Kokila desafía los tabúes sobre la menstruación para que las niñas sigan yendo a la escuela en Nepal
Cada mes, durante varios días, Kokila tenía que dormir en una pequeña choza destartalada y sin puerta. La rodeaban los insectos y lo único que la separaba de los animales salvajes era un poco de hierba bloqueando la entrada. Era su realidad cada vez que le venía la regla.
Como muchas adolescentes en Nepal, vivía sometida a una práctica que obliga a las mujeres a dormir fuera de casa durante la menstruación. Frente a esa realidad, Plan International trabaja para desmontar los tabúes que aíslan a niñas y mujeres y para que ninguna tenga que faltar a la escuela por tener el periodo.

“Sentía que no me dejaban vivir mi propia vida”
Las restricciones no terminaban al amanecer. De día, a Kokila se le permitía estar dentro de casa, pero la cocina quedaba prohibida. Tampoco podía sentarse con su familia y ciertos alimentos y bebidas, como la leche, estaban vetados. Le decían que, si tocaba el ganado o los cultivos durante la regla, morirían. "Sentía que no me dejaban vivir mi propia vida", cuenta.
En la escuela tampoco encontraba tregua. Si la regla le venía en clase, la mandaban a casa de inmediato, lo que la obligaba a faltar unos cuatro días importantes de colegio cada mes. "Me sentía pequeña, como si fuera inferior", recuerda. "Era como si hubiera hecho algo malo, pero no había nada que pudiera hacer al respecto".
La formación que le cambió la vida
En lugar de resignarse, Kokila decidió que las cosas tenían que cambiar, convencida de que las niñas de su comunidad merecían respeto también durante la regla. A través de un curso de formación impulsado por Plan International aprendió que la menstruación no es una maldición ni una amenaza, sino un proceso sano y natural. Allí entendió cómo funciona su cuerpo y cómo cuidarse mejor durante el periodo.
Su entusiasmo en las sesiones no pasó desapercibido y pronto le propusieron impartir ella misma charlas sobre menstruación. No lo dudó. Estaba decidida a que ninguna niña volviera a ser obligada a dormir fuera de casa. Empezó a organizar sesiones y debates en distintos pueblos de su región, hablando con niñas, madres, padres, docentes y también con los chicos, para explicarles que no hay por qué avergonzarse de la regla y que lo importante es cuidarse bien.
Insistía en la importancia de usar productos de higiene adecuados y de comer de forma nutritiva. Y, sobre todo, hablaba de la necesidad de perder el miedo a nombrar la menstruación. "Les decía a las niñas que pueden decir sin más que están con la regla", cuenta con determinación. "Pueden pedir compresas. Ya no tienen que esconderse".
Cuando toda una comunidad cambia
Poco a poco, las normas de su comunidad empezaron a moverse. Las niñas dejaron de dormir fuera, pudieron comer y tocar lo que quisieran, acudir al templo en las ceremonias religiosas y vivir sin miedo. Hoy hay padres que compran productos de higiene, docentes que escuchan a su alumnado y escuelas con baños separados y con instalaciones adecuadas para las chicas que están menstruando. Y ellas ya no son enviadas a casa, sino que pueden continuar su educación.
"Fue difícil cambiar las cosas", reconoce Kokila, "pero ahora es como si nos hubieran quitado un peso de encima. Las niñas pueden volver a vivir. Pueden reír, estudiar y hacer realidad sus sueños. Estoy increíblemente orgullosa de haber contribuido a esto".
Su labor forma parte de un programa que Plan International puso en marcha a comienzos de 2024 en Raskot, en el oeste de Nepal, para que las niñas puedan seguir yendo a clase durante la regla. Hasta ahora se han construido baños en cinco escuelas, con más de 2000 estudiantes beneficiados, y se ha renovado el suministro de agua en otras diez. Además, niñas y niños han aprendido a fabricar compresas reutilizables y a entender mejor la menstruación, en buena parte gracias a referentes como Kokila.
Plan International