La Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases (IPC, por sus siglas en inglés) ha advertido de niveles de malnutrición aguda propios de una situación de hambruna en dos zonas adicionales de Darfur del Norte.
La IPC alerta hoy de que se han detectado niveles de malnutrición aguda equivalentes a una hambruna en dos nuevas localidades de Darfur del Norte: Um Baru y Kernoi. Hace apenas tres meses, la IPC ya advirtió de que la hambruna estaba presente en los estados de Darfur y Kordofán, con un alto riesgo de que estas condiciones siguieran extendiéndose.
Los niveles de malnutrición aguda identificados recientemente representan una privación extrema y potencialmente mortal, y la IPC podría confirmar oficialmente la hambruna en estas zonas adicionales en un futuro próximo. En el caso de los niños y las niñas pequeños, el peligro es especialmente grave: la malnutrición debilita de forma severa su sistema inmunitario, lo que les hace mucho más vulnerables a las enfermedades en un momento en el que los servicios sanitarios y otros servicios básicos han sido gravemente interrumpidos o, directamente, han colapsado.
La experiencia internacional demuestra que las confirmaciones oficiales de hambruna suelen llegar demasiado tarde. Miles de personas pueden haber fallecido ya, y muchos de los niños y las niñas que sobrevivan probablemente sufrirán secuelas de por vida.
Esta nueva alerta confirma lo que las comunidades y quienes responden sobre el terreno temían desde hace meses. El hambre aumenta y se cronifica en zonas a las que se impide el acceso de los actores humanitarios. Incluso en los lugares donde es posible intervenir, los recursos son drásticamente insuficientes para hacer frente a unas necesidades abrumadoras y frenar la expansión del hambre.
Plan International, junto con otras 21 organizaciones humanitarias internacionales, advierte de que otras zonas podrían estar enfrentándose a condiciones catastróficas similares. Sin embargo, la intensificación del conflicto y las severas restricciones de acceso impiden evaluaciones exhaustivas y una respuesta oportuna. Desde hace casi tres años, los actores armados en Sudán han llevado a cabo ataques deliberados contra la población civil y contra infraestructuras civiles esenciales para la supervivencia. Sudán es también escenario de una guerra implacable contra las mujeres y las niñas, que siguen enfrentándose a violencia sexual sistemática relacionada con el conflicto.
Esta violencia ha desplazado a millones de personas de sus hogares y medios de vida, ha devastado su capacidad para producir y distribuir alimentos y ha bloqueado de forma recurrente su acceso al agua, a la atención sanitaria y a los servicios de protección.
El acceso humanitario restringido, la persistente falta de financiación y la insuficiente voluntad política están confluyendo en una catástrofe que nunca debería haberse permitido. Sin un acceso inmediato y sin trabas para las operaciones humanitarias, junto con un aumento rápido de los recursos —incluidos los destinados a los actores locales—, la expansión de la hambruna no se detendrá.