Plan por la Dana: reconstruir desde la educación, el bienestar y la participación juvenil
Más de un año después de la dana que cambió la vida de miles de personas en Valencia, la reconstrucción sigue siendo un desafío colectivo que va mucho más allá de reparar los daños materiales. También implica recuperar oportunidades de aprendizaje, bienestar y participación para la infancia y la adolescencia.
Con esta convicción nació Plan por Valencia, la respuesta impulsada por Plan International España para proteger el derecho a la educación y promover la resiliencia de la infancia y adolescencia afectada. En este camino, contamos con el apoyo del Ministerio de Juventud e Infancia y el del INJUVE, quienes han posibilitado que nuestras actuaciones pudiesen tener un alcance y un impacto más amplios.
Una respuesta centrada en la infancia y la adolescencia
La dana dejó tras de sí una realidad especialmente dura para la población más joven: interrupciones educativas, pérdida de escpacios seguros, incertidumbre y un importante impacto emocional. Ante este contexto, el proyecto se articuló en torno a cuatro grandes líneas de trabajo:
- Bienestar emocional y resiliencia.
- Educación en situaciones de emergencia.
- Investigación sobre el impacto en adolescentes y jóvenes.
- Visibilización y sensibilización social.
Durante 2025, las actividades llegaron a municipios especialmente afectados como Alfafar, Benetússer, Catarroja, Massanassa, Paiporta, Picanya y las pedanías valencianas de Castellar-l’Oliveral y Forn d’Alcedo, alcanzando a 1.279 niños, niñas y adolescentes.
Educación para comprender y actuar frente a la crisis climática
Uno de los ejes principales ha sido el desarrollo de talleres de educación para la ciudadanía global, poniendo el foco en el ODS 13, Acción por el Clima.
A través de estas sesiones, el alumnado ha reflexionado sobre la relación entre el cuidado personal, el cuidado de la comunidad y el cuidado del planeta. Más allá del aprendizaje sobre sostenibilidad, los talleres han promovido una mirada crítica sobre el papel que cada persona puede desempeñar en la prevención de riesgos y en la construcción de comunidades más resilientes ante fenómenos climáticos extremos.
El arte como herramienta para sanar y transformar
La recuperación también necesita espacios para expresar emociones, compartir experiencias y reconstruir vínculos. Por ello, se desarrollaron talleres de arte social, incluyendo actividades de pintura y creación.
Estas propuestas combinaron la sensibilización medioambiental con procesos de creación colectiva, permitiendo que niños, niñas y adolescentes transformaran sus reflexiones en obras artísticas colaborativas. El trabajo en equipo, la cooperación y la corresponsabilidad estuvieron presentes durante todo el proceso, reforzando la cohesión de los grupos tras la emergencia.
Bienestar emocional a través del movimiento
Otra de las líneas destacadas fueron los talleres de expresión corporal y danza, diseñados para favorecer la identificación y gestión de emociones mediante el cuerpo y el movimiento.
A través de metodologías participativas y vivenciales, el alumnado pudo trabajar emociones complejas derivadas de la experiencia de la dana, fortaleciendo la autoestima, la escucha y la relación con las demás personas desde una perspectiva de cuidado y convivencia.
Reconstruir juntos los espacios educativos
La participación activa de la infancia y adolescencia también ha estado presente en los talleres de diseño y construcción colectiva, orientados a la regeneración de espacios escolares afectados por la dana.
Mediante procesos participativos, el alumnado identificó necesidades de sus centros educativos y colaboró en la creación de propuestas de mobiliario y equipamientos para patios escolares, incorporando criterios de sostenibilidad y economía circular. Estas actividades reforzaron el sentimiento de pertenencia y demostraron que los propios estudiantes pueden convertirse en agentes de cambio dentro de sus comunidades.
Escuchar las voces jóvenes para la reconstrucción
Un aspecto diferencial del proyecto ha sido su apuesta por la participación juvenil. A través de actividades comunitarias e iniciativas de investigación participativa, adolescentes y jóvenes han podido compartir cómo vivieron la emergencia y cuáles son sus necesidades y propuestas para el futuro.
En este marco, se realizaron encuestas a centenares de jóvenes de la comarca de l’Horta Sud, entrevistas grupales y grupos de discusión que permitieron conocer de primera mano el impacto de la dana sobre su educación, bienestar emocional y perspectivas de futuro. Asimismo, se recogieron testimonios en profundidad para seguir visibilizando su realidad un año después de la catástrofe.
Dar visibilidad para no olvidar
La difusión de los aprendizajes y resultados ha sido también una parte fundamental del proyecto. A lo largo del año se han promovido acciones de comunicación y sensibilización dirigidas a mantener la atención sobre las consecuencias que la dana sigue teniendo en la infancia y la juventud.
Entre los hitos más relevantes destacan la presentación de los informes de investigación en Valencia y Paiporta, en encuentros que reunieron a jóvenes, comunidades educativas, asociaciones de familias, entidades sociales y administraciones públicas para reflexionar conjuntamente sobre la recuperación y los retos pendientes.
Un compromiso compartido
La experiencia de estos meses demuestra que la recuperación tras una emergencia requiere una respuesta integral que combine apoyo emocional, educación, participación y fortalecimiento comunitario.
Gracias al trabajo conjunto entre Plan International España y Fundación Jóvenes y Desarrollo, cientos de niños, niñas y adolescentes han encontrado espacios donde expresarse, aprender, reconstruir vínculos y participar activamente en el diseño de un futuro más resiliente para sus comunidades.
Porque reconstruir después de una emergencia no es solo recuperar lo perdido: es también crear oportunidades para que la infancia y la juventud formen parte de la solución y lideren el cambio que sus territorios necesitan.
Plan International