Volver a sentirse segura: la historia de Naomi tras los terremotos de Venezuela
Con cinco años, Naomi recuerda el momento exacto en el que todo cambió: “Sentí que todas las paredes se iban a caer”, dice, describiendo los aterradores segundos en que dos potentes terremotos sacudieron el norte de Venezuela el 24 de junio de 2026.
En ese momento, Naomi estaba ayudando a su madre a vender pañuelos y termos en la calle en La Guaira, una de las zonas más afectadas por los terremotos. Lo que había comenzado como un día normal, se volvió rápidamente un caos.
“Estaba vendiendo con mi mamá”, recuerda Naomi. Entonces, la tierra comenzó a temblar. “Salí corriendo con ella”, cuenta. Mientras la gente corría a ponerse a salvo, el miedo se extendió por la comunidad. “Me sentía mal porque toda mi familia estaba triste”.
Para Naomi, el terremoto fue aterrador no solo por el temblor, sino por lo que vino después. Cuando por fin pudo volver a casa, encontró grietas recorriendo las paredes y daños en el suelo. Aunque sintió alivio al ver que la mayoría de sus juguetes seguían intactos, la experiencia le dejó una huella muy profunda.
Los potentes terremotos, de magnitud 7,2 y 7,5 y que se produjeron con segundos de diferencia entre sí, causaron daños generalizados en el norte de Venezuela. Según UNICEF, alrededor de 680.000 niños y niñas necesitan asistencia humanitaria urgente tras el desastre.
En las semanas transcurridas desde entonces, las réplicas han seguido perturbando a las comunidades y reavivando recuerdos dolorosos y muy recientes. Para Naomi, el miedo la ha seguido hasta en sus pesadillas. Cuenta que a veces sueña que está en la playa y que un tsunami la persigue. También le preocupa que la gente resulte herida, y recuerda cómo vio a una mujer caerse por unas escaleras durante el terremoto.
Sin embargo, en medio de la incertidumbre, Naomi está encontrando maneras de sobrellevarlo. Pasa tiempo con sus amigos, disfruta estar con su familia y cuida de su perro Chocolate que, con orgullo, explica que tiene seis años. Estas sencillas rutinas le han ayudado a recuperar una sensación de normalidad y consuelo.
Cuando se le pregunta qué la hace sentir mejor cuando tiene miedo o está triste, Naomi responde sin dudarlo: “Jugar con mis amigas”.
Mientras las familias de La Guaira siguen recuperándose de los terremotos, niños y niñas como Naomi necesitan espacios seguros donde puedan jugar y comenzar a procesar lo que han vivido. Plan International y sus organizaciones aliadas están apoyando a las comunidades afectadas por los terremotos, ofreciendo espacios seguros y apoyo psicosocial para los niños, las niñas y sus familias durante el proceso de recuperación.
Para Naomi, la recuperación sigue siendo un proceso en marcha. Pero, gracias al apoyo de su familia, de sus amigos y amigas y de una comunidad que se está reconstruyendo unida, poco a poco va recuperando esa sensación de seguridad que se vio sacudida aquel día. Su historia es un recordatorio de que, tras un desastre, la recuperación no consiste solo en reparar viviendas e infraestructuras, sino también en ayudar a los niños y niñas a recuperar la esperanza, la confianza y la libertad de simplemente volver a ser niños.
Plan International