"Quiero cambiar las vidas de las niñas indígenas"

Con 16 años, Brisa ya se ha decidido sobre su futuro. “Quiero cambiar mi comunidad. Quiero cambiar las vidas de las niñas indígenas”, dice con determinación.

Brisa, una misquita indígena, está demasiado familiarizada con los desafíos extremos a los que se enfrentan las niñas en las comunidades misquitas dispersas por toda la costa atlántica de la Región Autónoma de la Costa Caribe Norte (R.A.C.C.N.) de Nicaragua.

Marcada por una profunda pobreza y bajos niveles de desarrollo humano, la región alberga una importante población de indígenas misquitos y grupos de ascendencia africana que luchan contra su marginalización económica y social.

La pobreza extrema y la exclusión generacional se han unido con fuerza en la región, ya que las comunidades indígenas se ven aquejadas por dificultades que van desde el descontento de la juventud al narcotráfico, la violencia, la drogadicción, el tráfico de personas y la violencia sexual generalizada.

En casi todas las situaciones, es una chica quien se lleva la peor parte de la combinación fatal de problemas sociales y económicos y quien experimenta a diario algunas de las violaciones de derechos más extremas –en su mayoría, sin ningún recurso. La ayuda es escasa para la mayoría de la población –para las chicas es aún más limitada. Ellas y su difícil situación siguen siendo invisibles.

“Muchas chicas misquitas de mi edad ya son madres adolescentes o están embarazadas. En la mayoría de los casos no ha sido una elección propia”, dice Brisa. Nicaragua tiene la tasa más alta de embarazo adolescente de toda América Latina y el Caribe. La región RACCN ocupa la posición más alta dentro de la tasa del país, con una de cada tres adolescentes de entre 15 y 19 años siendo ya madre o estando embarazada de su primer hijo. Sin embargo, no hay datos sobre las niñas que se convierten en madres antes de los 15 años.

Un nuevo informe, “Contar lo invisible”, de Plan International destaca que los gobiernos no acabarán con el abuso y la desigualdad a la que se enfrentan millones de niñas, como las de la comunidad misquita de Brisa, sin mejores datos y estadísticas sobre las realidades de sus vidas.

Actualmente, no existen estadísticas fiables que muestren los desafíos de la vida real de las niñas indígenas, como cuántas niñas dejan el colegio debido a un matrimonio a edad temprana, a un embarazo o a violencia sexual. Su invisibilidad se añade a su exclusión y las hace aún más vulnerables a la violación de sus derechos.

El informe incluye una investigación que arroja luz sobre el abuso sexual y otras formas de violencia que las niñas de Nicaragua sufren habitualmente en sus entornos más cercanos. De las 119 chicas entrevistadas por todo el país, la mayoría afirmaban sentirse inseguras en sus casas, en sus relaciones y en la calle. Las chicas dijeron que no se sentían seguras en el transporte público, andando solas por lugares públicos  o cuando ya ha oscurecido.

Aunque las chicas en su mayoría comentaron que tienen la oportunidad de terminar la escuela secundaria, casi un cuarto explicó que tuvieron que interrumpir su educación debido a un embarazo o a acoso sexual. Las chicas pobres o de zonas rurales se enfrentan al riesgo añadido de sufrir abusos por parte de sus profesores.

Un grupo de madres jóvenes apuntó que los problemas en casa y el maltrato por parte de los padres afectaron negativamente a su bienestar y las decisiones de sus vidas. El abuso físico, sexual, verbal y emocional por parte de familiares les produjo sentimientos de inseguridad y soledad. En muchos casos, las chicas reconocieron haber buscado consuelo y cariño fuera de casa, esperando poder tener una vida hogareña mejor y más feliz con un novio.

Incluso en las relaciones, las chicas declararon tener poco control sobre sus decisiones. Aunque la mayoría dijo que podían pedir a sus parejas o novios que usaran anticonceptivos, solo un 22 % obtendría una respuesta positiva – aumentando su riesgo de embarazo y enfermedades de transmisión sexual.

“En nuestra comunidad, las chicas no tienen autonomía sobre sus cuerpos. La sociedad cree que el cuerpo de una chica es libre. Independientemente de tu discapacidad o cualquier otra situación, cualquiera puede utilizar tu cuerpo como quiera”, explica Shira Miguel, de la ONG local Nidia White, que apoya a las víctimas de violencia sexual.

Sin embargo, Brisa tiene claro que esto no puede continuar. Con el apoyo de la organización para los derechos de los niños Plan International, Brisa aboga por los derechos de las niñas en las comunidades misquitas y lucha contra los estereotipos de género.

“Voy de puerta en puerta por mi comunidad y hablo con chicas y chicos adolescentes sobre el abuso sexual, el embarazo adolescente y muchos otros temas. Hemos creado un pequeño grupo de jóvenes y tenemos charlas informales regularmente con hombres jóvenes sobre cómo tratar a las chicas con respecto y cómo actuar de manera responsable”, dice Brisa. Con el tiempo se ha ganado la confianza y la seguridad de las chicas de su comunidad.

“Las chicas vienen a mi casa preocupadas y me cuentan que su profesor las acosa sexualmente. Después hay casos en los que padres, hermanos o tíos abusan de las niñas. Incluso si el abuso no es sexual, las niñas tienen miedo, sobre todo en situaciones en las que hablan con sus padres y no se hace nada. De hecho, muy a menudo se les manda permanecer calladas”.

Habiendo crecido en una comunidad desfavorecida, conocida por las drogas y la violencia pandillera, Brisa puede identificarse fácilmente con las experiencias de muchas chicas que recurren a ella en busca de consejo. “Una chica me contó una vez que habían abusado de una chica solo por pertenecer a otro vecindario”, dice Brisa. “Hablo con ellos y les digo qué hacer. Les informo de sus derechos en caso de violencia o, si se sienten inseguros, les digo a donde pueden ir”.

Brisa sabe que esto por sí solo no es suficiente. Animada por la respuesta y el impacto que ha tenido en su comunidad, ahora ha llegado a la radio. Apoyada por Plan International, presenta un programa especializado dirigido a los jóvenes en una estación de radio local muy popular entre las comunidades indígenas locales. “Desde el embarazo adolescente a la violencia doméstica, el tráfico de personas y la salud sexual y reproductiva –el programa trata una serie de problemas sociales que afectan a mi pueblo y comunidad”, explica Brisa.

“Creemos firmemente que los defensores jóvenes como Brisa pueden llegar e inspirar a otros jóvenes más allá de su comunidad. Brisa puede inspirar una generación descontenta y la radio era la mejor manera para superar la barrera de la distancia y llegar a los jóvenes misquitos de toda la región”, dice Pilar Muller, directora de la unidad de programas de la RACCN.

El impacto es muy evidente. Miles de jóvenes escuchan el programa de Brisa. “Lo que más me gusta es interactuar con los oyentes. Cuando llaman, sé que están captando el mensaje”, dice Brisa, que ahora tiene un gran número de seguidores.

“Las comunidades indígenas necesitan desesperadamente un enfoque integrador que les salve de salirse del mapa. Los problemas a los que se enfrentan necesitan soluciones a varios niveles, y de momento las más impactantes son las que se crean en el interior”, dice Matthew Carlson, director nacional de Plan International Nicaragua. “Brisa es un ejemplo perfecto de cómo se puede cambiar y como los jóvenes indígenas pueden tomar el mando y dar forma al futuro de su comunidad”.

Plan International trabaja en 27 comunidades en la RACCN y llega a miles de niñas y niños a través de sus programas. “Nuestros esfuerzos han incluido trabajar con el gobierno y los socios locales para animar a las niñas, niños, padres, cuidadores y líderes de la comunidad a que involucren a toda la comunidad para cambiar actitudes y prácticas y crear un entorno seguro y educativo para las niñas y todos los niños”, dice Carlson.

“Al principio, cuando Plan International empezó a trabajar en las comunidades, los dirigentes y los hombres ofrecieron mucha resistencia. Sin embargo, a través del compromiso se ha experimentado una visible y considerable mejora. Ahora resulta más aceptable hablar de género. Las chicas y las mujeres ahora empiezan a participar y hablan por ellas mismas”, dice Muller.

Para una chica misquita, el éxito de Brisa es como un milagro. De ser una chica tímida e introvertida criada entre nueve hermanos en una comunidad hostil, Brisa se ha transformado en una defensora activa de los derechos de las niñas.

“Brisa es muy sociable con los niños y los jóvenes. En la comunidad, todos se alegran mucho por ella y sus logros. Es un gran paso para nuestra comunidad. La quiero mucho y estoy muy feliz y orgullosa de que haya seguido el camino correcto y haya elegido la dirección de su futuro”, dice Concepción, la orgullosa madre de Brisa.

Brisa sabe que se ha puesto un gran objetivo, pero confía en que lo conseguirá. “Quiero un cambio en las vidas de las niñas indígenas. Quiero que tengan el poder para decir no y decidir por sí mismas”, dice. “Las niñas vienen y me dicen que también desearían poder conseguir sus sueños. Me miran con esperanza”. Al preguntarle a Brisa cuál es el consejo más importante que les da a las niñas: “Les digo – haceos oír y nunca abandonéis vuestra educación”.

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