Un mes después del terremoto en Venezuela, las niñas afrontan un riesgo creciente de violencia y explotación

- Pasada la fase más aguda, las niñas y las adolescentes afectadas afrontan un riesgo creciente de violencia, con su acceso a la salud menstrual interrumpido y un regreso incierto a las aulas.
Plan International advierte de que reconstruir infraestructuras no basta y reclama garantizar la protección de las niñas, restaurar la educación y reforzar los servicios de protección antes de que el foco mundial se desplace.
Un mes después de los fatídicos terremotos que dejaron más de 5.300 personas fallecidas en Venezuela, la organización humanitaria y de desarrollo Plan International alerta de que la emergencia ha entrado en una fase distinta, pero no menos peligrosa para quienes menos se ven. Superado el impacto inicial, son las niñas y las adolescentes quienes cargan ahora con las consecuencias menos visibles del desastre, desde un mayor riesgo de violencia hasta la interrupción de servicios esenciales como la atención a su salud menstrual o una vuelta al colegio cada vez más incierta.
Muchas familias se han instalado por su cuenta en asentamientos informales —plazas y solares cercanos a sus viviendas dañadas—, donde apenas disponen de agua potable, alimentos o servicios de protección. Al comienzo de la emergencia, algunos de estos asentamientos estaban superpoblados, sin baños separados ni espacios privados para mujeres y niñas, lo que aumentaba su exposición a la violencia y el abuso.
Durante las emergencias, el entorno protector de la infancia se debilita. Las personas cuidadoras están sometidas a un enorme estrés, y es en esos momentos cuando las redes de trata y otros agresores aprovechan. Las crisis no afectan a todos los niños por igual. Las niñas, y en especial las adolescentes, están más expuestas a la explotación sexual, la violencia y el trabajo doméstico, mientras que los adolescentes varones afrontan el riesgo de ser reclutados por grupos criminales.
La salud menstrual, un problema invisible en los campamentos
Otra de las grandes preocupaciones es el acceso a productos para la salud menstrual. Sin materiales adecuados ni espacios privados, las adolescentes encuentran barreras incluso para acceder a otras formas de apoyo disponibles en los campos, lo que agrava su aislamiento justo en el momento en que son más vulnerables. “La gente está centrada en conseguir comida, agua, linternas y recursos básicos. Pero nadie piensa en lo que necesitan las mujeres: compresas, papel higiénico, y lo más fundamental”, señala Andrea, voluntaria de 17 años en una organización socia de Plan International.
La vuelta a las escuelas es todo un incógnito
La educación es otra de las grandes damnificadas. Las escuelas venezolanas están ahora en vacaciones de verano, pero el terremoto ya cortó de raíz el final del curso anterior para miles de niños y niñas. Y con numerosos edificios escolares convertidos hoy en alojamiento para familias desplazadas, está en el aire que las aulas puedan reabrir en septiembre, cuando debería arrancar el nuevo curso, dejando a la infancia sin uno de los pocos entornos seguros que les ayuda a recuperarse.
Para las niñas, ese vacío es especialmente peligroso. Siempre que se cierra un aula, aumentan las probabilidades de que muchas no regresen nunca a clase, arrastradas hacia el trabajo doméstico, el matrimonio infantil o el cuidado de hermanos y hermanas menores.
“Ha pasado un mes y el mundo empieza a mirar hacia otro lado, pero para miles de niñas la emergencia no ha hecho más que cambiar de forma. Entramos en una fase donde se quedan solas frente a las consecuencias, expuestas a la violencia, sin intimidad para gestionar su salud menstrual con dignidad y con el miedo a no volver nunca a clase. Y por eso exigimos que la recuperación ponga el foco en las niñas desde el primer minuto, no cuando ya sea demasiado tarde”, ha manifestado la directora general de Plan International en España, Virginia Saiz.
Treinta días después, el reto ya no es solo la ayuda de emergencia. Venezuela afronta un proceso de recuperación más largo que determinará si las niñas vuelven al colegio de forma segura, recuperan el acceso a los servicios de protección, gestionan su salud menstrual con dignidad y quedan a salvo de la explotación y el abuso en los próximos meses. El riesgo es que, cuando la atención mundial desaparezca, sean ellas quienes carguen solas con las secuelas.
Plan International