En Nepal, los hombres aprenden que la salud menstrual también les corresponde

Artículo Jun 24 / 2026

 

 

En las comunidades rurales de Nepal, la menstruación sigue siendo, para muchas familias, un asunto del que no se habla. A las niñas y mujeres se les prohíbe entrar en la cocina durante esos días, mientras se espera de ellas que sigan haciéndose cargo de las tareas exteriores, y la conversación sobre salud sexual y reproductiva ha quedado tradicionalmente fuera del alcance de los hombres.  

Frente a esa realidad, en el distrito de Bardiya y en otras zonas del oeste del país se han puesto en marcha grupos de padres que tratan de cuestionar esas prácticas y devolver la salud menstrual al espacio común de la familia. Gyan Bahadur, de 56 años, vive en el distrito de Bardiya, en el oeste de Nepal. Durante toda su vida creyó que la menstruación era algo en lo que él no tenía nada que decir. "Nunca hablé abiertamente de salud menstrual con mi familia. Pensaba que era un asunto privado de las mujeres de mi casa", reconoce. 

Como cabeza de una familia de once miembros, Bahadur se encargaba de las cuentas y de las necesidades generales del hogar. Lo que no hacía era prestar atención a lo que vivían las mujeres y niñas de la familia, especialmente durante la menstruación. "Nunca hablé de salud menstrual o de derechos sexuales y reproductivos con mi mujer, ni siquiera con mis amigos. Era algo de lo que no se hablaba, un asunto privado del que solo tenían que preocuparse las mujeres. No me daba cuenta entonces de que no era un problema de mujeres, sino algo que nos afectaba a todos", afirma.

 

 

De observar a involucrarse 

Su mirada empezó a cambiar cuando se unió a un grupo de padres dentro del proyecto “Girls Standing Strong”, impulsado por Plan International y sus socios locales en cinco distritos del país. Las sesiones, dinamizadas por facilitadores, abordan tres bloques clave como son el acceso a la salud y los derechos sexuales y reproductivos, la reducción de prácticas nocivas y la promoción de la igualdad de género. 

"Antes de unirme al grupo, nunca había apoyado a las mujeres de mi familia durante sus periodos. Pero las sesiones me inspiraron. Ahora siempre las apoyo, a veces incluso compro yo mismo las compresas, y no dudo en hablar de este proceso natural con mi familia y mis amigos. He empezado también a trabajar para reducir las prácticas tradicionales dañinas en mi casa y en mi comunidad", admite. 

La transformación, afirma, no ha sido solo práctica, sino también ideológica. "Me criaron con la idea de que los hombres no deben meterse en asuntos de mujeres. Pero después de participar en el grupo de padres, ahora entiendo que esas tradiciones deben cuestionarse. Los hombres tenemos un papel clave a la hora de plantar cara a las prácticas nocivas y de garantizar la igualdad de género en nuestras casas y nuestras comunidades". 

 

Cuando el cambio llega a casa y se queda 

En su familia, según su nuera, los cambios no han pasado desapercibidos. "Antes mi suegro nunca nos apoyaba durante el periodo. Pero después de asistir a las sesiones del grupo de padres, cambió completamente. Nos enseñó sobre salud menstrual y compartió todo lo que había aprendido. A veces incluso compra compresas. Hoy habla abiertamente de salud y derechos de las mujeres con la familia, con los amigos y con la comunidad", explica. 

Gyan Bahadur espera que iniciativas como esta se extiendan a todos los pueblos del distrito de Bardiya y, por extensión, a más rincones del país. La participación de hombres como él en estos espacios está empezando a tener efectos visibles en los hogares y en las comunidades: más conversaciones, menos silencios, menos estereotipos. "Como hombres, debemos cuidar de nuestras familias y defender sus derechos, especialmente en lo que respecta a su salud. Es nuestra responsabilidad romper el silencio y apoyar a las mujeres en todo lo que podamos", sentencia.