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Las chicas que luchan contra la MGF

Supervivientes y activistas se unieron contra de la mutilación genital femenina y consiguieron prohibir esta práctica.

La MGF es una forma de violencia de género 

"Antiguamente, si no formabas parte de las sociedades Bondo y no habías sido sometida a la MGF, te discriminaban y te estigmatizaban mucho. Los padres siguen transmitiendo esta idea a sus hijas y tratan de obligar a sus hijos para que se unan a la sociedad".

La MGF roba el futuro de las chicas

"Cuando una niña es sometida a mutilación genital femenina, pierde su futuro", dice Zainab. "La MGF también hace que las niñas se vena obligadas a abandonar la escuela, porque sus padres querrán ahorrar todo su dinero para pagarlo, ya que es su rito de iniciación".

La MGF agudiza la situación de pobreza

"Las familias usarán el dinero para comprar comida para las Soweis y para todas las personas que asisten a la ceremonia de iniciación, así que, una vez finalizado este rito, los padres no tienen los recursos suficientes para seguir enviando a sus hijas a la escuela”.  
 

La MGF hace que las niñas dejen de ir al colegio

Isha fue rechazada por su familia cuando se negó a casarse

No todos los padres son tan comprensivos como los de Zainab.

Isha*, de dieciséis años, fue sometida a la MGF cuando tenía 12. Poco después le dijeron que tenía que casarse y, cuando se negó, sus padres la echaron de casa.

"Casi el mismo día que me mutilaron me dijeron que tenía que casarme. Siendo solo una niña tuve que preguntar: '¿Me tengo que casar o puedo ir a la escuela?'. La conversación que tuve con mis padres fue una batalla entre nosotros".

"Todo lo que querían era que me casara. Cuando me negué a hacerlo, me dijeron que me repudiarían, que me echarían de la familia... Fue muy difícil pasar por algo así".

Isha vive ahora en una escuela que apoya a jóvenes que, como ella, han tenido problemas con sus familias. Forma parte del “Girl Power Group” de Plan Internacional, en el que asesora a otras chicas y les habla sobre sus derechos y cómo protegerse de la mutilación genital femenina y del matrimonio infantil. Ella sueña con convertirse algún día en enfermera.
 

La MGF aumenta el riesgo de matrimonio temprano forzado y embarazo precoz

Los adultos deberían escuchar a las chicas de mi edad. Nosotras sabemos qué es lo mejor para nosotras.

Isatu*, de 15 años, fue sometida a la MGF a la edad de 10 años. Cuando sus padres murieron en 2015 debido al brote de ébola, su tía la obligó a convertirse en sowei, es decir, en una de las mujeres que dirigen las prácticas de iniciación en su comunidad. Convertida en cortadora, Isatu tuvo que mutilar a otras niñas en contra de su voluntad. 

Además, la joven fue forzada a casarse cuando tenía 13 años y, pocos meses después, se convirtió en madre. Isatu ha seguido adelante pese a todas las violaciones de sus derechos y, sobreponiéndose a las dificultades de la vida, ahora está decidida a erradicar definitivamente la práctica de la MGF en Sierra Leona. 

"Tengo una hija de dos años y nunca dejaré que la mutilen. Si alguien tratara de iniciarla, lo denunciaría. De ninguna manera lo permitiría". 

"Mi mayor esperanza para el futuro de mi hija es que pueda ir a la escuela. Si yo hubiera podido continuar con mis estudios, me hubiera encantado llegar a ser maestra. Sin embargo, tuve que abandonar cuando me convertí en sowei. No quisiera que mi hija tuviera la misma vida que yo".

La MGF puede ser traumática para las niñas

SEWANATU, 20

Con solo seis años, Sewanatu, que ahora tiene 20 años, fue sometida a mutilación genital femenina. Esta es su historia:

“Un día, cuando tenía seis años, me desperté y mi madre me dijo que fuera a visitar a mi abuela. Me prometió que haríamos muchas cosas divertidas, así que me emocioné mucho.

Todo empezó como unas excelentes vacaciones, pero unos días después mi abuela pidió que la acompañara y cuando le pregunté a dónde íbamos, me respondió: 'vas a pasar a formar parte de la familia'. 

No entendí de qué hablaba, pero la seguí y vi a otras cuatro personas. Una de ellas cogió mi pierna izquierda, otra la pierna derecha; la tercera una mano y la cuarta la otra. Abrieron mis piernas y me mutilaron.

Cuatro días más tarde vinieron para ver cómo estaba y mi abuela me dijo que había un problema: no lo habían cortado todo, así que me volvieron a agarrar y repitieron el mismo proceso".

Las generaciones más jóvenes están decididas a acabar con esta tradición

"Cuando volví a la escuela, movilicé a mis amigas y a otras personas para hablar sobre lo que se debe hacer con respecto a todas las cosas que nos afectan. Desde entonces he estado haciendo campaña", dice Sewanatu.

"En Sierra Leona, nos enfrentamos a muchos problemas: la mutilación genital femenina, el matrimonio infantil, el embarazo adolescente y también la violencia sexual, que es otro tema que quiero abordar. Son violaciones de nuestros derechos. Ahora que terminé la escuela, mi objetivo es llegar a ser médica para poder ayudar a las supervivientes”.
 

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