Las niñas de Baidoa, en primera línea de la crisis climática en Somalia

Artículo Sep 01 / 2026

 

En Baidoa, Somalia, el cambio climático no es una amenaza lejana. Se nota cada día en los refugios inundados, en los bidones de agua vacíos, en las clases que se pierden y en los peligrosos trayectos para buscar comida y agua. Está en el origen mismo de los cientos de enormes campos para desplazados climáticos que pueblan la zona. Para las niñas que viven allí, la crisis climática alimenta un círculo de dificultades que va mucho más allá del daño ambiental, porque afecta a su seguridad, su salud, su educación y su futuro. Frente a esa realidad, Plan International trabaja junto a organizaciones locales para acompañar y proteger a la infancia y juventud. 

 

Refugios improvisados en el campamento de desplazados internos de Baidoa. © Plan International

 

Cientos de miles de personas se reparten en más de 600 asentamientos en Baidoa tras haber huido de las zonas rurales después de que las sequías, las inundaciones repentinas y el desplome de la agricultura y la ganadería las dejaran sin apenas opciones. Llegan esperando encontrar seguridad, pero se topan con campos superpoblados donde el acceso al agua, la sanidad y la educación sigue siendo muy limitado.

Aisha, de 16 años, ha vivido los efectos del cambio climático de varias formas. Tras desplazarse junto a su familia, tuvo que afrontar primero unas inundaciones devastadoras y más tarde una sequía severa. Vive con su madre y sus seis hermanos, y recuerda bien las últimas lluvias intensas. "Nuestro refugio tenía goteras por todas partes. No podíamos dormir porque todo se mojaba por dentro, incluida la ropa y los libros".

Las inundaciones dañaron los refugios y anegaron los caminos. Moverse por el campo se volvió muy difícil y acceder a atención médica, todo un reto. Y surgieron riesgos añadidos para las niñas. "Las chicas teníamos miedo de ir a los baños por la noche, porque el campo estaba oscuro y lleno de barro", recuerda Aisha.

 

Ahora el problema es la sequía

La crisis ha cambiado de forma, pero no ha desaparecido. En los campos, las familias apenas pueden costear lo más básico, sobre todo comida y agua, y el peso recae especialmente sobre las mujeres y las niñas.

Munira, de 18 años, lo vive cada día. Conseguir agua se ha convertido en una tarea agotadora y cara. "La sequía es lo que más nos ha afectado, porque no podemos permitirnos lo básico", explica. "Aunque caminemos largas distancias para traerla, no conseguimos agua limpia. Y comprarla es demasiado caro para nosotros".

Para muchas familias, cubrir lo esencial requiere decisiones difíciles. Niñas y niños dejan la escuela para ayudar en casa, la atención médica se vuelve inasumible y hasta las compresas se sacrifican para poder gastar en comida. Hibo, de 15 años, ha visto de cerca las consecuencias sanitarias de esa escasez. "La sequía nos ha afectado mucho. No hay agua potable, y uno de mis hermanos enfermó de fiebre tifoidea por beber agua en mal estado", narra.

 

Munira, de 18 años, vive en un campamento de desplazados internos en Baidoa © READO /Plan International

 

Riesgos que van más allá del clima

La crisis climática también dispara los riesgos de protección para las niñas, más expuestas al acoso, la explotación y el matrimonio infantil. Los largos trayectos para recoger agua las ponen en peligro, y la falta de iluminación e infraestructuras seguras hace que no se sientan a salvo ni en los propios campos.

Munira cuenta que las niñas pasan horas caminando para encontrar agua. "Ha habido casos de niñas acosadas e incluso violadas por el camino", afirma. "A veces se las casa contra su voluntad a cambio de dinero para alimentar a la familia".

Por su parte, Hibo describe miedos parecidos al caer la noche. "Al anochecer tenemos más miedo, por el acoso y porque hay menos intimidad. Por la noche, por la falta de luz, vamos al baño en grupo".

Pese a todo, las niñas de Baidoa encuentran formas de apoyarse y de mantener la esperanza. Entre vecinos comparten comida con aquellos que no tienen nada y las mujeres y niñas se organizan para acompañarse a por agua y leña. Muchas encuentran además apoyo en los Centros de Primera Respuesta creados por Plan International junto con su socio local READO, que ofrecen atención psicosocial, actividades de desarrollo de habilidades para la vida y oportunidades para seguir aprendiendo.

 

Aisha, de 16 años, Munira, de 18, y Hibo, de 15, caminan juntas por el campamento de desplazados internos de Baidoa. © READO

 

Para Hibo, el centro es mucho más que un servicio. Le ofrece amistad y una sensación de normalidad. "Me gusta estar ahí, y también he hecho amigas. Cuando las niñas tienen un lugar seguro al que ir y pueden seguir estudiando, se sienten más esperanzadas con el futuro".

Mientras los golpes fenómenos climáticos extremos siguen provocando desplazamientos por toda Somalia, niñas como Aisha, Munira y Hibo reclaman soluciones concretas, refugios más resistentes, agua potable, mejor iluminación, servicios de protección y educación. Sus historias demuestran que el cambio climático no es solo una crisis ambiental. En Baidoa moldea cada aspecto de la vida diaria, en especial la de unas niñas decididas a seguir aprendiendo y a construirse un futuro pese a todo.