Un año después del terremoto de Myanmar, miles de niñas y mujeres siguen en riesgo mientras la recuperación avanza lentamente

  • Más de 219.000 personas —el 55% mujeres y niñas— han recibido apoyo de la ONG humanitaria Plan International desde el terremoto que sacudió Myanmar hace un año.
  • Las necesidades siguen siendo urgentes: refugio seguro, acceso a educación, protección frente a la violencia y medios de vida para la reconstrucción

Un año después del terremoto de magnitud 7,7 que golpeó Myanmar el 28 de marzo de 2025, millones de personas continúan viviendo en condiciones precarias, muchas de ellas en refugios temporales sin privacidad y con acceso limitado a agua potable, saneamiento, educación y servicios de salud, alertó hoy la ONG Plan International.

La falta de espacios seguros y servicios básicos sigue exponiendo especialmente a mujeres y niñas a riesgos como la violencia de género, mientras que miles de niños y niñas continúan sin acceso a una educación en condiciones adecuadas. A esto se suman la pérdida de ingresos, el aumento del coste de vida y el deterioro de la seguridad alimentaria. El país ha sido identificado como posible foco de hambre en los próximos meses.

El terremoto dejó al menos 3.768 personas fallecidas, más de 5.100 heridas y afectó a más de 17,2 millones de personas en todo el país. Más de 50.000 viviendas fueron destruidas o gravemente dañadas y hasta ahora solo alrededor de la mitad de las familias ha podido iniciar el proceso de reconstrucción.

Mujeres y niñas, en el centro de una crisis prolongada

Un año después, el impacto de la crisis sigue siendo desproporcionado para mujeres y niñas. Las condiciones en los refugios temporales —con escasa privacidad y seguridad— han incrementado su exposición a la violencia, mientras que la interrupción de los servicios sanitarios ha reducido el acceso a atención materna y de salud sexual y reproductiva.

Las adolescentes, además, enfrentan mayores obstáculos para continuar su educación, lo que compromete sus oportunidades a largo plazo.

Infancia marcada por la interrupción educativa y el trauma

El terremoto también alteró profundamente la vida de millones de niños y niñas. Muchas escuelas resultaron dañadas o destruidas, obligando a continuar las clases en espacios temporales o infraestructuras deterioradas, sin condiciones adecuadas de seguridad ni aprendizaje.

El impacto emocional sigue siendo una de las consecuencias más persistentes de la crisis. El miedo, la ansiedad y el trauma continúan presentes en muchas familias, como la de Wai. Madre de dos niñas, lo recuerda como “una pesadilla”. Estaba cuidando de su bebé cuando el terremoto sacudió su comunidad, dejando a su hija mayor herida y a ambas profundamente asustadas. En los días posteriores, su hija pequeña apenas podía dormir.

“Después de ese día, todo se volvió más difícil. Los precios subieron y desaparecieron las oportunidades de trabajo. Ya no podía seguir con mi negocio de costura. No teníamos ingresos”, explica.

La pérdida de medios de vida es una realidad extendida: solo alrededor del 45% de los negocios afectados ha logrado recuperar su actividad previa al terremoto.

En el caso de Wai, el apoyo de Plan International ha sido clave para empezar a reconstruir su vida. Sus hijas accedieron a espacios seguros donde pudieron jugar, aprender y recibir apoyo emocional, mientras que una ayuda económica le permitió cubrir necesidades básicas y retomar su pequeño negocio.

“Sin este apoyo, no sé cómo habríamos sobrevivido”, afirma. “Ver a mis hijas reír y jugar de nuevo es el mayor regalo”.

Sin embargo, factores como el déficit de financiación a la respuesta o el calor extremo en los meses previos al monzón y la llegada de la temporada de lluvias amenazan con empeorar aún más las condiciones de vida.

Respuesta humanitaria sostenida más allá de la emergencia

Desde el inicio de la emergencia, Plan International ha proporcionado asistencia vital y ha acompañado a las comunidades en su recuperación. En total, más de 219.000 personas han recibido apoyo, incluyendo distribución de alimentos y artículos básicos, kits de refugio e higiene y acceso a agua potable y saneamiento, alcanzando a decenas de miles de familias.

El apoyo psicosocial ha sido clave, con más de 45.000 personas atendidas para hacer frente al trauma. Además, más de 18.000 niños y niñas han accedido a espacios seguros donde jugar, aprender y recuperar la normalidad.

En los meses posteriores al desastre, la organización ha reforzado su trabajo en educación, protección infantil y recuperación de medios de vida, mediante la creación de espacios temporales de aprendizaje, apoyo a escuelas y ayudas económicas a más de 41.000 personas para cubrir necesidades básicas y reactivar ingresos.

Plan International hace un llamamiento a la comunidad internacional para mantener y reforzar el apoyo a las comunidades afectadas, con el objetivo de que las niñas, niños y sus familias puedan reconstruir sus vidas con dignidad y oportunidades de futuro.