El aumento de la violencia sexual como arma de guerra, junto a los ataques armados y una hambruna extrema, está confinando a las niñas y adolescentes de Darfur Norte (Sudán) a una vida de aislamiento casi total. La ONG humanitaria Plan International advierte de que la inseguridad, la falta de alimentos y el colapso de los servicios básicos están destruyendo el presente y el futuro de toda una generación.
Las adolescentes de Tawilla y Dar El Salam, en Darfur Norte, viven en un aislamiento casi total. Permanecen confinadas en sus hogares o en campamentos de desplazamiento y solo salen durante el día, cuando se sienten más seguras, según un nuevo Análisis Rápido de Género de Plan International. Las violaciones, la explotación sexual, los abusos, el acoso y la violencia, junto con la amenaza constante de los grupos armados, han restringido gravemente su movilidad y las han desconectado de la educación, los servicios de salud y la vida comunitaria.
Este confinamiento forzado se produce en un contexto de emergencia alimentaria extrema. Darfur Norte se encuentra entre las zonas más afectadas por la hambruna en Sudán, con tasas alarmantes de desnutrición infantil. En áreas como Kornoi y Um Baru, se estima que cinco de cada diez niños y niñas sufren hambre severa, lo que incrementa aún más la presión sobre las familias y expone a las niñas a riesgos adicionales de violencia, explotación y abandono escolar.
En este contexto, Plan International ha logrado convertirse en la primera ONG internacional en entregar ayuda alimentaria en la zona de Kornoi, desde el cierre de la frontera entre Chad y Sudán el pasado febrero. La operación, posible gracias a complejas negociaciones con todas las partes del conflicto, ha permitido a Plan International distribuir 12.000 paquetes de alimentos —con arroz, alubias, aceite y azúcar— en una zona afectada tanto por la hambruna como por los combates activos, tras complejas negociaciones con las partes en conflicto.
Esta intervención llega en un momento crítico para un país que depende en gran medida de las importaciones para garantizar el suministro de alimentos, combustible —clave para el riego y el transporte— y fertilizantes, justo cuando se aproxima la temporada de lluvias y la inseguridad regional amenaza con agravar aún más la crisis.
Según el informe, las niñas son especialmente vulnerables cuando recogen leña, atraviesan valles o se desplazan a mercados, centros de distribución de ayuda o a la escuela, espacios identificados de forma recurrente como zonas de alto riesgo por la presencia de grupos armados. A ello se suma la sobrecarga de cuidados, las tareas domésticas y la necesidad de realizar pequeños trabajos para contribuir a la supervivencia familiar, lo que profundiza su agotamiento emocional y su aislamiento social.
De las adolescentes entrevistadas, el 88,3 % afirmó que, aunque sabía dónde denunciar la violencia sexual y de género, el miedo al estigma y la debilidad de los servicios de respuesta les impedían buscar ayuda.
El impacto sobre la educación es devastador: el 75 % de las y los adolescentes están fuera de la escuela, sobre todo ellas. Muchos centros educativos han sido ocupados por familias desplazadas, están saturados o han quedado inutilizados, lo que cierra de facto el acceso de las niñas a espacios que antes ofrecían protección y estabilidad. El 45 % señaló como motivos para abandonar la escuela el matrimonio, el trabajo agrícola, la ausencia de escuelas o profesorado, la falta de rutas seguras o una pérdida progresiva del interés por aprender.
La crisis también afecta de forma directa a la salud y la dignidad de las niñas. Algunas afirmaron no tener acceso a kits de dignidad, productos de higiene menstrual ni a instalaciones sanitarias seguras y privadas. Solo el 3,3 % de las niñas tiene acceso a productos menstruales.
“Las niñas de Sudán están creciendo sin lugares seguros donde aprender, recuperarse o soñar”, afirmó Mohamed Kamal, director de país de Plan International en Sudán. “Es casi como si estuvieran encarceladas, atrapadas entre la violencia y el hambre, sin seguridad ni apoyo. Esta crisis de aislamiento está destruyendo silenciosamente su futuro”.
Plan International insta a una acción inmediata y coordinada para proteger y empoderar a las adolescentes. Entre otras medidas, pide la creación de espacios seguros, el refuerzo de los servicios de atención a supervivientes de violencia sexual y de género, la recuperación del acceso a la educación, la promoción de medios de vida dignos para las familias y la participación activa de niñas y niños en las soluciones, sin dejar a nadie atrás.
Plan International continúa trabajando en Darfur Norte para defender los derechos, la seguridad y el futuro de las niñas y jóvenes, y hace un llamamiento urgente a la comunidad internacional para evitar que toda una generación quede atrapada entre la violencia, el hambre y el abandono.