductiva de Plan International, está aprendiendo lo que nunca le enseñaron y usa ese conocimiento para proteger el futuro de sus hijos.

 

 

“Mi sueño era pilotar aviones, pero nunca me dieron la oportunidad de ir a la escuela", cuenta. "Ninguno de mis siete hermanos fue al colegio. Los niños salían a pastorear los animales mientras las niñas nos quedábamos en casa esperando a casarnos".

En su familia, la infancia de las niñas terminaba pronto. Aunque quisieran aprender, la educación jamás se planteó como una posibilidad. "Veíamos a otras niñas caminar hacia la escuela y siempre parecían muy felices. Pero no había nada que pudiéramos hacer. No recuerdo que nadie me preguntara nunca qué quería yo", explica.

Y es que la historia de Mbalu no es una excepción. En Tanzania, el 22 % de las adolescentes de entre 15 y 19 años ya ha empezado a tener hijos, y se registran 112 nacimientos por cada 1.000mil chicas de esa edad. Quienes tienen menos acceso a la educación son también las que corren mayor riesgo de un embarazo temprano. En lugares como el pueblo de Mbalu, esas cifras no son abstractas, sino que marcan el día a día y el futuro de las niñas.

 

Lo que no supo a tiempo

A los 13 años, Mbalu pasó por los ritos tradicionales que conducen al matrimonio, conocidos localmente como 'chagulaga', una costumbre sukuma que significa 'elige entre nosotras'. Su marido tenía 17 y tampoco había continuado con sus estudios. Empezaron su vida en común en un recinto familiar compartido junto a otras mujeres jóvenes que también habían sido madres y esposas siendo todavía niñas.

Hoy, con 17 años, Mbalu ya tiene dos hijas. La mayor tiene tres años y la pequeña, año y medio. Hace poco, en una revisión médica, descubrió que estaba embarazada de nuevo. "No sé qué decir. El tiempo ha pasado rápido y lento a la vez", confiesa.

 

Crecer sin conocer su propio cuerpo

Como muchas niñas obligadas a casarse, Mbalu nunca recibió educación sexo afectiva, solo rumores poco fiables. Confiaba en el 'mhege', una creencia tradicional según la cual atarse pequeños palos alrededor de la cintura evitaba el embarazo. "Decían que un palo equivalía a un año sin embarazo. Yo me puse cinco, esperando que me protegieran. Y, aun así, aquí estoy, embarazada otra vez. No conocía nada más", explica.

En 2023, Plan International y sus organizaciones socias pusieron en marcha en la región de Katavi el proyecto de Salud y Derechos de las Adolescentes (VUMA).

El programa trabaja con adolescentes y mujeres jóvenes para que puedan acceder a información sobre salud y derechos sexuales y reproductivos, conocer los servicios sanitarios disponibles y tomar decisiones informadas sobre sus vidas.

Durante una visita a la comunidad de Mbalu, una agente de salud comunitaria descubrió que varias esposas jóvenes vivían juntas en el mismo recinto y decidió visitarlas. "El recibimiento fue duro, me dijeron que traía problemas y me pidieron que me fuera", recuerda. Pero siguió visitándolas con paciencia y, con el tiempo, empezó a ganarse su confianza.

Su experiencia refleja lo que está ocurriendo en varias zonas de Karnali, donde la mejora de las infraestructuras, la educación y el trabajo con las comunidades están empezando a desmontar tabúes que llevaban décadas en pie. "Estoy orgullosa de que mi voz y mis acciones estén ayudando a crear un entorno más seguro y saludable para las niñas y las mujeres", añade. "He aprendido que, con información, apoyo y valor, la gente joven como yo puede marcar la diferencia".

 

 

Más de un año después, Mbalu y las demás mujeres acudieron juntas a la clínica por primera vez. Allí pudieron compartir abiertamente sus experiencias y dudas. "Me hizo tan feliz verlas ese día", cuenta la agente de salud. "Les expliqué todo sobre sus cuerpos. Temía que fuera demasiada información de golpe, pero escucharon con mucha atención".

 

Romper el ciclo para proteger a la siguiente generación

Con tiempo e información, decidieron empezar a usar métodos anticonceptivos modernos. Pero antes de que Mbalu pudiera hacerlo, quedó embarazada de nuevo. "Lloré mucho. Por fin había entendido mi cuerpo y mis opciones, pero ya era tarde".

Aun así, siguió acudiendo a las sesiones de la clínica, donde aprendió sobre el espaciamiento entre embarazos, los servicios de salud reproductiva y planificación familiar. Su confianza fue creciendo. Después de varias conversaciones, sus suegros aceptaron que empezara a aprender a leer y escribir en un programa comunitario de alfabetización para personas adultas.

Hoy, Mbalu practica la lectura en casa y comparte lo que ha aprendido sobre salud y sobre su propio cuerpo con otras mujeres jóvenes de su comunidad. "Yo ya no puedo ser piloto, pero mis hijos todavía pueden volar. Pueden soñar con ser médicos, maestros o lo que quieran. Ahora tienen una madre que los protege".

 

*Nombre ficticio para proteger su identidad.