En las exuberantes colinas de Intibucá, Honduras, el café no solo es un cultivo común, es el motor de la economía y la oportunidad para miles de familias de cambiar sus vidas. Para Karen, de 26 años, el café ha sido el punto de partida para construir un futuro gracias a la innovación, la formación y la determinación que abren nuevas oportunidades para las mujeres jóvenes en contextos rurales.
Lo que comenzó como una necesidad económica se ha convertido en un emprendimiento con identidad propia. A través de Kalo Café, Karen no solo genera ingresos, sino que también transforma su realidad y desafía las barreras que enfrentan muchas jóvenes en su comunidad.
Emprendimiento femenino para superar la pobreza rural
Karen creció en una comunidad donde las oportunidades para las jóvenes son limitadas. En Honduras, más del 60% de la población vive en situación de pobreza, y las mujeres rurales enfrentan obstáculos adicionales como el acceso limitado a la educación, la discriminación de género y el desempleo.
A pesar de todo, su padre les inculcó a ella y a sus hermanas el valor del esfuerzo y la resiliencia, Karen soñaba con ir a la universidad, pero la falta de recursos la llevó a buscar alternativas. Así nació Kalo Café, un negocio dedicado a la producción de café tostado, café molido, dulces y licor de café.
“Ni siquiera me gustaba tomar café al principio”, cuenta entre risas, “pero vi su potencial”.
Inspirada por las abundantes cosechas de su entorno, decidió crear productos únicos con un enfoque orgánico y sostenible.
Sin embargo, el camino no fue fácil. Empezó desde cero y tuvo que enfrentarse a dificultades económicas, a la incertidumbre de las cosechas y al escepticismo de un sector dominado por hombres. Aun así, el apoyo constante de su padre y la buena acogida de sus productos por parte de los clientes le permitieron seguir adelante.
Formación y apoyo, claves para el cambio
El impulso definitivo que necesitaba llegó de la mano de Plan International, a través del proyecto Generación con Oportunidades. Gracias a este proyecto, Karen recibió formación en emprendimiento, planificación empresarial, comunicación y desarrollo personal. Todas estas habilidades fortalecieron su visión como emprendedora.
El programa está diseñado para empoderar a jóvenes hondureños, especialmente mujeres, mediante formación técnica, desarrollo personal y la preparación para el empleo o la creación de negocios. En contextos rurales, donde las oportunidades son escasas y las mujeres enfrentan riesgos como la violencia de género o el embarazo precoz, este tipo de iniciativas resulta fundamental.
“La formación me enseñó resiliencia, comunicación asertiva y planificación empresarial”, explica Karen. “Pensaba que sabía de emprendimiento, pero no conocía el mundo al que me enfrentaba”.
Además, contó con el apoyo de un mentor que creyó en su potencial y le enseñó habilidades clave como tostar, moler y empaquetar café. Aunque él ya no está, sus palabras siguen motivándola: “Karen, no puedes rendirte”.
Gracias a la financiación recibida, Karen pudo trasladar su negocio desde la cocina familiar a un espacio propio y adquirir herramientas para diversificar sus productos. Cada venta contribuyó a financiar sus estudios universitarios, reflejando su compromiso y perseverancia.
Sueños que inspiran a otras jóvenes a transformar sus comunidades
Karen mira al futuro con ambición: sueña con expandir su empresa, tener una finca sostenible y crear una tostadora comunitaria.
“Los sueños no tienen fecha de caducidad”, afirma. “Encuentra lo que amas, y el éxito llegará”.
Además de emprender, dedica parte de su tiempo a ser voluntaria, apoyando a niños y niñas apadrinados y animando a otras niñas a participar en programas de formación.
“El voluntariado es amor, no egoísmo”, dice, con la esperanza de que su negocio, algún día, genere oportunidades de empleo para jóvenes tímidos y desempleados de su comunidad.
Para Karen, el café es mucho más que un producto: es una puerta hacia el cambio.
“El café es todo un mundo por descubrir”, asegura. Y con su esfuerzo y el apoyo recibido, no solo está explorando ese mundo, sino construyéndolo con sus propias manos.


