- El estudio ha seguido durante 18 años la vida de 142 niñas en nueve países, ofreciendo una visión única de cómo las normas de género, la pobreza o el cambio climático influyen en sus oportunidades.
- 2 de cada 3 completan secundaria, muy por encima del nivel educativo de sus madres.
- Plan International pide reforzar las políticas que protegen los derechos de las niñas, ante el aumento de los conflictos, la crisis climática y los movimientos contrarios a la igualdad.
En las últimas dos décadas se han producido avances importantes en los derechos y oportunidades de las niñas en todo el mundo, especialmente en ámbitos como la educación y la reducción del matrimonio infantil. Sin embargo, estos progresos no se han distribuido de forma equitativa y hoy se enfrentan a nuevos riesgos que podrían frenarlos o revertirlos, según evidencia el último estudio Real Choices, Real Lives de Plan International.
“Los avances logrados en las últimas décadas demuestran que el cambio es posible, pero también que todavía no llega a todas las niñas por igual. Escuchar sus voces y situarlas en el centro de las decisiones que afectan a sus vidas es clave para proteger los derechos alcanzados y avanzar hacia la igualdad”, señaló Virginia Saiz Gómez, directora general de Plan International en España, desde la 70.º Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer de Naciones Unidas (CSW70), que se celebra esta semana en Nueva York.
La CSW es el mayor encuentro anual de Naciones Unidas dedicado a la igualdad de género y los derechos de las mujeres. En este marco, Plan International ha presentado los resultados finales del estudio Real Choices, Real Lives, una investigación pionera que durante 18 años ha seguido la vida de 142 niñas en Benín, Brasil, Camboya, República Dominicana, El Salvador, Filipinas, Togo, Uganda y Vietnam, acompañándolas desde su nacimiento en 2006 hasta que cumplieron 18 años en 2024.
Principales avances y problemáticas
Los resultados muestran avances intergeneracionales significativos. En 2024, casi dos tercios de las participantes habían completado o estaban a punto de completar la educación secundaria, y un 9 % había accedido a la universidad, superando ampliamente el nivel educativo de sus madres, la mayoría de las cuales solo habían cursado educación primaria o no habían tenido acceso a la escuela.
También se ha reducido el matrimonio infantil respecto a la generación anterior: poco más de una de cada diez niñas estaba casada o en unión antes de los 18 años, frente a casi la mitad de sus madres.
“Mis esperanzas para el futuro son continuar mis estudios, obtener diplomas, tener un trabajo y un futuro mejor”, afirmó Catherine, participante del estudio en Benín, que tenía 16 años en el momento de la entrevista.
Pese a estos avances, el informe advierte de que persisten barreras estructurales que siguen condicionando la vida de las niñas. Según los datos del estudio, el 91 % había sufrido algún tipo de violencia antes de los 11 años, una realidad que afecta a su bienestar, limita su participación y reduce sus oportunidades.
Las normas de género siguen influyendo de forma decisiva en sus vidas. De media, las niñas del estudio dedican cinco horas al día al trabajo de cuidados no remunerado, como cocinar, limpiar o cuidar de hermanos y hermanas, tareas que a menudo comienzan a asumir desde edades tempranas y que no se exige a los niños de sus familias.
Este déficit en el tiempo disponible para ellas mismas reduce sus oportunidades para estudiar, descansar o participar en la vida social. Además, muchas siguen teniendo menor acceso a servicios de salud, en parte debido a sesgos de género que priorizan las necesidades de los niños.
A estos desafíos se suman factores que amenazan con frenar el progreso logrado en los últimos años. La crisis climática, los conflictos, la presión económica sobre los hogares y el auge de movimientos contrarios a los derechos están generando entornos cada vez más difíciles para que las niñas puedan ejercer plenamente sus derechos.
“La adolescencia es un momento clave en la vida de las niñas, cuando las normas de género se vuelven más estrictas, las libertades se reducen y las desigualdades se intensifican”, explicó Keya Khandaker, responsable de investigación de Plan International.
Durante este periodo, muchas niñas se ven obligadas a limitar sus movimientos, asumir más responsabilidades domésticas o incluso abandonar sus estudios para contribuir al sustento familiar, al tiempo que enfrentan mayores riesgos de violencia, embarazo precoz o matrimonio temprano.
A pesar de estas barreras, las participantes en el estudio también expresaron aspiraciones claras para su futuro. Muchas afirmaron que quieren vidas diferentes a las de sus madres, con carreras en medicina, derecho, ingeniería, docencia, negocios o servicio público, y con la determinación de no casarse ni tener hijos a una edad temprana.
El informe concluye que garantizar el acceso de las niñas a educación, protección y oportunidades a lo largo de su adolescencia es clave para consolidar los avances logrados y avanzar hacia la igualdad de género. Las propias participantes subrayaron la importancia de contar con espacios donde puedan alzar su voz, participar en la toma de decisiones y acceder a programas y recursos que fortalezcan su autonomía y resiliencia.