Trabajando juntos para construir ciudades seguras para las niñas y mujeres jóvenes

Estuvimos en Nueva York junto con Manuela Carmena, Cristina Gallach, ONU Mujeres y ONU Habitat donde hablamos de la importancia de realizar cambios para que las ciudades sean seguras e inclusivas para las niñas y mujeres jóvenes.





Lizzete Soria (ONU Mujeres), Marina (Joven activista), Manuela Carmena (Alcaldesa de Madrid) y Concha López (Directora General de Plan International en España)

Reforzar la seguridad es importante para garantizar la seguridad de niñas y mujeres jóvenes en las ciudades. Pero no lo es todo. Además es preciso educar, trabajar con las instituciones, los grupos de la sociedad civil, las comunidades y las propias jóvenes, para crear espacios más seguros, inclusivos y sostenibles. Y trabajando juntos, podemos hacerlo.

Este es el mensaje compartido de los participantes en el evento Construyendo Ciudades Seguras por y para las Jóvenes, organizado por Plan International en la sede neoyorquina del Instituto Cervantes. En él participaron la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena; el coordinador del programa Safer Cities de UN Habitat, Juma Assiago; Lizzete Soria, experta en programas de prevención de violencia contra las mujeres de UN Woman; Alana Livesey, del programa Safer Cities for Girls de Plan International; la directora general de Plan International en España, Concha López y la joven activista Marina, que pertenece al Comité Juvenil de Plan International España.

Durante su intervención la joven activista, resalto que “el acoso y otras formas de violencia en espacios públicos es algo que ocurre todos los días en las vidas de niñas y mujeres; en zonas urbanas y rurales, en países desarrollados y en desarrollo”. “Nos pasa a todas. Da igual cómo vayamos vestidas, adónde vayamos, el momento del día que sea o cuántos años tengamos”, añadió Marina. 

“Casi la mitad de la población mundial vive ya en ciudades y más de 20 millones de niñas se trasladan, migran o son desplazadas a espacios urbanos cada año”, destacó Concha López, quien además alertó de que un 73% de las jóvenes que han participado en el mapa Free To Be de Plan International en Madrid reconocen que han sufrido algún tipo de acoso verbal. A pesar de ello, la directora general de Plan International lanzó un mensaje positivo: “si están bien planificadas, las ciudades pueden ser una poderosa herramienta de desarrollo sostenible”.

Un mensaje que fue compartido por el resto de los participantes. Carmena señaló que “la seguridad es importante, pero no lo es todo. No se trata solo de poner más policía o de penalizar más, sino de erradicar la violencia del corazón de los individuos”. Lizzete Soria compartió con una nutrida audiencia los detalles de su trabajo en todo el mundo para mejorar la seguridad de las jóvenes en los transportes públicos, Livesey detalló los logros alcanzados con iniciativas como el programa Safer Cities for Girls de Plan International y Juma Assiago reclamó que se publiquen datos desagregados, por género y por edad, para poder planificar ciudades más seguras y sostenibles.

Padrinos sin frontera

Esta historia comienza cuando Careline tenía apenas cuatro años, vivía en Cali, Colombia, y fue apadrinada por Plan International. A través de las cartas conoció a su padrino, quien se convertiría en su ángel de la guarda y su apoyo por el resto de su vida. George es un hombre mayor, canadiense, ferviente defensor de los derechos humanos y con un corazón enorme. La relación con Careline fue constante a través de las cartas, en las que le contaba sobre su trabajo y sobre las otras tres personas que apadrinaba en otros países. Cuando Careline terminó el bachillerato le contó a su padrino que estaba muy triste porque, aunque deseaba con todo su corazón estudiar una carrera, la situación económica de su familia no era la mejor, su padre era vigilante, su madre ama de casa y tenía dos hermanos menores que ella.  Fue entonces cuando Careline, que para entonces ya tenía 17 años, recibió una comunicación de su padrino en la que le decía que quería ayudarle a cumplir sus sueños. Consciente de la situación económica de Careline, George también enviaba a la joven un dinero extra para el transporte, la alimentación y los materiales necesitase. De este modo, se forjó una relación de absoluta confianza: “yo le escribía constantemente, le contaba cómo me iba, le mandaba mis notas porque sentía ese compromiso; esa obligación de tener que aprobar todo con buenas notas”, cuenta. Gracias al apoyo de su padrino, Careline logró finalizar sus estudios de abogacía. Hoy tiene 36 años, es madre de un niño de 8 años, está casada y cuenta con una especialización en derecho administrativo. Está vinculada a la Secretaría de Cultura de la ciudad de Cali y está montando su propio negocio de asesoría jurídica. Careline siente que la oportunidad que le brindó su padrino no sólo le abrió las puertas a ella, sino a toda su familia. “Tengo dos hermanos, al abrirse la posibilidad de estudiar para mí, mis hermanos dijeron ‘nosotros también podemos’ y, con mucho esfuerzo, lo lograron. Incluso mi mamá pudo terminar su bachillerato y, más adelante, se convirtió en locutora y comunicadora”, narra muy emocionada. Hasta hace muy poco tiempo, Careline tuvo comunicación con su padrino.  Nunca tuvieron la oportunidad de conocerse en persona, pero se consolidó una relación de confianza, de cariño, de respeto y de mucho amor entre los dos. George nunca tuvo hijos biológicos, pero sí cuatro apadrinados de los que seguramente se sentirá orgulloso. A los cuatro los ayudó con sus estudios superiores y hoy, todos son abogados como

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6 meses de los huracanes Iota y Eta: ¿cuál es la situación en Guatemala?

“Como todo el mundo sabe, a finales del año pasado tuvimos lluvias torrenciales. Nuestra comunidad se inundó y muchos de nosotros lo perdimos todo: nuestras casas, todo aquello por lo que habíamos trabajado duro, las cosechas, la comida… Afortunadamente, tanto nosotros como nuestras familias estamos bien”, nos cuenta Edgar, de 16 años. Los huracanes Eta e Iota provocaron inundaciones y destruyeron comunidades enteras en Guatemala y otros países de Centroamérica, afectando a 3,5 millones de niños y niñas. En un contexto pandémico como el actual, las comunidades se enfrentan al reto de reconstruir sus vidas y adaptarse a los nuevos retos derivados de los huracanes. Nos lo cuenta Hydely, una de las niñas beneficiarias de Plan International: “Con el primer desprendimiento, nos asustamos mucho; mis padres y mis cuatro hermanos mayores tuvimos que salir corriendo de casa, no pudimos coger nada. Cuando estábamos saliendo, nos hicimos un poco de daño, tuvimos que pasar por otra casa que también se estaba cayendo, y después vi como la tierra se tragaba nuestra casa. También vimos que la casa de mis primos se estaba derrumbando y ellos no podían salir, nos sentimos muy tristes. Mis tíos murieron y mis primos se quedaron solos. Me hice mucho daño en las piernas cuando salí corriendo, pero, por suerte, estamos vivos”, relata Haydely, de 9 años. Desde el primer momento, Plan International respondió a la emergencia, proporcionando asistencia directa en algunos de los municipios más afectados. Seis meses después, hemos prestado apoyo a casi 40.000 personas de 24 municipios de Guatemala. Para ayudar a las familias más afectadas a recuperarse, hemos distribuido transferencias en efectivo a más de 6.500 familias. “Con estas ayudas, hemos podido comprar algo de maíz, frijoles y verduras para cocinar y también algo de ropa para mis hijos, porque lo perdimos todo con las inundaciones. Mis hijos todavía llevan la ropa que la gente donó tras el desastre”, dice Alfredo, de 43 años. La mayoría de familias utilizaron este dinero para comprar alimentos, medicinas, materiales de construcción, semillas y fertilizantes y para pagar deudas. Otros compraron ropa, zapatos y material escolar para sus hijos e hijas. “Plan Internacional nos ha apoyado en este momento tan doloroso. Gracias a sus charlas, estamos superando poco a poco el daño emocional que nos ha provocado todo esto; poco a poco estamos olvidando. Sobre todo, estoy agradecida por todo el apoyo que han dado a nuestros hijos e hijas. Verlos jugar y cantar felices también nos hace felices a nosotros”, explica Josefina, de 42 años. Prestamos atención psicosocial en 14 espacios amigos de la infancia que cuentan con equipos de psicólogos que trabajan con los niños, niñas y adolescentes, utilizando metodologías lúdicas y recreativas para ayudarles a superar el trauma. En el caso de las personas adultas, promovemos los cuidados, la protección, la salud, la nutrición y la recuperación emocional de los niños y niñas. En total, 3.805 personas se han beneficiado del este poyo y, de ellas, el 65% son niños, niñas y adolescentes.  “Me gusta mucho ir a los talleres de Plan International porque aprendo mucho y me hacen feliz. Mi papá también participa en las charlas sobre cómo cuidar nuestra comunidad y ahora sabe qué hacer si hay otra emergencia (…) todo gracias a Plan International”, concluye

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