Sudán sigue enfrentándose a la peor crisis humanitaria del mundo, y son las niñas y las mujeres quienes soportan la carga más pesada de un conflicto prolongado que no deja de intensificarse.
Se estima que 12 millones de personas —una cuarta parte de la población— están en riesgo de sufrir violencia de género, incluyendo violaciones y agresiones sexuales. Estos riesgos se ven agravados por el colapso del sistema sanitario: los ataques contra hospitales y centros de salud, cada vez más frecuentes y a menudo mediante drones, están reduciendo drásticamente la capacidad de atender a las supervivientes justo cuando estos crímenes se cometen de forma generalizada. Muchas de ellas se quedan sin acceso a atención médica de emergencia, apoyo psicosocial o protección legal.
Al mismo tiempo, el conflicto está desmantelando el sistema educativo. Más de 14 millones de niños y niñas —en su mayoría niñas— no pueden asistir a la escuela. Los centros educativos han sido dañados, ocupados o atacados deliberadamente, en violación del derecho internacional humanitario. Según investigaciones de Plan International, entre la infancia fuera del sistema educativo ha aumentado el número de niñas que señalan el matrimonio como principal motivo para abandonar la escuela desde el inicio de la guerra. Una generación entera está siendo apartada de las aulas, lo que incrementa su riesgo de explotación, embarazo precoz y pobreza a largo plazo.
La crisis se agrava en un contexto de desplazamiento masivo y colapso de servicios básicos. Más de 12 millones de personas han sido desplazadas —muchas de ellas en múltiples ocasiones—, y 4 están ya refugiados en otros países limítrofes, mientras las líneas del frente continúan cambiando. Mientras, la intensificación del conflicto en Oriente Medio, la interrupción del tráfico marítimo en el mar Rojo y el cierre de la frontera con Chad están contribuyendo al aumento de los precios de los alimentos en un momento en que muchas familias ya se encuentran al límite.
“Este conflicto ha devastado Sudán. La juventud está perdiendo el acceso a la educación, los hospitales están en ruinas y las comunidades se están desintegrando. Las consecuencias a largo plazo se sentirán durante generaciones si no actuamos ahora”, afirmó Mohamed Kamal, director de Plan International en el país.
Decenas de miles de personas —según cifras oficiales, aunque se estima que son muchas más— han muerto desde el inicio del conflicto. A medida que entra en su cuarto año, la violencia continúa extendiéndose por todo el país, más recientemente hacia el estado de Nilo Azul. Los ataques con drones contra escuelas y hospitales son cada vez más frecuentes, especialmente en la región de Kordofán.
Las condiciones cercanas a la hambruna se han extendido a nuevas zonas del país: más de 21 millones de personas enfrentan inseguridad alimentaria aguda. Los niños y niñas, cuyos sistemas inmunitarios aún no están plenamente desarrollados, y las mujeres, que a menudo son las últimas en recibir alimentos en contextos de escasez, enfrentan mayores riesgos para su salud.
Cuando los combates llegaron a su aldea, Rania, de 15 años, huyó con su familia a Chad. Ahora viven en el campamento de Aboutengue, junto a otros 46.000 refugiados sudaneses.
“Por la noche no hay luz ni electricidad. No me gusta salir por la noche. No me siento segura aquí; es peligroso para las niñas por la noche. Podemos oír disparos”, relató.
Plan International y sus socios en el este de Chad han construido dos espacios temporales de aprendizaje y dos espacios seguros para la infancia en Aboutengue. Estos espacios buscan promover la salud mental, el bienestar psicosocial, el juego y la interacción social.
“Ir a la escuela y usar el centro me está ayudando a llevar una vida más normal”, añadió Rania.
En un contexto en el que la atención de líderes mundiales y donantes se centra cada vez más en Oriente Medio, es fundamental que Sudán no caiga en el olvido. Nuestro personal continúa trabajando en todo el país a pesar de los grandes riesgos personales: más de 120 trabajadores humanitarios han sido asesinados desde el inicio del conflicto. Al mismo tiempo, los convoyes humanitarios se enfrentan a un laberinto de controles, amenazas de drones y cierres fronterizos, lo que deja alimentos y suministros bloqueados mientras las necesidades se disparan.
Se estima que más de 30 millones de personas necesitan asistencia humanitaria urgente, y el plan de respuesta sigue estando gravemente infra financiado.
Respuesta de Plan International a la crisis regional
Plan International está respondiendo en el este de Sudán, en el estado de Nilo Blanco, en Kordofán Norte, Kordofán Sur y Darfur Norte, todas ellas zonas que han sufrido intensos combates. Nuestro trabajo se centra en la protección de la infancia, la educación, el apoyo a supervivientes de violencia sexual y de género y la provisión de asistencia alimentaria.
El conflicto ha devastado infraestructuras clave del país: escuelas, hospitales, sistemas de agua y mercados han sido dañados o destruidos, lo que supone un retroceso de décadas en el desarrollo y erosiona las oportunidades para la próxima generación.
Más de 4 millones de personas sudanesas han huido a países vecinos, incluidos Etiopía, Sudán del Sur y Chad, donde Plan International también trabaja. En estos contextos, las niñas y las mujeres enfrentan riesgos similares de violencia, explotación y matrimonio forzado, a menudo en campamentos masificados y asentamientos informales con servicios limitados.
“Necesitamos una respuesta humanitaria ampliada de forma drástica. Esto solo será posible con una mayor financiación, en un momento en que los presupuestos de ayuda se están reduciendo. Sin respaldo financiero, se perderán vidas —y el futuro de las niñas y las jóvenes en Sudán—”, concluyó Kamal.