Cuando la salud mental deja de ser un tabú en una aldea de Indonesia
En las zonas rurales de Indonesia, hablar de salud mental sigue siendo poco frecuente. Las familias guardan en silencio sus problemas personales y la atención psicológica apenas figura en las prioridades sanitarias, sobre todo cuando se trata de niñas, niños y adolescentes. Frente a esa realidad, al este del país, en el distrito de Nagekeo, Plan International impulsa un programa de educación entre iguales que ya ha llegado a más de 4.100 adolescentes y que está cambiando, poco a poco, la forma de hablar —y de callar— sobre el bienestar emocional.
Tirsan tiene 16 años y vive en una aldea de Nagekeo. Desde pequeña ha aprendido que los problemas personales no se cuentan, y mucho menos los que tienen que ver con las emociones. "En mi pueblo, la gente todavía piensa que la salud mental no es algo serio. Creen que es normal guardarte tus problemas. No es algo de lo que se hable en casa con la familia. El impacto, como el estrés y otros problemas psicológicos, no es algo que preocupe a las personas adultas", explica.
Durante décadas, ese silencio ha reflejado una realidad más amplia. La salud mental ha sido una prioridad menor en una región con recursos sanitarios limitados, mucho estigma social y políticas públicas casi inexistentes en este ámbito. La atención se ha centrado en las enfermedades transmisibles y en las dolencias físicas, mientras el bienestar emocional, sobre todo el de niñas y adolescentes, quedaba sin abordar.
El método que entiende lo que sienten las adolescentes
Tirsan forma parte de un grupo creciente que está empezando a cambiar las cosas. Junto a otras chicas y chicos de entre 13 y 19 años se ha formado como educadora entre iguales, y desde entonces participa en charlas y dinámicas en escuelas y comunidades sobre salud mental, salud sexual y reproductiva y prevención de conductas de riesgo.
"Nos enseñan a transmitir la información de forma cercana, accesible y sin juzgar a nadie, tanto en las escuelas como en la comunidad, para que se hable más de salud mental y se sepa cómo abordarla", afirma.
El método es sencillo, pero deliberado, ya que son los propios adolescentes quienes hablen entre ellos. Cuando un tema delicado —el estrés, las emociones, el acoso o la presión social— lo plantea alguien de la misma edad, la conversación fluye de otra forma.
"La educación entre iguales funciona porque se apoya en la confianza, y eso hace que el mensaje sea más persuasivo y cercano. Necesitamos normalizar que se hable de salud mental, mejorar la comprensión y animar a las personas, en especial a niñas, niños y adolescentes, a pedir ayuda cuando la necesiten", lo resume así María Azi, técnica de campo en Nagekeo.
Tirsan y el resto de las educadoras entre iguales actúan como amigas, referentes y puente: escuchan, comparten información y ayudan a otras adolescentes a llegar a los servicios de apoyo, deshaciendo malentendidos por el camino.
No obstante, su trabajo no es fácil. Los problemas de salud mental entre adolescentes siguen siendo frecuentes en casas, escuelas y comunidades, mientras que el acceso a servicios profesionales en las zonas rurales es muy limitado. Los tabúes culturales y la falta de profesionales especializados siguen siendo barreras enormes a la hora de pedir ayuda a tiempo.
Más de 4.000 adolescentes ya forman parte del cambio
Para tratar de cubrir esos vacíos, Plan International impulsa en Nagekeo iniciativas comunitarias de salud mental, programas de apoyo entre iguales y las llamadas clases “MAPAN”, dentro del programa “BLOOM”. Se desarrollan tanto en comunidades como en institutos, con sesiones estructuradas que combinan la salud mental con otros temas clave de la adolescencia.
Desde 2022, se han puesto en marcha 49 clases MAPAN en 44 comunidades y 19 centros de secundaria del distrito. En ellas han participado más de 4.100 adolescentes, en torno a un 70 % chicas. Cada clase reúne a entre 30 y 40 jóvenes de 13 a 19 años en sesiones semanales que recorren 69 lecciones organizadas en 16 módulos desarrollados por Plan International.
Además, a esto se suma el trabajo de incidencia con los gobiernos locales. Incluso en un contexto de fuerte presión presupuestaria, algunas administraciones de aldea han decidido destinar parte de los fondos públicos a programas de salud mental y empoderamiento adolescente, gracias al impulso del equipo de campo y de las propias educadoras juveniles.
Para Tirsan, el cambio es sutil, pero significativo. En aulas y plazas donde hasta hace poco sobre las emociones solo había silencio, ahora adolescentes y jóvenes empiezan a hablar, a escucharse y a buscar apoyo.
Plan International