Gertrudis y las pescadoras de El Salvador reivindican el valor de su trabajo
En las comunidades costeras de El Salvador, la pesca es la principal fuente de ingresos para muchas familias. Para las mujeres, además, no es solo el trabajo en el mar lo que marca su día a día, sino también la carga, casi siempre invisible, de las responsabilidades domésticas y de cuidados que recae sobre ellas. Frente a esta doble jornada, el proyecto “MujerES”, impulsado por Plan International junto a la organización local ADEL Morazán, trabaja con mujeres pescadoras para reconocer ese trabajo no remunerado y romper las normas sociales que limitan su autonomía.
Gertrudis, de 48 años, vive en el departamento de Usulután, en el sureste del país. En casa conviven seis personas, su hija, sus dos nietos, su marido, su padre —a quien cuida—, y ella misma. Toda la familia depende de la pesca para salir adelante, una actividad económicamente inestable que en los malos momentos se traduce en pasar apuros para llegar a fin de mes. "Todos pescamos, somos pescadores. Nuestro trabajo es mantener a nuestras familias. Preparamos el pescado para venderlo, así es como sobrevivimos. Hay momentos difíciles para nosotros cuando no hay captura", explica Gertrudis.
Como muchas vecinas de su comunidad, Gertrudis nunca pisó un aula. Su vida quedó marcada desde niña por las jornadas en el mar y por el trabajo que esperaba después en casa. "Somos las que no pudimos estudiar. No tenemos la oportunidad de ganar dinero con un lápiz. Somos mujeres que trabajamos desde el amanecer hasta el anochecer", afirma.
Aprender entre la pesca y la madrugada
Pese a todo, decidió apuntarse a un programa de formación intensivo del proyecto “MujerES”, centrado en habilidades de liderazgo, autoestima y reparto equitativo de las tareas de cuidados. Encajar las sesiones en su rutina exigió un esfuerzo enorme. "Trabajábamos el doble porque salíamos a pescar por la noche. Cuando asistíamos a la capacitación, dejábamos el pescado en hielo y, cuando regresábamos, teníamos que clasificarlo. Había veces que trabajábamos hasta la una de la madrugada. Pero teníamos que estar en la capacitación", declara.
Había días en los que terminaban a las dos de la mañana para volver a arrancar a las cinco. Llegar al sitio no era ni mucho menos fácil. "No teníamos acceso a transporte. Teníamos que coger un barco, esperar un autobús y luego caminar hasta el lugar de la formación".
Pese al cansancio, las mujeres sentían que el esfuerzo merecía la pena. Para Gertrudis, las sesiones se convirtieron en un espacio raro, casi insólito, donde podía pararse y dedicarse un rato a sí misma. Y de todo lo que aprendió, hay una idea que se le ha quedado grabada por encima de las demás. La idea de que valía lo mismo que cualquier otra persona. "Empezaron diciéndonos que, como mujeres, no debíamos ser discriminadas, y fue entonces cuando empezamos a sentirnos más valoradas. Lo que más me animó fue cuando nos enseñaron que, aunque no hayamos estudiado, somos iguales a quienes sí lo han hecho", afirma.
El programa también peinsa en los detalles que suelen dejar a las mujeres fuera de cualquier formación. Habilitó cuidado infantil, meriendas para los pequeños y un espacio seguro donde poder compartir y socializar. Detalles que no son pequeños, sino la diferencia entre poder asistir y no poder hacerlo.
Un cambio que también llega a los hombres
Consciente del peso del machismo en su comunidad, Gertrudis quiso animar a su marido a asistir a los talleres específicos para hombres, una vía pensada para que ellos también revisaran sus propios roles. No las tenía todas consigo. "Hay muchos hombres machistas en esta comunidad, pero le conté a mi marido todo lo que estábamos aprendiendo hasta que lo convencí de que también viniera. Cuando regresó, me comentó que fue de su agrado”, cuenta.
Los cambios, además, han trascendido lo individual. Muchas mujeres han incorporado pequeños gestos de autocuidado antes impensables. Hoy, Gertrudis y muchas más como ella se sienten más conectadas con el resto de mujeres de su comunidad y, sobre todo, consigo mismas.
Plan International