Cuatro razones por las que es fundamental para todos detener la emergencia de Covid en India

La segunda ola de la pandemia en la India ha desatado una crisis sanitaria sin precedentes que ha llevado al límite a la población y amenaza con desestabilizar a la región y, quizás, al mundo.

Mientras en los países más desarrollados las personas empiezan a abrazar sin miedo a sus seres queridos gracias a la vacunación, una segunda ola en India está dejando cada vez más familias en India amenazadas por la enfermedad y la crisis social.

1.- Porque podría extenderse a toda la región y otras partes del mundo

Desde el comienzo de la pandemia quedó claro que es muy difícil contener el virus y, mucho más, en grandes centros neurálgicos del comercio, la cultura y la tecnología como son las grandes ciudades indias. Delhi, Benarés o Mumbai tienen un peso importante en el panorama internacional y están estrechamente conectados con otras grandes capitales de la región, de manera que la escalada de la pandemia en India podría desestabilizar a otros países.

2.- Las condiciones en India son propicias para generar nuevas mutaciones

India, con 1.400 millones de habitantes, es también uno de los países con mayor densidad de población: cerca de 430 habitantes por kilómetro cuadrado. 

A medida que el virus se transmite de una persona a otra es más probable que vaya mutando, por lo que las grandes concentraciones de personas son un caldo de cultivo para nuevas variantes del COVID-19.

3.- Las vacunas que produce India son claves para el resto del mundo

India es uno de los países productores y exportadores de vacunas más importantes del mundo y uno de los principales socios de COVAX, la iniciativa de la Organización Mundial de la Salud para garantizar que la vacuna llegue a las comunidades más vulnerables.

A medida que la demanda interna por la vacuna crece tan aceleradamente entre la población india, el país tiene menor capacidad de exportar vacunas y COVAX busca desesperadamente alianzas con nuevos productores, debido al riesgo de que los países con economías más frágiles tarden mucho más en vacunar a su población.

4.- India ya era un país con altos índices de pobreza y una delicada situación de derechos humanos

Plan International trabaja en India desde 1979 y ha detectado que casi la mitad de las niñas en India se casan antes de cumplir los 18 años. De hecho, un 40% de todos los matrimonios infantiles en el mundo ocurren en India. Además, las niñas y jóvenes también enfrentan mayores retos para acceder a la educación y cerrar la brecha digital de género.

Las consecuencias sociales de la pandemia pueden ser devastadoras cuando tantas personas que son cabeza de familia han muerto por la enfermedad o no pueden trabajar. Además, las restricciones del confinamiento han hecho que muchas personas pierdan el empleo o se vean obligadas a cerrar sus negocios, lo que forzará a las familias a recurrir a medidas drásticas para aliviar la carga económica y dejará a las niñas más vulnerables al matrimonio forzado, el abandono escolar, el trabajo infantil y la explotación sexual.

Es por eso que Plan International aborda la emergencia desde distintas áreas: además de la distribución de respiradores de oxígeno a 500 centros de salud y equipos de protección personal a 100.000 trabajadores de primera línea, la organización está distribuyendo cestas de alimentos a las familias más necesitadas y facilitando el acceso a la atención, el tratamiento y la nutrición a 10.000 pacientes de comunidades pobres.

Padrinos sin frontera

Esta historia comienza cuando Careline tenía apenas cuatro años, vivía en Cali, Colombia, y fue apadrinada por Plan International. A través de las cartas conoció a su padrino, quien se convertiría en su ángel de la guarda y su apoyo por el resto de su vida. George es un hombre mayor, canadiense, ferviente defensor de los derechos humanos y con un corazón enorme. La relación con Careline fue constante a través de las cartas, en las que le contaba sobre su trabajo y sobre las otras tres personas que apadrinaba en otros países. Cuando Careline terminó el bachillerato le contó a su padrino que estaba muy triste porque, aunque deseaba con todo su corazón estudiar una carrera, la situación económica de su familia no era la mejor, su padre era vigilante, su madre ama de casa y tenía dos hermanos menores que ella.  Fue entonces cuando Careline, que para entonces ya tenía 17 años, recibió una comunicación de su padrino en la que le decía que quería ayudarle a cumplir sus sueños. Consciente de la situación económica de Careline, George también enviaba a la joven un dinero extra para el transporte, la alimentación y los materiales necesitase. De este modo, se forjó una relación de absoluta confianza: “yo le escribía constantemente, le contaba cómo me iba, le mandaba mis notas porque sentía ese compromiso; esa obligación de tener que aprobar todo con buenas notas”, cuenta. Gracias al apoyo de su padrino, Careline logró finalizar sus estudios de abogacía. Hoy tiene 36 años, es madre de un niño de 8 años, está casada y cuenta con una especialización en derecho administrativo. Está vinculada a la Secretaría de Cultura de la ciudad de Cali y está montando su propio negocio de asesoría jurídica. Careline siente que la oportunidad que le brindó su padrino no sólo le abrió las puertas a ella, sino a toda su familia. “Tengo dos hermanos, al abrirse la posibilidad de estudiar para mí, mis hermanos dijeron ‘nosotros también podemos’ y, con mucho esfuerzo, lo lograron. Incluso mi mamá pudo terminar su bachillerato y, más adelante, se convirtió en locutora y comunicadora”, narra muy emocionada. Hasta hace muy poco tiempo, Careline tuvo comunicación con su padrino.  Nunca tuvieron la oportunidad de conocerse en persona, pero se consolidó una relación de confianza, de cariño, de respeto y de mucho amor entre los dos. George nunca tuvo hijos biológicos, pero sí cuatro apadrinados de los que seguramente se sentirá orgulloso. A los cuatro los ayudó con sus estudios superiores y hoy, todos son abogados como

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6 meses de los huracanes Iota y Eta: ¿cuál es la situación en Guatemala?

“Como todo el mundo sabe, a finales del año pasado tuvimos lluvias torrenciales. Nuestra comunidad se inundó y muchos de nosotros lo perdimos todo: nuestras casas, todo aquello por lo que habíamos trabajado duro, las cosechas, la comida… Afortunadamente, tanto nosotros como nuestras familias estamos bien”, nos cuenta Edgar, de 16 años. Los huracanes Eta e Iota provocaron inundaciones y destruyeron comunidades enteras en Guatemala y otros países de Centroamérica, afectando a 3,5 millones de niños y niñas. En un contexto pandémico como el actual, las comunidades se enfrentan al reto de reconstruir sus vidas y adaptarse a los nuevos retos derivados de los huracanes. Nos lo cuenta Hydely, una de las niñas beneficiarias de Plan International: “Con el primer desprendimiento, nos asustamos mucho; mis padres y mis cuatro hermanos mayores tuvimos que salir corriendo de casa, no pudimos coger nada. Cuando estábamos saliendo, nos hicimos un poco de daño, tuvimos que pasar por otra casa que también se estaba cayendo, y después vi como la tierra se tragaba nuestra casa. También vimos que la casa de mis primos se estaba derrumbando y ellos no podían salir, nos sentimos muy tristes. Mis tíos murieron y mis primos se quedaron solos. Me hice mucho daño en las piernas cuando salí corriendo, pero, por suerte, estamos vivos”, relata Haydely, de 9 años. Desde el primer momento, Plan International respondió a la emergencia, proporcionando asistencia directa en algunos de los municipios más afectados. Seis meses después, hemos prestado apoyo a casi 40.000 personas de 24 municipios de Guatemala. Para ayudar a las familias más afectadas a recuperarse, hemos distribuido transferencias en efectivo a más de 6.500 familias. “Con estas ayudas, hemos podido comprar algo de maíz, frijoles y verduras para cocinar y también algo de ropa para mis hijos, porque lo perdimos todo con las inundaciones. Mis hijos todavía llevan la ropa que la gente donó tras el desastre”, dice Alfredo, de 43 años. La mayoría de familias utilizaron este dinero para comprar alimentos, medicinas, materiales de construcción, semillas y fertilizantes y para pagar deudas. Otros compraron ropa, zapatos y material escolar para sus hijos e hijas. “Plan Internacional nos ha apoyado en este momento tan doloroso. Gracias a sus charlas, estamos superando poco a poco el daño emocional que nos ha provocado todo esto; poco a poco estamos olvidando. Sobre todo, estoy agradecida por todo el apoyo que han dado a nuestros hijos e hijas. Verlos jugar y cantar felices también nos hace felices a nosotros”, explica Josefina, de 42 años. Prestamos atención psicosocial en 14 espacios amigos de la infancia que cuentan con equipos de psicólogos que trabajan con los niños, niñas y adolescentes, utilizando metodologías lúdicas y recreativas para ayudarles a superar el trauma. En el caso de las personas adultas, promovemos los cuidados, la protección, la salud, la nutrición y la recuperación emocional de los niños y niñas. En total, 3.805 personas se han beneficiado del este poyo y, de ellas, el 65% son niños, niñas y adolescentes.  “Me gusta mucho ir a los talleres de Plan International porque aprendo mucho y me hacen feliz. Mi papá también participa en las charlas sobre cómo cuidar nuestra comunidad y ahora sabe qué hacer si hay otra emergencia (…) todo gracias a Plan International”, concluye

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