La infancia afectada en Venezuela sufre un fuerte impacto en su salud mental un mes después de los terremotos
- Plan International advierte de que el miedo, las pesadillas y el insomnio se extienden entre niños, niñas y adolescentes en los campamentos.
La organización de acción humanitaria reclama situar la salud mental y la protección de la infancia, con especial atención a las niñas, en el centro de esta nueva fase tras la primera emergencia.
La emergencia provocada por los terremotos que sacudieron el norte de Venezuela el pasado 24 de junio está lejos de acabar. Un mes después, miles de niños, niñas y adolescentes siguen viviendo en condiciones que agravan el impacto del desastre sobre su salud física y mental. Las malas condiciones de los alojamientos, la acumulación de escombros y la falta de cuidados adecuados están agravando el bienestar emocional y recuperación de la infancia y sus familias, alerta la organización humanitaria y de desarrollo Plan International.
Las organizaciones socias junto con las que trabaja Plan International en las zonas afectadas advierten de que cada vez aparecen más dolencias físicas sin una causa clara, junto a signos de estrés postraumático y una sensación constante de inseguridad. Al escuchar con más atención, esas molestias revelan semanas de sueño interrumpido, sobresaltos y miedo acumulado.
“Cuando hace viento, corro a mi habitación, me escondo y me da miedo”, cuenta Victoria, de nueve años, en La Guaira. Naomi, de apenas cinco, describe cómo las pesadillas le impiden descansar. “Estaba en la playa y un tsunami me perseguía”, narra. Michelle, de 25 años y madre de tres niñas, resume lo que ve cada día: “Están asustados, tienen miedo. Ahora mismo, los niños necesitan apoyo psicológico que les ayude”, sentencia.
La respuesta entra ahora en una nueva fase. Según el último informe de la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), 107 campamentos temporales acogen ya a más de 23.800 personas, cerca del 86 % de su capacidad total, mientras más de 17.900 siguen sin vivienda. Las cifras oficiales elevan a 5.208 las personas fallecidas y a 16.740 las heridas, según los últimos datos disponibles a 19 de julio.
“Una vez pasado el impacto inmediato del terremoto, las secuelas no desaparecen, se quedan con los niños, niñas y adolescentes en el cuerpo y en la mente. Un dolor de cabeza, un dolor de estómago, la dificultad para dormir o el miedo a los ruidos fuertes pueden ser señales de un malestar que no saben expresar con palabras. En esta fase de la emergencia, la salud mental de la infancia ya no puede tratarse como una respuesta secundaria. Si no atendemos a la vez el bienestar físico y el emocional, la recuperación será imposible”, afirma Yesica Serrano, asesora regional de Protección de la Infancia en Acción Humanitaria de Plan International presente en el territorio venezolano.
La asesora añade que este impacto no es igual en todas las edades. “Niños y niñas de distintas edades no siempre tienen las palabras o los medios para explicar lo que sienten, ni lo manifiestan de la misma manera. Los más pequeños pueden dejar de comer, mostrar dificultades para dormir, llorar sin motivo aparente o sobresaltarse con facilidad, mientras que los adolescentes tienden a aislarse, quedarse callados, mostrarse más irritables o alejarse de quienes tienen alrededor”, sentencia.
“Ha pasado un mes y el terremoto sigue dentro de miles de niños y niñas, aunque ya no se vea. El miedo, las pesadillas o el insomnio son heridas tan reales como los daños materiales, y corren el riesgo de quedar olvidadas. Junto a nuestras organizaciones socias, trabajamos para que la salud mental y la protección de la infancia ocupen el centro de esta nueva fase, con una atención especial a las niñas y las mujeres, y por ello reclamamos que se recojan y utilicen datos que desagreguen por edad, para adaptar el apoyo a quienes corren más riesgo”, relata Virginia Saiz, directora general de Plan International en España.
Junto a sus organizaciones socias, Plan International ofrece apoyo psicosocial individual y grupal a niños, niñas y adolescentes, ayuda a las familias a cubrir necesidades urgentes y vitales y refuerza los servicios de protección de la infancia, con especial atención a las niñas. Este trabajo incluye espacios seguros donde la infancia puede empezar a procesar lo vivido y vías de derivación hacia atención especializada en salud mental. Es la continuación de una respuesta que, desde los primeros días, ha distribuido agua potable, alimentos, kits de higiene (incluidos productos para la gestión de la higiene menstrual) y artículos de refugio en las zonas más afectadas.
Plan International hace un llamamiento a la solidaridad de la ciudadanía para sostener la respuesta en los próximos meses. Quienes deseen colaborar pueden hacerlo a través de la página web de la organización.
Plan International