Mayra aprendió a mirar a las lluvias con otros ojos

Artículo Jul 27 / 2026

 

En Manabí, en la costa de Ecuador, la lluvia ha dejado de ser solo agua: ahora también es una señal de alarma que hay que aprender a leer. Con ese objetivo, Plan International trabaja con familias como la de Mayra, de 32 años, que vive con su marido, su madre y sus dos hijas en una zona rural de la provincia. Como tantas otras familias allí, su día a día depende del campo: la cosecha del cacao, la recolección de naranjas y el trabajo de machete. Sin embargo, cada vez más, depende del cielo. Las lluvias, que antes eran solo un alivio frente al calor, se han vuelto más intensas, más largas e imprevisibles. Arrasan cultivos, incomunican caminos y ponen en riesgo casas construidas con lo justo. Aprender a leerlas, a saber cuándo esconden un peligro y cómo prepararse antes de que ocurra, es lo que Plan International está trabajando con familias como la de Mayra en toda la provincia.

 

 

"Cuando llegan las lluvias, nos afecta a todos los que vivimos aquí", explica. "Los arroyos se desbordan, todo se convierte en barro y no podemos salir". Su marido es jornalero en las fincas de cacao. "Si no puede atravesar el río, ese día no hay trabajo", cuenta. Y sin trabajo, no hay ingresos, con lo que la preocupación se instala en casa. Paradójicamente, el agua potable también se vuelve más difícil de conseguir cuantdo más llueve. La familia se abastece de un manantial más arriba, con mangueras que llevan el agua a casa por gravedad, pero las lluvias fuertes arrastran o taponan las conexiones y les dejan sin agua en el peor momento.

 

La madrugada que Mayra recuerda con miedo

El año pasado, las lluvias fueron mucho más que un contratiempo estacional. Un aguacero se prolongó durante horas, saturó la tierra y elevó el nivel del agua alrededor de la casa. Al principio, la crecida parecía manejable. Después, empezó a entrar a su hogar. "La lluvia fue tan fuerte que el agua empezó a entrar", recuerda Mayra. "Al principio era solo un poco, pero luego llegaba casi hasta media casa".

Dentro había cinco personas mientras el nivel subía. Las paredes, ya humedecidas, empezaron a ceder. El miedo, dice, iba más allá de perder las cosas. "Era un miedo que no se puede explicar. Nunca nos había pasado nada parecido. Mis hijas preguntaban si el agua iba a parar. Intentas ser fuerte, pero por dentro sientes que puedes perderlo todo".

Cuando el agua bajó, la casa ya no era segura. La familia decidió reconstruirla en terreno más alto y, poco a poco, fue levantando una vivienda más resistente que aún está por terminar. Su experiencia no es un caso aislado. Durante la temporada de lluvias de 2025, decenas de miles de hogares se vieron afectados en toda la zona.

 

 

Pequeños aprendizajes, grandes decisiones

Para Mayra, el acompañamiento marcó la diferencia. A través de los talleres impulsados por Plan International aprendió sobre prevención de riesgos, cómo identificar zonas más seguras y qué hacer cuando llega una inundación. Ese conocimiento influyó en la decisión de reconstruir su casa en un terreno más elevado. También recibió un tanque para almacenar agua y no perder el suministro cuando el sistema de mangueras deja de funcionar, así como una ayuda económica que invirtió en mejorar el hogar y en la educación de sus hijas.

Hoy, Mayra quiere que sus hijas crezcan rodeadas de naturaleza, sin el miedo permanente a que la lluvia vuelva a poner sus vidas en riesgo. "Lo que más me preocupa es que un día vuelva a llover así de fuerte y el agua entre en casa. Solo quiero que mis hijas crezcan en paz, sin pensar que la casa puede inundarse cuando empiece a llover", afirma.

Cada vez que el cielo se oscurece, la memoria de aquella noche regresa. Pero también la determinación de una familia que ha aprendido a mirar la lluvia con otros ojos. "Aprender sobre prevención nos ha ayudado mucho. Ahora sabemos identificar los riesgos y tomar decisiones para proteger nuestra casa y a nuestras hijas", sentencia.