En las comunidades costeras de Samar Oriental, donde las tormentas llegan con frecuencia desde el Pacífico y las familias trabajan constantemente para reconstruir lo que el clima amenaza con llevarse, Athena, de 19 años, ha crecido rodeada de dos constantes: el servicio comunitario y el apoyo sostenido del apadrinamiento.
Athena, la pequeña de la familia, vive con sus padres: su madre es concejala del barangay y su padre, árbitro de baloncesto. El liderazgo, dice, siempre ha formado parte de su vida en el hogar. Por eso no sorprende que esté cursando segundo año de un grado en Desarrollo Comunitario, decidida a seguir los pasos de sus padres.
Pero el primer contacto de Athena con el compromiso comunitario fue mucho antes de la universidad. Comenzó cuando se convirtió en una niña apadrinada. “Al inicio de cada curso, recibíamos material escolar”, recuerda. “No teníamos que preocuparnos por comprarlo. Los voluntarios y las voluntarias de la comunidad nos cuidaban mucho y apoyaban nuestra educación”. Para muchas familias de Samar Oriental, una de las regiones más vulnerables ante los fenómenos climáticos extremos donde Plan International desarrolla su trabajo a largo plazo, este tipo de apoyo puede marcar la diferencia entre que un niño o una niña prospere en la escuela o se quede atrás.
Estos fondos, aportados por miles de padrinos y madrinas de todo el mundo, no solo benefician a un niño o una niña en particular, sino que se canalizan hacia proyectos comunitarios más amplios: programas educativos, iniciativas de salud y saneamiento, formación en protección infantil y planificación ante desastres. Athena lo vivió en primera persona. “Al formar parte de una comunidad apadrinada, la gente tiene más conciencia sobre la salud mental. Recibimos muchos beneficios como comunidad: estamos preparados ante desastres, conocemos nuestros derechos como niños y niñas, y nos relacionamos en igualdad independientemente del género u orientación sexual”.
Del apadrinamiento al liderazgo juvenil
Su propia historia refleja los cambios en su comunidad. Cuando piensa en cómo era de niña, se describe tímida y reacia a hablar fuera de su círculo cercano. Eso cambió gracias a los talleres y sesiones de formación. Uno de ellos fue Young Hearts Media, una iniciativa liderada por jóvenes que los forma en fotografía, cine y narración digital.
“En Young Hearts aprendí a usar una cámara réflex”, dice, con visible orgullo por la habilidad que la llevó a documentar sus propias experiencias y las historias de otras personas en su comunidad. Para niños, niñas y jóvenes como Athena, que muestran capacidad de liderazgo o talento para la comunicación, el programa actúa como un puente entre el apadrinamiento y la defensa juvenil: de ser apoyada a apoyar a otros.
En 2022, ese camino la llevó hasta Manila. Allí, durante el evento anual Girls Take Over, asumió un rol que pocos y pocas adolescentes podrían imaginar para sí mismos: ser directora general de Plan International en Filipinas por un día. La experiencia la introdujo en reuniones de liderazgo, la expuso al trabajo de la organización a nivel nacional y, según ella misma, fortaleció su confianza. “Cuando me dieron la oportunidad de ir a Manila, asumí el cargo de directora nacional de Plan International. Me he vuelto más abierta y accesible. Antes era muy tímida, pero ahora poco a poco estoy aprendiendo a desarrollarme y a hacer amistades”.
Una líder para la próxima generación
Athena es la primera en subrayar que el impacto del apadrinamiento va mucho más allá de cada niño o niña. “No solo mejoro yo”, afirma. “La comunidad entera se desarrolla también. Para mí, ser una niña apadrinada es un privilegio: estás protegida y cuidada”. A través de talleres sobre salud sexual y reproductiva, igualdad de género y derechos de la infancia, se siente preparada para entender y reivindicar su lugar como mujer joven en su comunidad.
De cara al futuro, las aspiraciones de Athena vuelven al punto de partida: servir a su comunidad, tal y como su madre ha hecho durante años. “Ella me inspira”, dice Athena. “Gracias a ella, yo también quiero ayudar a los demás”.
Con su creciente confianza, su formación en desarrollo comunitario y la resiliencia forjada en años de pertenecer a una comunidad apoyada y empoderada, Athena ya está bien encaminada. No solo para seguir los pasos de su madre, sino para convertirse en un referente para la próxima generación de niñas que crecen en Samar Oriental.

