La vida de Sam Phou cambió para siempre a los 17 años, cuando el matrimonio infantil truncó sus sueños de seguir estudiando. Creció en la provincia de Stung Treng, en Camboya, donde siempre destacó por ser una alumna excepcional. “Mis amigas y profesoras me felicitaban a menudo por mis resultados en clase, y quería ser profesora después de graduarme.”
A pesar de sus sueños y aspiraciones, las expectativas culturales dictaron su futuro: “Cuando estaba en el undécimo curso, conocí a un chico y decidí confiar en él. Después de un año, sucedió algo para lo que ya no había vuelta atrás. Según mi cultura, la única solución a ese problema es casarse”.
Abandono escolar
Presionada por su familia y las tradiciones, Sam Phou se casó joven, y pronto se convirtió en madre. Su educación acabó de forma abrupta, y los problemas económicos no tardaron en aparecer. “Yo no tenía dinero para ir al colegio. La familia de mi marido no es rica, así que ellos no me podían ayudar”.
“Estaba muy enfadada y arrepentida de no haber podido cumplir mi sueño. Quería ser profesora para hacer felices a mis padres, pero fallé”. Sam Phou se sintió desolada y avergonzada por no poder vivir lo mismo que sus amigas que seguían estudiando.
La formación profesional como segunda oportunidad
Todo cambió cuando se enteró de un programa de formación profesional. “Decidí apuntarme al curso de formación en salón de belleza. Me cubrían todos los gastos escolares y, cuando llegué a clase, estaba muy emocionada”. Con la determinación y el apoyo de su familia, Sam Phou aprendió nuevas habilidades y recuperó su confianza. “Me convencí de que, si no lo intentaba, no tendría un buen futuro. También pensaba en mi hijo, y en que él no sabía lo que estaba pasando”.
Gracias a su perseverancia, Sam Phou dirige hoy su propio salón de belleza y tiene ingresos estables. “Abrir el negocio me ha cambiado la vida. Antes, solo hacía tareas del hogar y ahora puedo conocer a gente nueva, vivir experiencias en el mundo real, y desarrollarme laboralmente. Ahora puedo ganar de 40 a 50 miles de rieles por mí misma, mientras que antes no ganaba nada”.
La independencia económica ha transformado el día a día de su familia. “Antes no podía comprar nada para mi hijo, pero ahora tiene ropa y accesorios nuevos cada mes. También le puedo dejar en la guardería y comprar medicamentos”.
Mas allá de los ingresos, Sam Phou ha encontrado un propósito y está orgullosa. “Tener esa habilidad ha mejorado mi confianza y reputación, ahora mucha gente me reconoce”.
El matrimonio infantil en Camboya: una realidad que persiste
El 25 % de las chicas se casan antes de los 18 años en la provincia de Sam Phou. El matrimonio temprano en ocasiones da lugar a riesgos para la salud, violencia de género, y desafíos económicos. Plan International trabaja para cambiar esta realidad, proporcionando educación, formaciones profesionales y conexiones comunitarias que empoderen a las jóvenes.
Ahora, con 21 años, Sam Phou es activista por el cambio. “A todo el mundo que esté pensando en casarse pronto, yo le diría que no lo hiciera. No son capaces aún, ni tienen la suficiente experiencia en la vida, y eso implica que se enfrentarían a retos como problemas de salud o falta de ingresos demasiado pronto”.
También cuestiona las costumbres dañinas: “Ser una chica no es una debilidad. Creo que con esfuerzo pueden conseguir lo mismo que los chicos”. Su visión del futuro es clara: “Quiero que mi hijo tenga un futuro brillante. Le apoyaré y guiaré para que complete sus estudios, se asegure un buen trabajo, y ya más adelante se plantee el matrimonio”.
Sam Phou cree que la educación es la clave para romper el ciclo: “Una cosa que debería cambiar es que los padres deberían motivar a sus hijos e hijas para que acabaran sus estudios. Sin educación, los y las jóvenes no pueden ganar el conocimiento y las habilidades necesarias para conseguir un trabajo”.
“Creo que las chicas tienen una probabilidad mayor de éxito si se le dan las oportunidades. Si tienen experiencia, conocimiento y habilidades, pueden ser independientes. Ninguna niña debería dejar de lado sus sueños porque se pueden hacer realidad algún día”.


