La dana dejó a las jóvenes de l’Horta Sud meses sin anticonceptivos ni revisiones ginecológicas

Noticia Oct 30 / 2026

 

Una joven de Catarroja pasea junto a las marcas de barro de la pared © Plan Internacional / Antonio Portillo
  • El informe “Donde nadie mira”, que Plan International presenta en el segundo aniversario de la catástrofe, revela que la salud sexual y reproductiva de las adolescentes y jóvenes quedó fuera de la respuesta a la emergencia.

La colocación de DIU e implantes, las revisiones ginecológicas y la dispensación de anticonceptivos se cancelaron o aplazaron durante meses en los municipios de l’Horta Sud afectados por la dana de 2024. Así lo recoge “Donde nadie mira”, el informe que Plan International presenta con motivo del segundo aniversario de la catástrofe a partir de la experiencia de 55 adolescentes y jóvenes y 43 profesionales de 12 municipios que se vieron afectados por esta emergencia. Su conclusión es que los derechos sexuales y reproductivos de las jóvenes no fueron una prioridad en la emergencia y quedaron relegados ante urgencias más visibles y unos servicios públicos saturados.

Según el estudio, las unidades de salud sexual y reproductiva quedaron prácticamente inhabilitadas o limitadas a urgencias vitales. El barro y las infraestructuras dañadas obligaron a trasladar servicios e incluso centros de salud enteros a espacios provisionales, donde el personal trabajó durante meses sin material ni condiciones higiénicas. Las pruebas del VPH, el diagnóstico de infecciones de transmisión sexual y el seguimiento posparto también se retrasaron, y algunas jóvenes no retomaron sus revisiones pendientes hasta incluso un año después.

"A mí me bajó la regla ese mismo día y en mi casa no hubo agua corriente hasta dos semanas después. Las duchas que habilitó mi pueblo estaban en la otra punta", afirma una joven. "Siento que se establecieron servicios de comida o incluso salud mental durante un tiempo, pero no se centraron en nada de higiene femenina, ni abusos, ni ámbito reproductivo, al tener en mente ayudar al trauma de la dana", señala otra de las adolescentes en la investigación.

El informe subraya que la dana no creó estas carencias, sino que las hizo visibles y, en algunos casos, las agravó. Antes de la catástrofe, la educación sexual ya dependía de programas puntuales y desiguales según el municipio. Con la emergencia, esos programas quedaron suspendidos y en algunos institutos todavía no se han retomado, de modo que las jóvenes siguieron resolviendo sus dudas con sus amigas, en internet o con chatbots de inteligencia artificial.

Los métodos anticonceptivos, la educación sexual y la higiene menstrual tampoco formaron parte de la primera respuesta. Los preservativos apenas llegaron a los puntos de reparto y los programas de educación sexual en institutos y centros juveniles quedaron suspendidos. Las compresas y los tampones llegaron, pero muchas jóvenes pasaron semanas sin agua corriente ni espacios de intimidad.

“Damos por hecho que un sistema sanitario como el nuestro resiste cualquier cosa, y que lo que viven las niñas en otras emergencias del mundo aquí no pasaría. La dana nos ha demostrado que tener buenos servicios no sirve de mucho si nadie ha pensado cómo mantenerlos en pie para las jóvenes cuando todo se viene abajo; algo que desgraciadamente no va a parar de ocurrir con la emergencia climática”, remarca Virginia Saiz, directora general de Plan International en España.

El cierre de institutos, polideportivos y espacios juveniles, algunos durante meses, dejó además a las adolescentes sin sus principales lugares de encuentro y apoyo, y las chicas perdieron más espacios seguros que los chicos en unas calles sin luz donde muchas familias restringieron sus salidas. Los servicios de atención a la violencia de género perdieron durante días el acceso a los expedientes de las víctimas y el seguimiento dependió en muchos casos de la memoria de las profesionales, lo que debilitó la capacidad para detectar situaciones de riesgo.

 

Voluntarias en la emergencia, invisibles en la respuesta

Las adolescentes y jóvenes estuvieron ayudando como voluntarias desde los primeros momentos, limpiaron casas, repartieron comida y cuidaron de sus vecinas, pero, según el informe, apenas se les preguntó cómo estaban o qué necesitaban, por lo que consideran que fueron invisibles.

El impacto fue mayor para quienes ya partían en desventaja, como las familias sin recursos para desplazarse a un hospital, las jóvenes migrantes y racializadas, cuya ayuda fue recibida en ocasiones con sospecha, o las jóvenes LGTBIQ+, cuya situación quedó prácticamente invisibilizada.

La investigación conecta con “Cambia su pronóstico”, el informe global del Estado Mundial de las Niñas de 2026 elaborado a partir de 5.000 encuestas en Perú, Senegal, Kenia, Zimbabue y Bangladés, en el que las jóvenes describen las mismas barreras tras inundaciones y otros fenómenos extremos. “Lo que cuentan las jóvenes de l’Horta Sud se parece mucho a lo que cuentan las de Bangladés o Senegal. Solemos pensar en estos problemas como algo que ocurre lejos, pero la diferencia no está en dónde golpea la catástrofe, sino en si la respuesta se diseña pensando también en ellas”, sentencia Saiz.

Plan International reclama incluir la salud sexual y reproductiva en los protocolos de emergencia desde la primera respuesta, como ya establecen los estándares humanitarios internacionales, y definir qué servicios no pueden interrumpirse cuando la emergencia somete los servicios públicos a presión. La organización pide también habilitar puntos de atención confidenciales para jóvenes durante las crisis y garantizar que ellas participen en las decisiones de la reconstrucción.

El informe, el cuarto elaborado por la ONG sobre cómo la dana ha afectado a la juventud en el sudeste español, ha sido elaborado con el apoyo técnico de El Rogle y la financiación del Ministerio de Juventud e Infancia a través del Injuve.