"Es más importante salvar nuestras vidas"

En el día que hizo erupción el volcán de Fuego, sus padres no querían dejar su casa. Carlos insistió: “Es más importante salvar nuestras vidas, que salvar lo material”.





En el día que hizo erupción el volcán de Fuego, sus padres no querían dejar su casa. Carlos insistió: “Es más importante salvar nuestras vidas, que salvar lo material”.

El último mes de mayo, finalmente Wendy (32) y su esposo, terminaron de construir con mucho esfuerzo, una casa segura para ellos y su hijo Carlos (9) en la comunidad de El Rodeo, en las faldas del volcán de Fuego. 

“Una de las grandes metas que teníamos, era tener una casa de cemento. Nos costó años de ahorros para llegar a tener nuestra casita, invertimos mucho dinero y estábamos pasando penas económicas, pero la perdimos”, comenta Wendy con tristeza abrazando a su hijo en el albergue.

Para las familias de la comunidad de El Rodeo, los ruidos del volcán de Fuego eran parte de su día a día. Cuando empezaron a oírse, muchos de los habitantes de la comunidad pensaron que era como otras tantas actividades eruptivas y decidieron esperar.

Pero el riesgo se hizo cada vez más evidente y los vecinos empezaron a salir de sus casas con las pocas cosas que lograron llevar consigo. “Cuando todos gritaban ‘¡viene la lava!’ yo llamé a mi esposo llorando para que saliera, pero él no quiso salir, él dijo que se iba a quedar allí. En un momento me dijo, que nos quedáramos allí, juntos en una cama, y a la hora que venga la lava, nos abrazamos y nos encuentra a los tres juntos”.

Fue entonces que Carlos decidió tratar de convencer a sus padres de salir de la casa: “yo estaba temblando, le dije que nos fuéramos, que yo no quería estar ahí, que me quería ir con él, que nos fuéramos los tres. Pero mi papi dijo, `tranquilo no va a pasar nada’, él quería todo lo material y no quiso venirse con nosotros.” 

Esa fue la razón que hizo que Wendy reaccionara y saliera con su hijo. Entonces, con otros vecinos de la comunidad se subieron a un camión: “Íbamos todos gritando, porque todo eso (gases, lodo y  material volcánico) ya venía sobre nosotros, sentíamos que en cualquier momento nos alcanzaba. Realmente sentimos la muerte en la espalda, la vivimos en carne propia”.

El padre de Carlos sigue en su casa, esperando a que todo pase. Mientras tanto Carlos le echa de menos, pero está a salvo con su mamá. Hablan por teléfono con él, le cuentan sobre su vida en el albergue y rezan para que no le suceda nada.

Carlos también menciona a amigos de su comunidad que murieron junto a sus familias tras la erupción del volcán.

Sobre la vida en el albergue

Al recibir las donaciones que ha hecho Plan International en el albergue, Carlos ha comentado: “Lo que me gusta aquí es que hay muchas cosas; nos dan de todo: comida, pelotas, juguetes, en otros lugares no dan lo mismo. Lo que más extraño es a mi casa y a mi papá”.

Carlos también rescató a un gran amigo, un loro, su mascota, que tiene escondido, porque en el albergue no hay condiciones para tener animales. 

Carlos y su mamá viven en el gimnasio Abner Casasola, donde 219 personas se resguardan después de la erupción del volcán de Fuego el pasado 3 de junio.

Plan International Guatemala, ha coordinado la entrega de colchones, sábanas y kits de higiene personal para las personas albergadas.

Tres brigadas de psicólogos dan atención psicosocial a los niños, niñas y adolescentes en tres albergues, que cuentan con una población aproximada de 1635 personas.