En una pequeña aldea en Alto Egipto, algunas tradiciones dañinas han marcado la vida de las mujeres durante generaciones. La mutilación genital femenina sigue estando arraigada a normas culturales, a pesar del devastador impacto en la salud y los derechos de las niñas. Para Shawqia, de 44 años, estas prácticas un día fueron normales, hoy, lucha para acabar con ellas.
En Egipto, millones de niñas siguen en riesgo de sufrir mutilación genital femenina, una práctica que persiste a pesar de las prohibiciones legales y las campañas de concienciación. Aunque la prevalencia entre niñas y adolescentes de entre 15 y 19 años se ha reducido del 98 % en 1995 al 70 % en 2015, el crecimiento de la población implica que cada año muchas de ellas continúan expuestas a esta violación de derechos humanos, especialmente en contextos de exclusión, con un acceso limitado a la educación y a servicios básicos.
Cuando Shawqia aprendió acerca del Taqat Nour, un proyecto comunitario liderado por Plan International para eliminar la mutilación genital femenina y promover la Igualdad de género, todo cambió. “Fui una de las primeras mujeres en participar en la segunda fase del proyecto. Asistí a formaciones en las que aprendí sobre la discriminación y el acoso, además de aprender a prevenir la mutilación genital femenina y el matrimonio infantil”.
A través de sesiones de concienciación, Shawqia descubrió los graves riesgos de la mutilación genital asociados a la salud y al trauma psicológico. También aprendió sobre las implicaciones legales para aquellos que lo llevan a cabo. “Con el paso del tiempo me di cuenta de lo peligrosa que es esa práctica, y decidí rechazarla completamente”, explica.
Pronto, Shawqia se enfrentó a una situación que corroboró su compromiso. “Un día, mientras visitaba a unos conocidos en otro pueblo, me quedé sin palabras al enterarme de que una de las vecinas quería hacer la ablación a sus dos hijas. No me podía quedar callada, y hablé con ellos sobre los peligros de la mutilación genital y el verdadero significado de protección”.
Shawqia alertó a la familia acerca de las consecuencias psicológicas y para la salud de sus hijas, y dejó claro que denunciaría el caso si el procedimiento seguía adelante. “Expliqué las consecuencias penales que podrían enfrentar por cometer ese crimen, asegurándoles que, si me enteraba de que había pasado, llamaría inmediatamente al teléfono de protección infantil”.
Su persistencia mereció la pena, y la familia pospuso el procedimiento y habló con un médico, que les avisó de los peligros de la mutilación genital femenina. “Estoy agradecida de que esas niñas no hayan sufrido la ablación de momento” cuenta Shawqia satisfecha.
El proyecto se enfoca en empoderar a las niñas y mujeres jóvenes de Alto Egipto, particularmente en Assiut, una de las regiones más conservadoras. Implicando a las familias, los líderes religiosos, el personal médico y las organizaciones locales, Taqat Nour enfrenta prácticas dañinas como la mutilación genital femenina y el matrimonio temprano, equipando a las niñas con el conocimiento y la confianza para participar en las decisiones que les afectan.
Acabar con la mutilación genital femenina requiere de algo más que concienciación, demanda acción colectiva. A través de este tipo de iniciativas, mujeres como Shawqia están rompiendo los ciclos de violencia y discriminación, demostrando que, cuando las comunidades se unen, las tradiciones se pueden transformar. “Hoy, estoy orgullosa de mi activismo contra esta práctica y de concienciar sobre los peligros que tiene para la vida de las niñas”.


