Separada de su madre por el conflicto, Sofía recupera la esperanza en Mozambique

Artículo Ago 24 / 2026

 

Una mañana, la vida de Sofía* se puso del revés en cuestión de minutos.

"Todo empezó sobre las siete de la mañana, cuando llegaron hombres armados y rodearon nuestra aldea", recuerda. "Tuvimos que salir corriendo hacia el monte y nos escondimos allí tres días".

Sofía tiene 17 años y vive en el norte de Mozambique, una región donde el conflicto armado sigue obligando a familias enteras a desplazarse en busca de un lugar más seguro. Frente a esa realidad, Plan International trabaja junto a las autoridades y organizaciones locales para proteger a la infancia desplazada y ayudarla a reconstruir su vida.

 

 

Tres días escondida en el bosque

No hubo tiempo para prepararse ni para decidir adónde ir. Sofía y sus hermanos se escondieron en el bosque durante tres días. "No teníamos comida ni agua. Solo caminábamos y nos escondíamos, con miedo de volver a casa", cuenta.

Cuando quedó claro que no podrían regresar, siguieron avanzando a través del bosque, cruzando aldeas desconocidas y buscando un lugar seguro hasta llegar a una zona de reasentamiento. Pero el trayecto tuvo un precio muy alto. En medio del caos del ataque y de los días que siguieron, Sofía y sus hermanos se separaron de su madre. "Durante ese tiempo no supe dónde estaba, y fue muy doloroso para mí. Viví con miedo e incertidumbre cada día", explica.

 

Una separación cada vez más frecuente

Lo que le ocurrió a Sofía se ha convertido en una experiencia cada vez más habitual en Cabo Delgado, la provincia del norte de Mozambique donde vive donde el conflicto se prolonga desde 2017.  Los desplazamientos forzados han separado a muchas familias y dejado a niños, niñas y adolescentes sin el cuidado o la protección de sus familiares., muchos de ellos expuestos a sufrimiento psicológico, interrupción de sus estudios y falta de acceso a servicios básicos.

Al llegar a la zona de reasentamiento, Sofía fue identificada como menor no acompañada y derivada a un programa de protección infantil de Plan International. Por primera vez desde que huyó de su casa, encontró un sistema pensado para acompañarla. A través del programa empezó a recibir apoyo psicosocial y un seguimiento continuo para que no tuviera que enfrentarse sola al trauma que estaba experimentando. "Recibí una atención personalizada a mi situación, y alguien se preocupaba siempre por cómo me sentía", afirma.

El acompañamiento fue más allá de la atención emocional. Sofía, que ahora se hace cargo de sus hermanos, también recibió ayuda económica para cubrir sus necesidades básicas. "Me dieron dinero para cuidar de mis hermanos, y también kits de higiene y dignidad que me ayudaron a sentirme más protegida y limpia", cuenta. Para adolescentes como ella, acceder a estos elementos básicos resulta clave para recuperar la dignidad y cierta sensación de normalidad en plena crisis. A esto se sumó el apoyo educativo, que le permitió volver a la escuela y recuperar una rutina.

 

Cuando la esperanza empieza a volver

El programa trabaja también para reconectar a las familias separadas por el conflicto. Gracias a un proceso de búsqueda, con el tiempo se logró dar con el paradero de los padres de Sofía. "Después me dijeron que mis padres estaban vivos", cuenta. "El momento más feliz de mi vida fue saber que están vivos y darme cuenta de que no estoy completamente sola".

En Cabo Delgado, estos servicios se prestan en colaboración con agencias gubernamentales y organizaciones locales, y abarcan la búsqueda y reunificación familiar, la atención psicosocial, la ayuda económica y en especie, y el apoyo para volver a la escuela. Para Sofía, ese proceso sigue en marcha. Aunque el desplazamiento y la separación siguen afectando a su día a día, el acompañamiento recibido le ha devuelto la esperanza. Todavía no vive con sus padres, pero ellos la visitan con frecuencia en el campo de reasentamiento. "Eso me hace sentir con más esperanza", sentencia.

 

* Nombre ficticio para proteger su identidad.