Jóvenes madrileñas y sevillanas entregan a los ayuntamientos sus recomendaciones contra el acoso callejero

Jóvenes activistas de Plan International entregaron a los ayuntamientos de Madrid y Sevilla sus recomendaciones para acabar con el acoso callejero y presentaron las conclusiones de nuestro informe “Safer Cities For Girls”. 

El acoso callejero es una forma de violencia tan habitual que una de cada cinco jóvenes que lo sufren lo han normalizado y, además, la sociedad asiste impasible cuando ocurre: el 90% de las jóvenes de Madrid, Barcelona y Sevilla que han sido acosadas en la calle aseguran que no recibieron ningún tipo de ayuda de quienes estaban presentes, según el informe Safer Cities for Girls.

Para compartir las conclusiones de este estudio sobre la seguridad de las mujeres jóvenes en las ciudades, un grupo de jóvenes madrileñas se reunió hace unas semanas en el Palacio de Cibeles con el concejal delegado de Familias, Igualdad y Bienestar Social del Ayuntamiento de Madrid, Pepe Aniorte, a quien hicieron llegar sus recomendaciones para hacer de Madrid una ciudad segura y libre de acoso callejero.

Durante este evento, Sara, Vanesa y Patricia explicaron que una de cada cuatro jóvenes en Madrid modifica su conducta a raíz de casos de acoso, poniendo en marcha estrategias de autoprotección como elegir un camino alternativo (14%) o buscar compañía para no tener que recorrer solas los trayectos (12%).

“Necesitamos más espacios públicos promovidos por los ayuntamientos, en todos los barrios, que sirvan de encuentro para jóvenes, en toda su diversidad. Lugares abiertos en los que puedan reunirse, sumar experiencias y aprender sobre estas violencias. Todas las personas jóvenes, no solo los que ya están implicados, todas deben participar y enterarse”, explicó Sara, una joven de 17 años participante en el evento. 

Días más tarde, Cristina, Ana y Belén, jóvenes sevillanas participantes en este proyecto, fueron las encargadas de presentar las conclusiones al alcalde de Sevilla, Juan Espadas, y a la teniente de alcalde delegada del Área de Igualdad, Educación, Participación Ciudadana y Coordinación de Distritos, Adela Castaño.

En esta ocasión, Belén, una de las jóvenes sevillanas portavoces del proyecto aseguró que: “Tenemos que poner en marcha más recursos de atención y apoyo a las chicas que sufren acoso, hasta que lo superen, y campañas públicas que visibilicen esta violencia, no podemos permitir este pacto de silencio y mirar hacia otro lado”.

Safer Cities for Girls

Casi 8 de cada 10 jóvenes de Madrid, Sevilla y Barcelona han sufrido acoso callejero, según el estudio, elaborado a partir de 879 experiencias de jóvenes de entre 15 y 25 años de las tres ciudades españolas. Cuando sufren acoso, solo un 3% de las chicas lo comunica a las autoridades o fuerzas de seguridad, y la experiencia se suele quedar en conversaciones con familiares o amistades.

La investigación se ha desarrollado en el marco del proyecto Safer Cities for Girls, financiado por la Comisión Europea, a partir de las 3.000 experiencias registradas a través de una web activa en Sevilla, Madrid, Barcelona, Bruselas, Amberes y Charleroi. A través de esta plataforma, las propias jóvenes podían marcar en el mapa de su ciudad un punto que les había parecido seguro o inseguro, los motivos y dar otros detalles sobre su experiencia, como, por ejemplo, si recibieron ayuda o no.

Cómo afrontar la crisis del hambre en Haití estando embarazada

“Estoy embarazada y sufro desnutrición, porque no como lo suficiente”, explica Locita, de 24 años. “A veces no como nada en un día entero. A veces hago la compra gracias a créditos y, otras veces, mis vecinos me dan algo de comida que le doy a mi hijo”.  La crisis de inseguridad alimentaria en Haití es el resultado de una serie de acontecimientos ocurridos el año pasado que han derivado en una situación de inestabilidad política, económica y social. El asesinato del presidente Moise en julio de 2021 ha aumentado la violencia, los secuestros y los disturbios. Además, en agosto de 2021 un terremoto de 7,2 grados sacudió el sur del país y ha agudizado aún más la inestabilidad.   La violencia entre bandas y la incertidumbre política son los principales factores que provocan la inseguridad y el malestar social, una situación que está afectando a los grupos más vulnerables: los niños, niñas y sus familias. Además, la pandemia y el aumento de los precios de los alimentos, el combustible y los fertilizantes debido al conflicto en Ucrania han dejado a 4,4 millones de personas —casi la mitad de la población del país— con necesidad urgente de ayuda alimentaria.   Locita es madre soltera y vive en el departamento de Nippes en una casa de una habitación que comparte con su padre y su hijo de 3 años. En el exterior, hay una sola cocina que usa toda la comunidad de vecinos.  Como está en situación de desempleo, Locita depende de la generosidad de las personas. “No tengo ingresos, a veces mi familia, amigos y personas desconocidas, me dan comida, dinero y otros artículos”, nos cuenta. “Algunos días no puedo dar de comer a mi hijo porque no me lo puedo permitir”.  Recientemente, al hijo de Locita le han diagnosticado fiebre tifoidea, que sigue siendo habitual en Haití debido a la mala calidad del agua que consume la población y que se agrava durante las estaciones lluviosas. “Mi hijo no quiere comer ni beber porque tiene tifus”, nos cuenta.  El hambre expone a las niñas y a las mujeres a la violencia, la explotación sexual, el trabajo infantil y los embarazos adolescentes. Por eso, desde Plan International estamos trabajando para atender a familias haitianas especialmente afectadas por la crisis del hambre como la de Locita.   Gracias a las transferencias en efectivo y a nuestra respuesta, las familias que más lo necesitan pueden permitirse ahora comprar alimentos y también agua potable, kits de almacenamiento de agua, tabletas de purificación y sistemas de agua colectivos mejorados que están garantizando que los niños y niñas tengan menos probabilidades de contraer enfermedades transmitidas por el agua, como la malaria y el tifus.  Locita ha recibido recientemente una transferencia de dinero que, según ella, ha sido de gran ayuda. “Invertí el dinero que recibí en pagar las deudas y préstamos que había pedido para alimentar a mi hijo y también he comprador alimentos para mi familia”.  “Me gustaría dar las gracias a todas las personas que me han ayudado, especialmente a Plan International”,

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“Soy la primera entre los dalits de nuestro pueblo en aprobar el examen de educación secundaria”

“No tuve una infancia feliz. Mi padre era alcohólico y, cuando bebía, se ponía muy violento”, cuenta Sushma, una joven de 22 años, que procede de una familia dalit, quienes, en algunos países de Asia Meridional, se enfrentan a lo largo de toda su vida a la exclusión y a violaciones de derechos humanos constantes. El mal comportamiento de su padre hizo que toda la familia fuera rechazada por el resto de su comunidad y que muchas personas fueran groseras con ella.  En su país, Nepal, la sociedad se divide por el sistema de castas, que clasifica a las personas en diferentes jerarquías sociales. Históricamente, los dalits han sido considerados la casta más baja. Los denominados “intocables”. Aunque Nepal cuenta con una ley contra la discriminación basada en las castas desde 2011, los dalits siguen enfrentándose a la exclusión, los abusos y la discriminación en ámbitos como la educación, el empleo y la vivienda.  A pesar de los problemas que vivía en casa, Sushma se esforzó para sacar buenas notas en la escuela. Según cuenta, aprobar los exámenes fue todo un éxito. “Soy la primera entre los dalits de nuestro pueblo en aprobar el examen de educación secundaria”, dice Sushma con orgullo, y explica que tuvo que luchar por seguir estudiando.  “Cuando terminé el décimo grado, algunos familiares y vecinos vinieron a mi casa a decirles a mis padres que me casaran y que no dejaran que continuara estudiando. En mi comunidad, las niñas se casan a una edad temprana y se presupone que deben cuidar de su familia”.  A pesar de la presión de su entorno, Sushma se mantuvo fuerte y se negó a dejar sus estudios. “No me importó lo que decían mi familia y vecinos”.  Tras aprobar los exámenes y terminar la escuela, Sushma decidió trasladarse a la ciudad de Pokhara para encontrar trabajo y buscar mejores oportunidades. Sabía que, si se quedaba en su pueblo natal, en el distrito de Syangja, acabaría viéndose obligada a casarse, aunque ella no quisiera.  Sushma encontró trabajo en un hospital como administradora. Cuando su madre y sus hermanos también decidieron abandonar su pueblo para escapar de los abusos de su padre, ella tuvo que asumir la carga económica de toda la familia, lo que le suponía mucho tiempo y un gran estrés.  Un día, Sushma vio un anuncio de un curso de formación en limpieza de hoteles impartido por la organización Right4Children, que trabaja en colaboración con Plan International. “No me lo creía porque ofrecían formación sin ningún coste. Quise probar suerte y lo solicité. El mismo día recibí una llamada”, explica Sushma. “Tuve que pasar una entrevista que fue intensa, pero lo conseguí”.    Sin embargo, los primeros días de Sushma no fueron bien. “Era una de las alumnas más difíciles que hemos tenido. No se llevaba bien con los demás participantes y era grosera con sus formadores y compañeros”, explica uno de sus profesores.  Cuando los y las tutoras identificaron que Sushma había tenido una infancia difícil, algo que podría estar relacionado con su comportamiento, le ofrecieron sesiones de asesoría. Poco a poco su actitud mejoró y empezó a relacionarse mejor con los demás. Al final del curso, era una de las mejores alumnas.  Tras finalizar la formación teórica, los estudiantes realizaron unas prácticas. Poco después, Sushma encontró un puesto en el equipo de limpieza de un hotel de cuatro estrellas de la ciudad, conocida como la “capital turística de Nepal”.  Con su primer sueldo, Sushma decidió pagar el ingreso de su padre a un centro de rehabilitación para tratar su adicción al alcohol. El tratamiento está funcionando lentamente y él ha vuelto a trabajar.    Todo iba bien hasta que llegó la pandemia, que la dejó sin trabajo durante tres meses. En este intervalo de tiempo, se enteró de otra vacante en un hotel a través de Right4Children e hizo entrevista. Rápidamente la contrataron ya que tenía las aptitudes y la formación adecuadas.   “Fue entonces cuando me di cuenta lo valiosa que era mi formación. Unos meses más tarde, me pusieron a cargo del departamento de limpieza”.   A día de hoy, la situación familiar de Sushma ha mejorado notablemente. Toma la mayoría de las decisiones de su familia, quienes están muy orgullosos de ella.   “Disfruto con mi trabajo. Soy feliz cuando me dan más responsabilidades. Mi equipo está satisfecho con mi rendimiento. Están hablando de volver a ascenderme para convertirme en supervisora, algo que me motiva enormemente”, dice Sushma con una gran

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