Teresa construye su propio negocio sin renunciar a la maternidad
Para muchas mujeres, compaginar la maternidad, las tareas del hogar y el trabajo hace muy difícil perseguir las ambiciones propias. Para Teresa, de 29 años, el emprendimiento se ha convertido en la forma de sacar adelante a su familia, ganar confianza y crear oportunidades para otras personas. Su historia se apoya en Emprende Joven, un proyecto de Plan International que acompaña a jóvenes en la puesta en marcha de negocios sostenibles.
Madre, licenciada universitaria y emprendedora, Teresa dirige un negocio especializado en polos gourmet y productos congelados. Hoy habla con orgullo de su empresa, pero nunca imaginó que algún día llegaría a ser emprendedora.
"Ser emprendedora significa darme la oportunidad de hacer cosas fuera de casa que sé que soy capaz de hacer. Poder contribuir a los gastos del hogar, dar empleo a más personas y llevar mi propio negocio ha sido lo más maravilloso para mí", dice. "Para ser sincera, ha sido una experiencia muy buena. Nunca imaginé que podría lograrlo".
La agenda de una madre emprendedora
El día a día de Teresa está organizado en torno a sus hijos. Entre los trayectos al colegio, las comidas, los deberes y las tareas de casa, apenas queda tiempo libre. Levantar un negocio junto a todas esas responsabilidades le ha exigido determinación y una gestión muy cuidadosa del tiempo.
"Ser madre lo cambió todo drásticamente, porque en casa tienes que administrar tu tiempo. Primero despertarlos, luego asegurarte de que desayunan, fregar, bañar a los niños, el colegio, los deberes. Ahora, con mi propio negocio, hay muchísimo más que hacer, y eso para mí es un gran logro", explica.
Otro de sus motivos de orgullo es su formación. Teresa se licenció en Producción Animal antes de lanzar su negocio, y los conocimientos que adquirió durante la carrera acabaron dando forma a su proyecto emprendedor. "Estudié una licenciatura en producción animal. Como productores, también nos centramos en la producción de leche. Los procesos lácteos son muy complejos, en este caso el uso de la pasteurización y la elaboración de los polos. Los usé como referencia para mi negocio", cuenta.
Su empresa se ha convertido, además, en una forma de apoyar a otras personas. Teresa emplea de manera deliberada a personas mayores, consciente de las barreras que muchas encuentran al buscar trabajo. "La idea de trabajar con personas mayores surgió porque, sencillamente, nadie las contrata. Hacer polos no es nada del otro mundo, no es un trabajo duro, pero para mí es una gran ayuda y, además, puedo ofrecerles un apoyo económico", explica.
Formarse para dar el salto
Teresa reforzó sus habilidades empresariales a través de “Emprende Joven”, un proyecto de Plan International financiado por Scotiabank. El programa ofrece a las personas jóvenes educación financiera, formación en emprendimiento, desarrollo de habilidades para la vida y financiación inicial para poner en marcha negocios sostenibles.
Descubrió el programa a través de una publicación de su ayuntamiento en Facebook y enseguida se dio cuenta de que le ofrecía conocimientos que le faltaban. "La página del ayuntamiento nos daba información básica sobre emprendimiento y finanzas, cosas que, la verdad, nunca antes se me habían pasado por la cabeza", cuenta Teresa. "Por ejemplo, no sabía que tenía que apartar un porcentaje de los ingresos de mi producto para que, si se me estropea un equipo, pueda reponerlo sin tener que pagarlo de mi bolsillo".
La formación la ayudó a pensar de otra manera cómo gestionar y hacer crecer su negocio. "Desde que entré en el curso, me he espabilado de verdad. Llegó a mi vida justo cuando más lo necesitaba", concluye.
A través de su negocio, Teresa no solo está construyendo un futuro mejor para su familia, sino que también demuestra lo que es posible cuando las mujeres reciben el conocimiento, las habilidades y la oportunidad de perseguir sus ambiciones.
Plan International