Eduviges, la mujer que protege a su comunidad frente a las inundaciones

En los barrios de las zonas bajas de La Libertad, en El Salvador, la lluvia no avisa. Cae con fuerza y basta media hora constante para que el agua, arrastrada desde las partes altas, lo anegue todo a su paso y se acumule alrededor de las viviendas más bajas. 

Durante años, Eduviges, de 46 años, ha vivido al compás de esas crecidas. “Cuando llueve aquí, toda el agua de las zonas altas baja hacia nosotros”, explica. “En media hora ya ha alcanzado su nivel máximo”. 

Las lluvias la han sorprendido más de una vez de madrugada, con el agua subiendo dentro de casa. Para entonces ya no había tiempo de confiar en que las precipitaciones cesaran. Recogía aquello imprescindible —documentos, cuatro objetos de valor y a sus hijos e hijas— y salía hacia la iglesia del barrio, que funciona como refugio improvisado. 

“Hemos llegado a quedarnos en la iglesia hasta tres días”, recuerda. “Las mujeres nos vamos con los niños y las niñas. Los hombres se quedan cuidando la casa”. 

La última inundación se llevó prácticamente todo: cuadernos y libros de sus hijos e hijas, ropa y cosas que les había costado años reunir. Las lluvias también interrumpieron una y otra vez su trabajo como vendedora de productos lácteos y marisco, y a las pérdidas materiales se sumó la presión económica. Pero con el tiempo, las cosas han cambiado. Y no por casualidad. 

 

Una comunidad que aprende a anticiparse 

Gracias al apoyo del Fondo de Acción Temprana de Plan International, Eduviges y el vecindario han transformado la forma en que afrontan las temporadas de lluvias y tormentas que marcan la vida en esta zona. A través del proyecto “Fortalecimiento de la preparación y la acción temprana para la temporada de inundaciones y tormentas”, poblaciones como la suya han recibido formación práctica para saber cómo reaccionar ante una emergencia: trazar rutas de evacuación, identificar las señales de alerta y preparar kits de emergencia. 

Por primera vez, Eduviges y su familia cuentan con un plan claro. Ella sabe exactamente qué documentos llevarse. Su hijo sabe dónde está la lámpara. El botiquín de primeros auxilios —con alcohol, gasas, algodón y lo esencial— está siempre listo. “Antes ni siquiera sabíamos qué era un botiquín de primeros auxilios. Ahora sí”, afirma. “Y en caso de emergencia, sabemos exactamente dónde buscarlo”. 

También han reforzado la casa con un muro de contención, zanjas de drenaje preventivas que han excavado y estantes altos que han levantado con el objetivo de mantener a resguardo del agua todas sus pertenencias. 

Las transferencias de efectivo del proyecto han marcado una diferencia enorme. Al igual que otras 180 familias, el hogar de Eduviges recibió apoyo económico para cubrir alimentos y artículos de primera necesidad durante la emergencia. “El proceso para recibir el dinero fue muy sencillo”. En cuanto salimos del banco, fuimos directas a comprar comida para la casa”, cuenta. 

 

Mujeres, en primera línea de la prevención 

Eduviges forma parte de un comité comunitario de protección civil integrado por 25 mujeres, en el que trabaja codo con codo con su nuera. Porque estar preparadas no tiene que ver solo con el material, sino, sobre todo, con las personas. 

En el corazón de esta red está Patty, la líder del comité. “La información nos llega a través de Patty, que es quien nos avisa cuando hay una emergencia”, explica Eduviges. “Cuando nos convoca para repartir tareas, ya sabemos que está pasando algo serio y que todas tenemos que estar alerta”. 

La coordinación entre ellas es admirable. Unas vigilan las riberas del río por si el nivel del agua sube. Otras están pendientes de las personas más vulnerables de la zona: niños y niñas, personas mayores o quienes viven solas. 

“Nos mantenemos en contacto por WhatsApp y nos vamos informando unas a otras”, narra. 

Antes de que existiera este comité, la comunidad apenas tenía contactos de emergencia a los que recurrir. “Antes no teníamos ningún número al que llamar. Ahora sí. Y sé que, si marco, me responderán”, afirma. 

Con el respaldo de la Dirección General de Protección Civil y reforzadas por los talleres del proyecto, la coordinación entre barrios ha mejorado de forma notable. Cuando hay que evacuar, las mujeres tienen la seguridad de que las autoridades —ya sea la policía o personal de protección civil— estarán disponibles y preparadas. 

 

Una temporada de lluvias distinta 

Las amenazas no han desaparecido. Las lluvias seguirán llegando cada año. Pero ahora Eduviges las afronta con conocimiento, con un plan y, sobre todo, con una red de mujeres que han decidido no cruzarse de brazos. 

Sigue vendiendo productos lácteos y marisco. Sigue viviendo en la misma comunidad de tierras bajas. Lo que ha cambiado es esa sensación de impotencia que la acompañaba durante años. Hoy reconoce las señales de alerta. Tiene un plan. Y, quizá lo más importante de todo es que ya no está sola. 

“Es muy reconfortante saber que alguien te cuida”, concluye Eduviges.