Falmata regresa a las aulas después de 3 años sin poder estudiar
Faltar unos días al colegio suele recuperarse con clases de refuerzo o algo de lectura extra. Pero cuando una niña pasa años fuera de la escuela, el desfase es mucho más difícil de salvar, porque afecta no solo a lo que sabe, sino también a su confianza y a su capacidad de volver al aula. Falmata estuvo más de tres años sin poder estudiar. Frente a realidades como la suya, Plan International trabaja en el noreste de Nigeria para que niños y niñas que han perdido años de estudios puedan recuperarlos.
En el estado de Borno, años de conflicto e inestabilidad han golpeado la educación de muchos niños y niñas, dejando a algunos fuera de la escuela durante largos periodos. Para menores como Falmata, volver a aprender no era simplemente cuestión de matricularse en un aula convencional. Después de años alejada, necesitaba un itinerario que reconociera todo lo perdido y la ayudara a reconstruir desde el punto en el que estaba.
Ibrahim Mohammed Kareto, secretario de Educación del área de Mobbar, recuerda la magnitud del reto: "La zona tiene un alto número de niños y niñas sin escolarizar, y conseguir que vuelvan a clase era un desafío enorme. Muchos llevaban varios años fuera de la escuela, y algunos padres no entendían del todo la importancia de la educación", explica.
Para Falmata, ese camino de regreso pasó por un Programa de Educación Básica Acelerada (ABEP), que permite a la infancia sin escolarizar recuperar los años de estudios que ha perdido.
Volver a sentirse parte de la clase
Después de tanto tiempo fuera, entrar de nuevo en un aula podría haberla hecho sentirse fuera de lugar. En cambio, una de las primeras cosas que notó fue que aprendía junto a otros niños y niñas de una edad muy parecida a la suya.
"Cuando me uní a la clase, me sorprendió ver a otros niños y niñas de mi edad. Me sentí bien acogida y me adapté rápido. La escuela era acogedora y los profesores me animaban a participar. Ya no me sentía avergonzada por volver al colegio después de tantos años fuera", cuenta Falmata.
Esa sensación de pertenencia fue clave. El ABEP le dio la oportunidad de reconstruir los aprendizajes básicos a un ritmo más adecuado. Con el aliento de sus profesores y rodeada de adolescentes con experiencias parecidas, fue ganando confianza. Su profesora, Aisha Mustapha, recuerda el cambio. "Cuando llegó era tímida y no se sentía cómoda. Pero al ver a otros niños y niñas de su edad jugar y participar en las lecciones, se relajó enseguida y empezó a sentirse a gusto".
Recuperar el tiempo y seguir adelante
Para Falmata, el ABEP se convirtió en un puente entre los añossin escolarizar y el sistema escolar formal. Poco a poco recuperó los aprendizajes perdidos y ganó seguridad en el aula. Tras completar el programa acelerado y ponerse al día, dio el salto a una escuela de primaria, donde hoy continúa su educación en segundo curso.
El secretario de Educación considera que su progreso refleja los cambios de toda la zona. "El ABEP ha sido un gran éxito. Hemos visto un cambio y un avance enormes en la vida de muchos niños y niñas. Falmata es un buen ejemplo. Ahora ha pasado a la educación formal y sigue aprendiendo", afirma.
El programa también ayudó a derribar barreras prácticas que dificultan asistir a clase. Falmata recibió una mochila, cuadernos, zapatos y una botella de agua. "Gracias a los libros, las mochilas y los zapatos que nos dieron, ahora me gusta llegar pronto al colegio y aprendo bien con el material que tengo. ¡Mira mi mochila!", exclama con entusiasmo.
Su experiencia refleja lo importantes que son las oportunidades de aprendizaje flexible para la infancia afectada por el conflicto y por interrupciones prolongadas. Cuando se han perdido años de estudios, volver a aprender exige mucho más que reabrir un aula. Los niños y niñas necesitan un acompañamiento que reconozca dónde están y les ofrezca un camino realista hacia adelante.
Este trabajo forma parte de una intervención de Educación en Emergencias financiada por ECHO y desarrollada por Plan International para acompañar a la infancia sin escolarizar y a los niños de más edad afectados por el conflicto y el desplazamiento en el noreste de Nigeria. A través del proyecto, 5.871 niños y niñas del estado de Borno han podido reengancharse al aprendizaje en un entorno seguro e inclusivo.
Plan International