HISTORIAS DE APADRINAMIENTO: EXPERIENCIAS DE NUESTROS VOLUNTARIOS Y NIÑOS Y NIÑAS APADRINADOS DURANTE LA PANDEMIA

Los niños y niñas más mayores se quedan en casa para ayudar a sus padres. Este año, muchas familias se están enfrentando a grandes obstáculos y están muy preocupadas.

Luong, comuna de Ba Tang, distrito de Huong Hoa, provincia de Quang TriLa vida, el trabajo y las actividades diarias de los voluntarios de la comunidad, los niños apadrinados y sus familias está siendo bastante difícil. Algunos son más negativos, y están preocupados por el futuro. Las cosechas y el trabajo en el campo no están siendo atendidos. Nuestros niños y niñas no van a la escuela, lo que afecta a sus estudios y también a su futuro. La conciencia sobre la importancia de continuar con los estudios de los niños y niñas pertenecientes a minorías étnicas es baja, y su capacidad de aprendizaje es limitada.Los niños y niñas más mayores se quedan en casa para ayudar a sus padres. Este año, muchas familias se están enfrentando a grandes obstáculos y están muy preocupadas. Yo también siento lo mismo. Los niños de preescolar están muy tristes por el todo el tiempo que pasan en casa. Los niños más pequeños quieren volver a la escuela, porque, si siguen sin así, tendrán que acompañar a sus padres a cultivar en las colinas. El clima es muy caluroso; no ha llovido en los últimos meses y es muy difícil trabajar en las colinas. La mayoría de los niños y niñas quieren volver a la escuela.Thuy, comuna de Huong Loc, distrito de Huong Hoa, provincia de Quang Tri

La mayoría de las personas se han quedado en casa durante el confinamiento. Sus granjas de plátanos están en Laos y tienen muchas dificultades para llegar hasta ellas. Los niños y las niñas se tienen que quedar en casa, y los más mayores corren el riesgo de abandonar la escuela. Algunos extrañan a sus amistades y profesores, y están preocupados por sus estudios porque no saben si podrán seguir las clases o no, algo que preocupa especialmente a los estudiantes del último año de primaria. Algunos de ellos podrían dejar de estudiar para siempre.

Gai, comuna de Mo O, provincia de Quang Tri

Desde el estallido de la pandemia en el mundo, especialmente desde que se registraron los primeros casos en Vietnam, he estado muy preocupado. En los últimos días del confinamiento, la gente se ha tenido que enfrentar a muchas dificultades. No puedo llevar mi negocio como antes.

Mi trabajo como voluntario de la comunidad también se ha visto afectado. Salir a recoger las cartas es más difícil. Llevo mascarilla cuando reparto las cartas a los niños y niñas, y les pido que se laven las manos más a menudo. Durante este tiempo, todo es más difícil, principalmente usamos el teléfono para comunicarnos con las familias de los niños apadrinados. A pesar de todos los obstáculos a los que nos enfrentamos, hacemos todo lo posible para continuar con nuestro trabajo y seguir las recomendaciones. Esperamos que la pandemia de la COVID-19 se controle pronto.

Cam, estudiante de secundaria

Como tengo que estar todo el rato en casa, me aburro. No puedo ir a la escuela o salir y juntarme con amigos como antes. Debo quedarme en casa para detener la propagación del virus.

Dedico mi tiempo a ayudar a mis padres con las tareas domésticas, a hacer mis deberes y a seguir las clases online. También veo las noticias sobre la COVID-19 en la televisión. En mi opinión, todos deberíamos ser conscientes de la importancia del distanciamiento social para detener la propagación del coronavirus. En caso de que tengamos síntomas como fiebre o tos, deberíamos llamar al centro sanitario y autoconfinarnos en casa. En mi pueblo, las autoridades locales ofrecen información sobre prevención a través de altavoces. También distribuyen mascarillas y jabón a las familias.

Quynh, estudiante de secundaria

Me he sentido muy triste durante todo este tiempo. No puedo salir. Echo de menos a mis amigos e ir a la escuela. Durante el confinamiento, he visto la tele y he escuchado mucho a mis padres hablar sobre la pandemia y sobre los fallecidos. Estoy muy preocupado y asustado y, por eso, me lavo las manos con jabón más a menudo. En mi aldea, nos dan jabón y geles hidroalcohólicos, y el personal sanitario nos enseña cómo lavárnoslas bien. Espero que la pandemia se controle pronto para que podamos ir a la escuela con normalidad y mis padres puedan volver al trabajo.

Kim, estudiante de secundaria 

He oído que el coronavirus es muy peligroso y puede causar la muerte. La gente debería quedarse en casa para prevenir su propagación. Todos los días, veo noticias en la televisión sobre el aumento del número de fallecidos; estoy tan preocupada. El coronavirus no sólo causa la muerte, sino que también afecta el trabajo de mis padres y a mis estudios. Me he quedado en casa durante unos meses y extraño a mis amigas.

No estoy segura de si podré recordar todas las asignaturas cuando vuelva a la escuela. Espero que la gente de todo el mundo se una para prevenir el coronavirus; se lave las manos frecuentemente; use mascarilla y evite salir en la medida de lo posible.

Padrinos sin fronteras

Esta historia comienza cuando Careline tenía apenas cuatro años, vivía en Cali, Colombia, y fue apadrinada por Plan International. A través de las cartas conoció a su padrino, quien se convertiría en su ángel de la guarda y su apoyo por el resto de su vida. George es un hombre mayor, canadiense, ferviente defensor de los derechos humanos y con un corazón enorme. La relación con Careline fue constante a través de las cartas, en las que le contaba sobre su trabajo y sobre las otras tres personas que apadrinaba en otros países. Cuando Careline terminó el bachillerato le contó a su padrino que estaba muy triste porque, aunque deseaba con todo su corazón estudiar una carrera, la situación económica de su familia no era la mejor, su padre era vigilante, su madre ama de casa y tenía dos hermanos menores que ella.  Fue entonces cuando Careline, que para entonces ya tenía 17 años, recibió una comunicación de su padrino en la que le decía que quería ayudarle a cumplir sus sueños. Consciente de la situación económica de Careline, George también enviaba a la joven un dinero extra para el transporte, la alimentación y los materiales necesitase. De este modo, se forjó una relación de absoluta confianza: “yo le escribía constantemente, le contaba cómo me iba, le mandaba mis notas porque sentía ese compromiso; esa obligación de tener que aprobar todo con buenas notas”, cuenta. Gracias al apoyo de su padrino, Careline logró finalizar sus estudios de abogacía. Hoy tiene 36 años, es madre de un niño de 8 años, está casada y cuenta con una especialización en derecho administrativo. Está vinculada a la Secretaría de Cultura de la ciudad de Cali y está montando su propio negocio de asesoría jurídica. Careline siente que la oportunidad que le brindó su padrino no sólo le abrió las puertas a ella, sino a toda su familia. “Tengo dos hermanos, al abrirse la posibilidad de estudiar para mí, mis hermanos dijeron ‘nosotros también podemos’ y, con mucho esfuerzo, lo lograron. Incluso mi mamá pudo terminar su bachillerato y, más adelante, se convirtió en locutora y comunicadora”, narra muy emocionada. Hasta hace muy poco tiempo, Careline tuvo comunicación con su padrino.  Nunca tuvieron la oportunidad de conocerse en persona, pero se consolidó una relación de confianza, de cariño, de respeto y de mucho amor entre los dos. George nunca tuvo hijos biológicos, pero sí cuatro apadrinados de los que seguramente se sentirá orgulloso. A los cuatro los ayudó con sus estudios superiores y hoy, todos son abogados como

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6 meses de los huracanes Iota y Eta: ¿cuál es la situación en Guatemala?

“Como todo el mundo sabe, a finales del año pasado tuvimos lluvias torrenciales. Nuestra comunidad se inundó y muchos de nosotros lo perdimos todo: nuestras casas, todo aquello por lo que habíamos trabajado duro, las cosechas, la comida… Afortunadamente, tanto nosotros como nuestras familias estamos bien”, nos cuenta Edgar, de 16 años. Los huracanes Eta e Iota provocaron inundaciones y destruyeron comunidades enteras en Guatemala y otros países de Centroamérica, afectando a 3,5 millones de niños y niñas. En un contexto pandémico como el actual, las comunidades se enfrentan al reto de reconstruir sus vidas y adaptarse a los nuevos retos derivados de los huracanes. Nos lo cuenta Hydely, una de las niñas beneficiarias de Plan International: “Con el primer desprendimiento, nos asustamos mucho; mis padres y mis cuatro hermanos mayores tuvimos que salir corriendo de casa, no pudimos coger nada. Cuando estábamos saliendo, nos hicimos un poco de daño, tuvimos que pasar por otra casa que también se estaba cayendo, y después vi como la tierra se tragaba nuestra casa. También vimos que la casa de mis primos se estaba derrumbando y ellos no podían salir, nos sentimos muy tristes. Mis tíos murieron y mis primos se quedaron solos. Me hice mucho daño en las piernas cuando salí corriendo, pero, por suerte, estamos vivos”, relata Haydely, de 9 años. Desde el primer momento, Plan International respondió a la emergencia, proporcionando asistencia directa en algunos de los municipios más afectados. Seis meses después, hemos prestado apoyo a casi 40.000 personas de 24 municipios de Guatemala. Para ayudar a las familias más afectadas a recuperarse, hemos distribuido transferencias en efectivo a más de 6.500 familias. “Con estas ayudas, hemos podido comprar algo de maíz, frijoles y verduras para cocinar y también algo de ropa para mis hijos, porque lo perdimos todo con las inundaciones. Mis hijos todavía llevan la ropa que la gente donó tras el desastre”, dice Alfredo, de 43 años. La mayoría de familias utilizaron este dinero para comprar alimentos, medicinas, materiales de construcción, semillas y fertilizantes y para pagar deudas. Otros compraron ropa, zapatos y material escolar para sus hijos e hijas. “Plan Internacional nos ha apoyado en este momento tan doloroso. Gracias a sus charlas, estamos superando poco a poco el daño emocional que nos ha provocado todo esto; poco a poco estamos olvidando. Sobre todo, estoy agradecida por todo el apoyo que han dado a nuestros hijos e hijas. Verlos jugar y cantar felices también nos hace felices a nosotros”, explica Josefina, de 42 años. Prestamos atención psicosocial en 14 espacios amigos de la infancia que cuentan con equipos de psicólogos que trabajan con los niños, niñas y adolescentes, utilizando metodologías lúdicas y recreativas para ayudarles a superar el trauma. En el caso de las personas adultas, promovemos los cuidados, la protección, la salud, la nutrición y la recuperación emocional de los niños y niñas. En total, 3.805 personas se han beneficiado del este poyo y, de ellas, el 65% son niños, niñas y adolescentes.  “Me gusta mucho ir a los talleres de Plan International porque aprendo mucho y me hacen feliz. Mi papá también participa en las charlas sobre cómo cuidar nuestra comunidad y ahora sabe qué hacer si hay otra emergencia (…) todo gracias a Plan International”, concluye

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