Revitalizar la democracia: mujeres jóvenes y movimientos feministas al frente
Los pasados 2 y 3 de junio, el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, acogió la V Conferencia Ministerial de Política Exterior Feminista “Construyendo paz y democracia”. El encuentro situó en el centro del debate la política exterior feminista como herramienta clave para fortalecer la estabilidad democrática y garantizar la defensa de los derechos humanos a escala global. La conferencia finalizó con la Declaración de Madrid, un acuerdo histórico firmado por 27 países, considerado el más ambicioso hasta la fecha, que marca una hoja de ruta centrada en vincular la igualdad de género con la defensa de la democracia.
Plan International organizó junto a la Federación de Mujeres Jóvenes un evento paralelo que puso el foco en el papel de las jóvenes en la regeneración democrática. El evento, “Revitalizar la democracia: mujeres jóvenes y movimientos feministas al frente”, reunió a representantes institucionales y de entidades de la sociedad civil, así como a jóvenes que demostraron cómo lo local y lo global se entrelazan cuando están en juego los derechos de millones de niñas y mujeres en todo el mundo.
Preguntamos a las panelistas qué cambio debería producirse en los próximos cinco años para revitalizar la democracia desde el liderazgo de las adolescentes y mujeres jóvenes. Sus voces diversas dan pie a reflexiones que convergen en un mismo punto: la necesidad de que la participación de las adolescentes y mujeres jóvenes sea real y no simbólica, la importancia de una financiación que les permita mantener sus organizaciones para defender sus derechos, y la urgencia de una política exterior feminista que responda a sus necesidades.
Lucía Candeira, coordinadora técnica de la Federación de Mujeres Jóvenes, pone el foco en la necesidad de pasar de la consulta simbólica a mecanismos reales de codecisión que generen un impacto profundo y duradero en los espacios de toma de decisiones. En este marco, señala también la importancia de reconocer la participación digital como una forma de participación, que permita avanzar hacia instituciones menos adultocéntricas y más permeables a la implicación juvenil. Para ello, resulta indispensable garantizar financiación estable para organizaciones feministas y juveniles que favorezca su sostenibilidad, así como validar los saberes y experiencias de las mujeres jóvenes como conocimiento político legítimo. Su propuesta central apunta a una redistribución del poder político y al reconocimiento del trabajo de las jóvenes como contribución indispensable para la regeneración democrática.
Karishma, miembro de Youth for Change, el comité juvenil de Plan International, apunta a claves similares, pero desde una óptica que atiende a realidades tan complejas como la de las mujeres jóvenes en Afganistán. Por ello, apela a una política exterior feminista que sea coherente con sus mensajes y que no se erija como una mera fachada diplomática que permita, en la práctica, la erosión de los derechos de las mujeres. Karishma subraya que estos derechos no desaparecen de forma repentina, sino que su pérdida es el resultado acumulado de políticas continuadas: el recorte al derecho a la educación, las amenazas a activistas o la desaparición de fondos para movimientos que nadie atiende. La paz no es sostenible si no cuenta con las mujeres, y no podemos convertir la injusticia en la norma.
Aya, joven mauritana miembro de Global Girls Leaders Advisory Group de UNICEF, comparte su perspectiva como fundadora de una organización local, “Our Rights, Our Voice” (OROV), que entiende que la financiación y los presupuestos son decisiones que afectan directamente a la vida de las personas. Muchas veces, las discusiones mencionan a las mujeres y los y las jóvenes como actores en general, dejando a las mujeres jóvenes fuera de los procesos de deliberación. La participación de las niñas y las jóvenes resulta un imperativo democrático y económico porque, cuando las adolescentes son empoderadas a participar e influir en decisiones, las políticas son más responsables, y las instituciones hacen de los resultados propuestas más sostenibles.
La perspectiva de Nicola Jones frente a esta pregunta parte de la experiencia como investigadora principal en Gender and Adolescence: Global Evidence (GAGE). En este sentido, en un contexto de recortes a la cooperación internacional, menos del 5% de la Ayuda Oficial al Desarrollo llega actualmente a las niñas y adolescentes. Por ello, propone instar a los gobiernos a destinar un mínimo del 10% de la AOD a este grupo en los próximos cinco años, financiando educación de calidad, salud, justicia y espacios seguros. Para que este compromiso sea efectivo, reclama mecanismos sólidos de rendición de cuentas, como marcadores de género y edad en los presupuestos nacionales, así como investigación longitudinal que visibilice especialmente a las niñas más vulnerables y a los movimientos liderados por las propias jóvenes.
Por su parte, Miriam Ciscar, subdirectora de Cooperación Feminista de la AECID, pone el foco en la estrategia de cooperación feminista y en la importancia de la rendición de cuentas de los gobiernos como herramienta clave de avance en los derechos de las mujeres jóvenes. En este sentido, considera fundamental avanzar en la redistribución de los cuidados y en la erradicación de la violencia. Para todo ello, Miriam considera clave que la Cooperación Feminista garantice oportunidades de financiación directa a organizaciones lideradas por mujeres y, en especial, mujeres jóvenes. Además, su participación en la definición de la agenda permite la inclusión de temas clave como la lucha contra la violencia digital y la defensa de sus derechos sexuales y reproductivos.
La Declaración de Madrid reafirma que la igualdad de género es esencial para la democracia y la paz, pero este compromiso solo será real si se garantiza la participación significativa de adolescentes y jóvenes en la toma de decisiones internacionales. Las políticas exteriores feministas deben reconocerlas como actores políticos clave, no solo como beneficiarias o como promesa de futuro.
El compromiso de aumentar y transformar la financiación para la igualdad es un avance clave, pero debe traducirse en recursos accesibles y sostenidos para organizaciones de base, incluidas las lideradas por jóvenes. Sin una financiación sostenida, flexible y directa, los avances en igualdad seguirán siendo limitados.
En un contexto global marcado por crisis múltiples, la Declaración subraya la urgencia de reforzar la protección frente a la violencia de género (incluida la violencia digital) y garantizar el acceso universal a servicios esenciales como la salud sexual y reproductiva, incluso en contextos de conflicto. Estos elementos son fundamentales para que las niñas y adolescentes puedan desarrollar su proyecto de vida en condiciones de igualdad, seguridad y dignidad.
En definitiva, la Declaración de Madrid ofrece un marco político sólido, pero corre el riesgo de convertirse en una etiqueta vacía. El reto ahora es avanzar hacia su implementación, asegurando que las niñas, adolescentes y jóvenes estén en el centro de las políticas, las decisiones y los recursos.
Plan International