Kiara, Melany y Daniela montan su empresa social en un Ecuador con pocas oportunidades
En los barrios periféricos de Guayaquil, una de las ciudades más pobladas y con más actividad económica de Ecuador, las oportunidades para las mujeres jóvenes suelen ser escasas. Acceder a un empleo formal es difícil y los entornos inseguros complican todavía más que muchas puedan imaginar un futuro estable. Frente a esa realidad, los programas de liderazgo juvenil de Plan International acompañan a adolescentes desde que eran niñas, dándoles herramientas para tomar la palabra, liderar y construir sus propios proyectos.

Kiara, de 22 años, Melany, de 24, y Daniela, de 22, vivían esas dificultades a diario. Como muchas otras jóvenes de su ciudad, crecieron sin tener claro qué les deparaba el mañana. "Éramos chicas tímidas que no veían mucha esperanza en su futuro", recuerda Daniela.
Hoy, las tres son cofundadoras de una empresa que combina la generación de ingresos con una misión social muy clara. Su camino hacia el emprendimiento no fue repentino, sino que se fue fraguando a lo largo de años de participación en programas de liderazgo juvenil de Plan International en Ecuador.
Las tres se sumaron a las formaciones con alrededor de ocho años, desarrollando poco a poco sus habilidades y su confianza. Describen aquellos espacios como decisivos, los que les dieron las herramientas para expresarse, tomar la iniciativa y trabajar en equipo. "Siento que todo lo que hemos vivido desde niñas ha tenido un impacto directo en nosotras, inspirándonos a seguir trabajando en el sector social", cuenta Daniela.
Con los años, esa formación empezó a traducirse en experiencia práctica. Aprendieron a dinamizar talleres, a diseñar metodologías y a acompañar procesos comunitarios. Con el tiempo, empezaron a vislumbrar un futuro más allá de su participación individual, el de crear algo propio.
El salto de la formación al emprendimiento
Llegó un momento en que todo lo aprendido pedía dar un paso más. "Empezamos a organizar talleres para formarnos y desarrollar ideas. Después nos enseñaron a constituir legalmente la empresa", explica Kiara. El resultado fue una empresa social liderada por mujeres jóvenes y anclada en los valores que habían mamado desde niñas.
Su iniciativa está formada por diez integrantes y ofrece servicios profesionales con un enfoque sensible al género y con políticas de protección. Además, implica a jóvenes de comunidades cercanas, permitiéndoles generar ingresos de forma legal y segura. "Es fundamental que todos los miembros estén implicados", señala Kiara.
El camino no ha sido sencillo. Las emprendedoras reconocen que siguen formándose sobre lo que hace falta para sostener y hacer crecer un negocio. "Poco a poco hemos ido buscando y aprendiendo para poder asumir más proyectos, entender de contabilidad y otras cosas para salir adelante", afirma Melany.

Cuando el impacto va más allá de las cifras
Hasta ahora, la empresa ha completado seis proyectos, cada uno de hasta tres meses de duración. Son cifras modestas, pero su huella va mucho más allá del calendario de cada encargo. Para Melany, uno de los resultados más valiosos es ver a otras chicas ganar confianza a partir de su ejemplo. "Todavía hoy hay chicas que se acercan a preguntarme cómo me va porque se han inspirado en nosotras. Ver eso ha sido precioso", cuenta.
Daniela añade que muchas de las personas implicadas en la empresa vienen de zonas afectadas por la violencia, donde las oportunidades son escasas. Para ellas, el trabajo ofrece mucho más que un ingreso puntual. "La empresa social es una oportunidad que cambia la vida. Es una manera de generar ingresos y de apoyar a nuestras familias. Siento que su impacto es enorme, es nuestro futuro", afirma.
Hoy, Kiara, Melany y Daniela describen su iniciativa como una base sólida sobre la que crecer. Además de estudiar, desarrollan proyectos financieros y de estilo de vida que las sostienen a ellas y también a otras personas jóvenes de su entorno. "La empresa social tiene mucho potencial para seguir creciendo y creando empleo", dice Daniela. "Nuestra visión es crecer con más socias y una gama más amplia de productos".
Para estas tres jóvenes, que un día dudaron de lo que les deparaba el futuro, su empresa social es la prueba de que el liderazgo, la formación y la constancia pueden abrir caminos nuevos, incluso allí donde las oportunidades escasean.
Plan International