Cuando la lluvia desaparece en el norte de Kenia

En las vastas y áridas extensiones del condado de Marsabit, en el norte de Kenia, la sequía es una realidad demasiado familiar y devastadora. Dentro de las tierras más áridas y semiáridas del país, las familias de esta zona han dependido durante mucho tiempo de las lluvias estacionales para regenerar los pastos, llenar las fuentes de agua y sostener su ganado. Pero, por quinto año consecutivo, el cielo ha permanecido vacío y las lluvias prometidas nunca llegaron. 

Para las comunidades más remotas, ya de por sí las últimas en acceder normalmente a servicios esenciales, el impacto de la sequía ha sido abrumador. Una visita al subcondado de North Horr revela hasta qué punto el paisaje ha cambiado de forma drástica. Los campos que antes eran productivos gracias a la lluvia están ahora agrietados y cubiertos de polvo. 

En muchos hogares, las mujeres caminan más de ocho kilómetros cada día para llegar a fuentes de agua comunitarias como pozos perforados, manantiales y pozos poco profundos. Se reúnen con sus bidones de 20 litros y tienen que esperar pacientemente hasta dos horas para llenarlos. Cuando regresan a casa, el día casi ha terminado. Aun así, agradecen la pequeña cantidad de agua que han podido conseguir, a pesar de que saben que debe ser usada con moderación. 

El impacto en las adolescentes es aún mayor. Muchas son apartadas de las aulas para ayudar con las tareas del hogar mientras sus padres buscan alimentos, agua y pastos. Cuando las reservas de arroz, frijoles, leche o harina de maíz escasean, las niñas suelen ser las últimas en comer, si es que acaso lo hacen. Esto las expone a un mayor riesgo de trabajo infantil, explotación sexual, violencia de género, acoso y embarazos no deseados. Por ello, la sequía no es solo una crisis de hambre; sino que también es una creciente emergencia de protección de derechos de la infancia. 

El ganado, columna vertebral del pastoreo, también lucha por sobrevivir. Rebaños de cabras y camellos, guiados por sus pastores, cruzan lentamente la tierra abrasada en busca de agua. Algunos colapsan durante estos largos trayectos y nunca se recuperan. Según el boletín de alerta temprana de enero de 2026 de la Autoridad Nacional de Gestión de las Sequías, los animales en North Horr recorren hasta 40 kilómetros en un solo trayecto para alcanzar una fuente de agua. La producción de leche ha disminuido drásticamente y las familias que normalmente dependían de 1,5 litros al día ahora obtienen solo 1,1 litros. Esto tiene un impacto directo sobre los niños y niñas, que son ahora mucho más vulnerables ante la desnutrición. 

Plan International está ampliando sus programas en respuesta a la grave sequía que afecta a los hogares en los condados de Turkana, Marsabit, Isiolo, Kilifi y Kwale. La organización proporciona servicios de protección infantil, asistencia en efectivo, comidas escolares, kits de dignidad y apoyo de emergencia en agua y nutrición. 

Para proteger vidas a corto plazo y apoyar la recuperación a largo plazo, las respuestas humanitarias deben ampliar la asistencia en efectivo para ayudar a las familias a reconstruir su ganado, diversificar sus fuentes de ingresos y recuperar la estabilidad. 

También es fundamental reforzar los sistemas de agua para que las comunidades tengan acceso fiable y sostenible a agua segura. Al mismo tiempo, el fortalecimiento de sistemas de alerta temprana liderados por las comunidades y la inversión en acciones anticipatorias permitirán a las familias y a los equipos de respuesta actuar antes de que las crisis alcancen su punto más crítico. Para las familias del norte de Kenia, las lluvias pueden haberse detenido, pero la necesidad de actuar continúa.