Los jóvenes luchan contra el cambio climático creando sus propios negocios

Artículo Jul 21 / 2026

 

Kampala, la capital de Uganda, vive el cambio climático en primera persona. En sus asentamientos informales, las inundaciones repentinas se repiten en cada temporada de lluvias: arrasan casas precarias y dificultan aún más algo que ya era complicado, encontrar un trabajo estable siendo joven.  Frente a esa realidad, Plan International impulsa la iniciativa Youth Climate Action Accelerator (YCAA) desde comienzos de 2024, que acompaña a 32 organizaciones juveniles de la ciudad en la transformación de los problemas de sus barrios en soluciones prácticas y en fuentes de ingresos. 

 

 

 

Samuel es uno de esos jóvenes. Como muchas personas de su comunidad, se movía entre empleos temporales y mal pagados, sin ninguna estabilidad. Todo empezó a cambiar cuando decidió, junto a otros compañeros, montar el Echo Youth Development Group, un colectivo con el que querían mejorar su vida y su entorno al mismo tiempo. "Antes del proyecto, la mayoría luchábamos con el desempleo y la incertidumbre", narra. "Pero con las nuevas habilidades, la tutoría y el apoyo agrícola que recibimos, ahora podemos cultivar comida, generar ingresos e incluso formar a otras personas".

En la actualidad, su grupo gestiona una iniciativa de agricultura urbana y cultiva alimentos en una zona densamente poblada donde el acceso a productos frescos y asequibles siempre había estado limitado. Lo que empezó siendo un pequeño esfuerzo se ha convertido en una fuente estable de ingresos, no solo para ellos sino también para las personas a las que forman. Hileras de verduras, tierra fertilizada con compost y una sensación creciente de que otro futuro es posible.

 

La agricultura urbana en Uganda como herramienta de emancipación

Al otro lado de la ciudad, Brenda cuenta una historia parecida. Como mujer joven se enfrentó a barreras añadidas, con pocas oportunidades a mano, dependencia económica y muy poco margen para desarrollar sus propias ideas. "Las oportunidades eran muy limitadas para mí, pero a través del proyecto adquirí habilidades en agricultura urbana, gestión empresarial y a llevar cuentas, lo que ha cambiado por completo mi confianza en el futuro", explica.

Brenda hoy no se define solo como agrónoma, sino como una mujer con capacidad para decidir sobre su propia vida. Con lo que gana ayuda a su familia y toma parte en decisiones que antes ni se planteaba. El cambio, dice, no ha sido solo económico, también ha sido profundamente personal.

 

Jóvenes unidos por su barrio frente al cambio climático

Samuel y Brenda forman parte de un número creciente de jóvenes que están respondiendo a los retos de sus barrios con proyectos muy diversos. Algunos apuestan por la agricultura urbana. Otros por el reciclaje y la recogida de residuos, en zonas donde la gestión ineficaz de la basura lleva años contribuyendo a las inundaciones y a los problemas de salud. Y otros ponen en marcha pequeñas empresas que transforman residuos orgánicos en combustible o fertilizante. Son iniciativas modestas en tamaño, pero muy ancladas en la realidad de cada día y diseñadas por quienes conocen los problemas de cerca.

Detrás de todas ellas está el modelo participativo del YCAA, que arranca con talleres impartidos por especialistas en presupuestos, planificación empresarial y diseño sostenible, y culmina con microdonaciones de entre 1000 y 5000 dólares para proyectos de seis a nueve meses. La iniciativa se concentra en los asentamientos más expuestos a los riesgos climáticos y vincula la acción ambiental con la generación de ingresos y el desarrollo de habilidades entre las personas jóvenes. El resultado se nota también fuera de los balances. Muchas personas, antes desempleadas o con trabajos precarios, están levantando pequeños negocios que generan ingresos mientras mejoran sus comunidades.

Para Brenda, su impacto no se mide solo en ganancias, sino en cómo la ha transformado. Habla de ponerse delante de otras personas para compartir lo que ha aprendido, algo que antes ni se planteaba. Para Samuel, es la capacidad de mirar hacia adelante con más certeza, sabiendo que su trabajo sirve a su comunidad y también a lo que quiere para sí mismo. Historias como las suyas, de jóvenes líderes contra la crisis climática, son posibles gracias a nuestros socios y donantes.