Juwita sueña con ser médica y su padre la acompaña en cada paso

Artículo Oct 26 / 2026

 

Juwita tiene 16 años, vive en la provincia de Nusa Tenggara Oriental, en Indonesia, y quiere ser médica. “Siendo médica, creo que puedo ayudar a muchas personas”, dice. Para alcanzar esa meta sabe que hay un camino innegociable, la escuela.

 

“Mucha gente dice que las niñas no deberían ir a la escuela, que al final acabarán siendo de sus maridos y terminarán en la cocina. Mi padre piensa distinto. Él dice que las niñas también tienen que ir a la escuela para que su vida y su futuro sean mejores”. 

 

En una provincia donde las expectativas sobre el papel de las niñas todavía limitan muchas veces sus oportunidades, Plan International trabaja para que adolescentes como ella puedan seguir estudiando y decidir sobre su futuro.

 

Juwita, de 16 años, y su padre, su mayor apoyo para seguir estudiando y perseguir su sueño de ser médica, en Indonesia © Plan International

 

Antes de que amanezca sobre las colinas de la provincia, Juwita ya se prepara para otro día de clase. Como cualquier adolescente, se preocupa por los exámenes, se ríe con sus amigas y piensa en su futuro. Pero llegar al aula no siempre es sencillo. Hay días que su padre arranca la moto y la lleva a la escuela. Pero otros días, cuando el trabajo o las circunstancias se lo impiden, Juwita debe afrontar un trayecto que desanimaría a muchas personas. Camina tres horas para llegar a clase. Y, a pesar de la distancia, casi nunca falta.

La educación es algo que su padre nunca pudo disfrutar. Conductor de mototaxi, creció sin ir a la escuela. Pero su propia experiencia no ha hecho más que reforzar su determinación de que sus hijas tengan las oportunidades que él no pudo tener.

 

“Quiero mucho a mi escuela. Aquí tengo buenas amigas y profesoras como la señora Julieta, que me motiva y me inspira. Si queremos un futuro exitoso, pero no vamos a la escuela, no sabremos qué tenemos que hacer”, narra Juwita.

 

El programa que le dio voz

Para Juwita, la escuela es un camino hacia la independencia, la confianza y la capacidad de elegir. Esa sensación de que otro futuro era posible se hizo más fuerte cuando se unió a MAPAN, un programa juvenil cuyo nombre significa “Elegir el futuro”. Al principio apenas sabía de qué iba. “Simplemente probé a apuntarme”, recuerda. “Resultó que allí podíamos aprender sobre igualdad de género, confianza en una misma y lo que necesitamos hacer para alcanzar nuestros sueños”.

Las sesiones animan a chicas y chicos a hablar de temas que muchas veces cuesta abordar abiertamente, como las relaciones sanas, el liderazgo y las presiones que pueden alejar a los jóvenes de su educación. En algunas zonas de Indonesia, el matrimonio infantil y el abandono escolar siguen afectando cada año a miles de niñas, lo que hace de estas conversaciones especialmente importantes.

El programa le dio la confianza para alzar la voz. Empezó a asumir responsabilidades y acabó siendo delegada de su clase. Más tarde se sumó a un panel asesor juvenil, donde comparte sus opiniones y ayuda a dar forma a los programas pensados para jóvenes. La alumna tímida que al principio solo asistía a las sesiones terminó ayudando a otras a encontrar también su voz.

 

Juwita en clase en Nusa Tenggara Oriental (Indonesia). Pese a caminar a veces tres horas para llegar © Plan International

 

Un padre detrás de cada paso

Detrás de su sueño está su padre, cuya fe en ella se ha convertido en una fuente constante de fuerza. “El apoyo de mi padre significa muchísimo para mí”, dice Juwita. “Es muy, muy valioso, porque con su apoyo me siento motivada para esforzarme más y alcanzar mis metas”.

Ese apoyo va más allá de llevarla en moto o ayudarla con las necesidades prácticas. Es la convicción de que su hija merece las mismas oportunidades que cualquier otra persona, al margen de lo que dicte la tradición. “Cuando Juwita vuelve de la escuela, descansa o duerme”, cuenta su padre. “Cuando se despierta, ya he hecho yo todas las tareas de la casa”.

Esa confianza ha ayudado a Juwita a imaginar un futuro que va mucho más allá de los límites que otros podrían ponerle. La ha sostenido en las largas caminatas hasta la escuela, la ha animado a asumir responsabilidades de liderazgo y le ha dado seguridad para aspirar a una profesión dedicada a ayudar a los demás. Cada mañana, cuando la moto se pierde carretera abajo, o cuando echa a andar cuando no hay más remedio, Juwita lleva consigo mucho más que libros. Lleva la imagen del futuro que quiere construir. Y con cada paso hacia la escuela, se acerca un poco más a convertirse en la médica que sueña ser.