Niñas de 6 años cuentan cómo huyeron de la inundación en Nepal
La mañana del 26 de agosto, Ahana y Rachana se preparaban para ir al colegio como cualquier otro día. Para estas dos niñas de seis años del distrito de Rasuwa, en Nepal, la escuela es uno de sus lugares favoritos. Allí pasan tiempo con sus amigos, aprenden inglés y matemáticas y sueñan con lo que quieren llegar a ser. "En el colegio podemos jugar y estar juntas", dice Ahana. Pero aquella mañana, mientras las familias se preparaban para la jornada, una riada repentina arrasó la zona y convirtió lo que debía ser un día normal de clase en una lucha por sobrevivir.
Las inundaciones afectaron a parte de los distritos de Rasuwa, Nuwakot y Dhading, dañando casas, carreteras y escuelas y obligando a muchas familias a huir. Para Ahana y Rachana, el desastre llegó casi sin aviso. "Nos estábamos preparando para ir al colegio. El autobús estaba a punto de llegar", recuerda Rachana.
Mientras esperaban al autobús escolar, el agua subió de golpe. "Entonces oímos a la gente gritar '¡corred, corred, que viene la inundación!'", cuenta Rachana. "La profesora de los mayores estaba con sus alumnos. Corrían y nos gritaban que corriéramos también".
Correr para ponerse a salvo
Las niñas recuerdan cómo la confusión se extendió deprisa por la comunidad. Los adultos corrían hacia las zonas más altas. Las familias se buscaban unas a otras. Niñas y niños que un momento antes pensaban en las clases y en sus amigos se encontraron de repente huyendo para salvarse. "Me asusté al oír aquel ruido", dice Ahana. Sus padres también estaban asustados. A su alrededor, todo el mundo se movía lo más rápido posible para escapar del agua. "Mi padre me estaba buscando. Mi madre también estaba allí. Tenía miedo", cuenta.
Al principio, a Rachana le costó entender la magnitud de lo que ocurría. "No entendía qué estaba pasando", dice. "La gente gritaba y señalaba a lo lejos, y se oía un ruido muy fuerte. Solo cuando vi los postes eléctricos arrastrados por el agua me di cuenta de lo grave que era".
La riada ha trastocado todos los aspectos de la vida diaria, también la escuela. Una semana después, las clases aún no se han reanudado. "Llevo siete días sin poder ir al colegio porque la escuela quedó dañada por la inundación", explica Rachana.
Cuando el aula se convirtió en el mayor refugio
El edificio, que antes se llenaba con las voces de los niños, cumple ahora una función muy distinta. "Este es nuestro colegio", dice Rachana mientras nos enseña el edificio, hoy convertido en refugio temporal para las personas que han perdido su casa. "Ahora sirve para que todo el mundo venga a quedarse aquí. Nuestras aulas se han convertido en habitaciones donde la gente puede dormir".
Para las niñas, perder la escuela significa mucho más que quedarse sin clases. Significa perder un lugar donde se sentían seguras y podían estar con sus amigos. Las clases suelen empezar a las 9.45 de la mañana, y antes se sientan juntas a charlar. Esa rutina tan familiar ha desaparecido de golpe.
La inundación también ha dejado recuerdos dolorosos que las niñas siguen cargando. Juntas, enumeran con cuidado los nombres de los compañeros que desaparecieron aquel día. "Estaban Sushil, Sushmita A, Sushmita B y Sushmita C. Eso es todo". Los nombres quedan flotando en el aire, un recordatorio de la rapidez con que un desastre puede llevarse por delante la rutina de la infancia.
Y sin embargo, pese a todo lo vivido, las dos siguen hablando con ilusión del colegio. Las dos están en cuarto curso y les gustan el inglés y las matemáticas. Sentadas juntas, deletrean con orgullo la palabra "banana". Cuando se les pregunta qué es lo que más les gusta de la escuela, responden rápido. Importan las clases, pero también las amistades. Ante unas cuentas de matemáticas, Rachana responde seguru. "Cinco por cinco, veinticinco. Nueve por cinco, cuarenta y cinco". Duda en la siguiente y sonríe. Todavía está aprendiendo.
Volver al colegio significaría reencontrarse con sus amigos y recuperar cierta sensación de normalidad después de días de incertidumbre. Ahana dice que echa de menos a sus profesores, "porque nos enseñan y nos dan conocimientos". Rachana ya sabe qué quiere hacer un día con esos conocimientos. "Quiero ser médica", dice sin dudarlo. "Quiero curar a las personas afectadas por la inundación y ayudarlas a ponerse mejor".
Como miles de niñas y niños afectados por las inundaciones, Ahana y Rachana esperan la oportunidad de retomar su vida normal. Esperan a que las aulas vuelvan a abrir, a que las comunidades se recuperen y a que regrese la rutina de la infancia. La riada ha interrumpido su educación y ha echado a las familias de sus casas, pero no ha destruido su esperanza. Después de todo lo que han vivido, sus deseos siguen siendo sencillos, volver al colegio, ver a sus amigos y seguir construyendo el futuro con el que sueñan.
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